Jorge Abbondanza
Claude Chabrol apareció hace cincuenta años con la Nouvelle Vague y ha sido uno de los maestros del cine francés. En todo caso es un maestro con sello propio pero curso irregular, autor de películas admirables (Une affaire de femmes) y de otras flojas donde sin embargo persistía un fondo siniestro que las reanimaba (Merci pour le chocolat). Ahora, en Bellamy, mantiene el viejo rumbo para explorar la frontera entre la vida y la muerte, pero ha perdido la puntería. A los 79 años, ya no maneja su instrumental con la precisión casi forense del pasado, mientras su relato se vuelve errático y -eso es lo peor- inexpresivo, despojado de la crueldad con que clavaba su ojo sobre una burguesía sin conciencia.
El comisario retirado (Gérard Depardieu, que también está un poco fosilizado bajo los kilos que lo paralizan) investiga la muerte de un hombre por encargo de quien se considera su asesino, pero la conclusión de ese estudio sólo demostrará que la culpa tiene una calidad brumosa, mientras el resbaloso juego de identidades puede traicionar al investigador en el ámbito profesional y también en el terreno doméstico.
Para transmitir eso, Chabrol enhebra pequeñas situaciones de la vida cotidiana confiando en que las verdades profundas se trasluzcan a través de esa crónica de aire casual. Pero la brújula no le funciona y al final sólo queda -en el espectador y en los personajes- una sensación de desgaste y un sesgo de fatiga que empobrece todo el relato.
Bellamy
Ficha
Francia. 2009. Director: Claude Chabrol. Guión: Chabrol, Odile Barski.
Fotografía: Eduardo Serra. Montaje: Monique Fardoulis. Elenco: Gérard Depardieu, Jacques Gamblin, Clovis Cornillac, Marie Bunel.
Atención a...
El paisaje del sur de Francia donde se filmó la historia. En las primeras imágenes, un cementerio al borde del mar anuncia el hilo fúnebre de la historia. Después vendrá la ciudad de Nimes, con su gran circo romano. Son compensaciones para aliviar al público que se interese por las postales.