Una Margarita difícil de deshojar

Rebar

Adelantándome a los acontecimientos, ya estoy recogiendo datos acerca de la virtual primera dama azteca: se llama Margarita Gómez del Campo, y es la esposa del candidato oficialista Felipe Calderón, que en un final cabeza a cabeza disputa la presidencia de México con el opositor Manuel López Obrador.

"Perfil" -el diario argentino del domingo- en la edición del 16 de julio le colgó un apodo mezcla de tango y telenovela: "Muñeca brava". Aparentemente, la unión conyugal Calderón-Zabala se presenta simbólicamente como una sociedad político-amorosa, tal cual lo impone la moda. Doña Margarita es abogada: tiene 38 años (un lustro menos que don Felipe) y, de momento, parece ajena a la seducción de su probable protagonismo en la escena mexicana. Acaso algún libretista de culebrones propios de la TV de su patria, se inspiraría en su imagen para incluir en el reparto del episodio a una responsable madre de tres hijos, típico ejemplar femenino de una clase media alta, conservadora y católica: con un considerable atraso en el manejo de los catálogos de los últimos "looks" y las carteras de marcas internacionales; anclada en las épocas de las tristes faldas a la rodilla; cabellos lacios con brillo ausente; rostro con maquillaje cero, y sin una sola joya... en fin, doña Margarita ofrece un total contraste con la actual presidenta, igualita a una vidriera de Brela. Envasada, pues, en una invariable austeridad, marchó a la zaga de su marido durante toda la campaña electoral, sin pronunciar palabra y guardando un modesto segundo plano.

Pero, debajo de tan mesurada apariencia, duerme como anestesiada una leona de la Metro. Siempre según "Perfil", es una fémina indomable, ambiciosa y obsesionada, que no se calla nada. Tiene una larga militancia en el PAN (Partido de Alianza Nacional) luchando por la familia, la religión, las buenas costumbres y el bien común: defiende a mujeres maltratadas y abandonadas, víctimas de divorcios conflictivos; fue legisladora y diputada.

Elisor Arteaga -prestigioso docente que conoce a la pareja desde las aulas universitarias-se calzó bien las prótesis dentales antes de animarse a decir: "Felipe era mediocre: la brillante era ella, una alumna como pocas y de carácter muy fuerte". Muchos comparten tales conceptos, pronosticando que, de llegar a primera dama, no pasará inadvertida ni será un objeto decorativo. O sea: que en la próxima partitura mexicana, él podrá poner el "calderón", pero ella tendrá los bemoles.

¡Ay, América mía!... ¿Te habrá tocado "otra" más?... Ojalá no tengamos que cantarle dentro de poco a la Sra. de Calderón: "Ya no sos mi Margarita... ahora te llaman Margot".

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