MAGDALENA HERRERA
Hace pocos días, Denise Daragnes recibió el Florencio a mejor actriz de reparto. Sus palabras de agradecimiento se entrecortaron con lágrimas cuando recordó que en pocos días su teatro del alma, el Circular, cumplía 50 años de vida.
La emoción de la actriz no resulta desubicada: basta recorrer algunas de las historias en torno al medio siglo del Circular para comprenderla en su totalidad. Alcanza con leer los recuerdos de Jorge Curi o de Omar Grasso, o algunas de las anécdotas de los incansables hermanos Walter y Osvaldo Reyno, publicadas en la revista aniversario, para experimentar algo de la nostalgia que sienten quienes alguna vez pasaron por el escenario circular. Y alcanza para reírse, también. "Allá por el 59 estrenamos una obra de Vacarezza, y uno de los compañeros no salió a saludar al público el primer día, ni el segundo, ni el tercero. A todos nos picaba la curiosidad. ¿Qué le pasaba? ¿Tendría algún problema con el elenco? ¿Alguna rebeldía interesante? Al final le preguntamos: ¿che, loco por qué no salís a saludar? Y nos respondió: ¿A saludar? ¿Y para qué? Si no conozco a nadie!", contó entre risas Osvaldo Reyno.
Los recuerdos son inagotables. Walter Reyno ya era parte del Circular allá por el 56 pero se hacía llamar Walter Rocco para que su familia no se enterara de su incursión teatral. El artista no olvidará más cuando en plena función de El caso Isabel Collins, una señora del público comenzó a increpar a la actriz Susana Herrera porque no le gustaba la ubicación que le había tocado en la sala. "En medio de su interpretación, Susana trataba inútilmente de decirle que se callara, que el espectáculo estaba en pleno desarrollo, y nada. Lo que pasa es que la misma Susana Herrera era boletera algunos días y fue la persona que le había vendido su localidad".
FESTEJOS. La celebración del aniversario del Circular será esta noche, a exactamente 50 años desde que Eduardo Malet, Hugo Mazza, Gloria Levy, Salomón Melamed, Manuel Campos y Eduardo Prous, entre otros, inauguraran aquella sala circular en el Ateneo de Montevideo que tanta polémica levantó en su época. Hasta el propio Milton Schinca pidió disculpas por haber pensado alguna vez que "ese teatro con forma de alianza matrimonial no era más que una moda extravagante que no iría lejos".
Desde las 20 horas, hoy en Plaza de Cagancha, se vivirá una verdadera fiesta de música, teatro y recuerdos. Por el escenario al aire libre desfilarán Laura Canoura, Mauricio Ubal, Ruben Olivera, Cristina Fernández y Washington Carrasco, Larbanois-Carrero, Nancy Guguich y Daniel Viglietti, entre varios otros que aplauden el aniversario. "La música también tiene algo que ver con la historia del Circular. Muchos de estos artistas que hoy celebran con nosotros realizaron sus primeros enfrentamientos con el público en nuestro teatro", explica el actor y dramaturgo Juan Graña.
Entre artista y artista, las distintas generaciones que han pasado por el Circular, incluido los fundadores Malet, Mazza y Levy, subirán al escenario y revivirán medio siglo de verdadera existencia, resistencia y subsistencia.
INVERSION. La locura de generar un teatro circular en 1954 llegó desde Estados Unidos, luego de un viaje de Eduardo Malet a aquel país. Hugo Mazza no tardó en prenderse a la osadía de hacer teatro también dándole la espalda al público. Y fue él quien consiguió los 12 mil pesos necesarios para el montaje de la sala. La deuda fue pagada dos años después gracias al primer éxito de taquilla: El caso Isabel Collins, dirigida por Hugo Mazza. Le seguirían muchos otros éxitos teatrales como El jardín de los cerezos o Rey Lear dirigidas por Omar Grasso, y Esperando la carroza, Los comediantes y El herrero y la muerte, con dirección de Jorge Curi, entre varias otras.
"Tuve la suerte de trabajar en Esperando la carroza y en El herrero y la muerte. Ambas estuvieron seis años en cartel hasta con dos funciones diarias, y dejaban una ganancia bastante buena para los actores", recuerda Graña, quien también vivió las épocas más duras de la crisis en el teatro independiente. "Siento que es un poco la idiosincrasia del uruguayo en general, no sólo del teatro. Como que nos embarcamos en proyectos que no están basados especialmente en lo económico. Tenemos como un idealismo, que lo sufrimos pero también disfrutamos porque creemos en lo que estamos haciendo", agrega el actor.
PERFIL. La vocación grupal del teatro tiene una explicación, según Juan Graña. El artista no sólo busca trascender con su obra sino también perdurar en ese espacio creativo que legará para futuras generaciones. "La posteridad puede sonar grandilocuente, pero en realidad es eso", señala.
Los distintos grupos del teatro independiente nacional tienen cada uno sus características. Pero el Circular ya nació con un perfil claramente diferenciado por la forma de su escenario. Entre otras cosas, ese teatro terminó con los apuntadores. "El escenario circular exige del actor ciertas características diferentes al teatro frontal. Inevitablemente, el actor lleva todos sus papeles al extremo de la búsqueda del convencimiento del público. Porque está muy cerca. También eso hace que el artista sea menos ampuloso en su gesticulación, porque de lo contrario sería muy poco creíble. En cambio, el frontal obliga a gestos más amplios y notorios. En las últimas décadas, el Circular ha ido adoptando una forma polivalente. Lo importante es que los espectáculos se realicen con rigor, sean buenos desde lo artístico y tengan comunicación con el público. Actualmente, no despreciamos ninguna escuela de teatro ni nos afiliamos a ninguna tampoco", indica Graña.
Bodas de Oro, Realmente
2 jorge abbondanza
Una de las ventajas de la tercera edad consiste en la nitidez con que se almacenan algunos recuerdos lejanos. Como ejemplo al respecto, retengo con sorprendente claridad la ceremonia en que el Teatro Circular de Montevideo celebró sus veinticinco años contra viento y marea, en un país como el de 1979 que no era el sitio más propicio para un festejo artístico. Después han pasado otros veinticinco sin que la distancia empañe aquel cuadro en que unos pocos invitados especiales —incluido Atahualpa del Cioppo— subieron a escena para presidir jubilosamente el aniversario, que tuvo un aire familiar muy encantador y por lo visto imborrable.
Ahora el Circular cumple cincuenta, una edad respetable que demuestra en primer lugar la entereza y el espíritu batallador con que la entidad ha sabido sortear medio siglo de trajín, pero también prueba la alianza que ese grupo ha podido establecer con un público que nunca lo abandonó. Ejercitando nuevamente la memoria de largo plazo, cabe revivir por dentro lo que fueron dos etapas gloriosas del Circular en su relación con directores fieles a la casa: una de ellas fue comandada por Omar Grasso (con espectáculos de notable relieve formal como Divinas palabras, Rey Lear o Lorenzaccio) y la otra fue capitaneada por Jorge Curi (con trabajos en que volcó su sentido del humor y su afinada sensibilidad, como Los comediantes, Las de Barranco o Doña Ramona).
El viejo aprecio que mereció desde los años 40 el movimiento del teatro independiente, ha perdurado hasta hoy. Lo que en cambio no ha sobrevivido es la hilera de elencos que nacieron bajo aquel portentoso impulso y que en algunas décadas de apogeo incluyó a Teatro del Pueblo, Club de Teatro, La Máscara, Teatro Libre, Taller de Teatro, El Tinglado, Teatro Uno, Teatro Universitario o Teatro Moderno, entre otros. Como excepciones a la regla siguen en pie El Galpón y un Circular desde ahora cincuentón, que sirven asimismo como bastiones testimoniales sobre aquella etapa y sobre el espíritu que la animó. Por eso el aniversario del Circular debe festejarse doblemente.
El enorme éxito de El caso de Isabel Collins y dos décadas más tarde la formidable permanencia en cartel de Esperando la carroza o de El herrero y la muerte, demostraron cómo el Circular pudo enlazar la exigencia de calidad de sus propuestas con la voluntad de moverse en un teatro revelador pero de alcance popular, dotado de una capacidad de convocatoria y una respuesta del público que son la mejor condecoración para colgar en la solapa de los hermanos Reyno y de sus viejos y nuevos colaboradores, ahora que el ruedo de la calle Rondeau cumple sus bodas de oro.