Un capítulo desconocido de la historia argentina

Denuncia. El festival exhibe "Un pogrom en Buenos Aires"

GUILLERMO ZAPIOLA

Un episodio sombrío y escasamente conocido de la historia argentina es lo que recupera "Un pogrom en Buenos Aires", documental argentino dirigido por Herman Szwarbart que se exhibe hoy en el Festival Internacional de Cine.

La película, que va a las 22 horas en la sala ECU Pocitos, elige un ángulo casi inesperado para acercarse a los acontecimientos de la Semana Trágica (represión de protestas obreras en Buenos Aires, enero de 1919). Hay hechos sangrientos ocurridos en esos días que figuran en todos los manuales de historia, pero justamente aquel del que se ocupa este film suele ser uno de los omitidos.

El estallido de violencia que se generó entonces sirvió de marco a otros, y en particular a una oleada de antisemitismo (o más exactamente "judeofobia") que provocó varios centenares de muertos en el Once, el barrio de los inmigrantes judíos. La historia oficial ha atribuido esos crímenes "a un grupo de jóvenes descarriados", pero la realidad es más compleja y más oscura. Uno de los aspectos que se trató de ocultar fue la complicidad de varios dirigentes de la Unión Cívica Radical en el suceso.

El film se apoya en una amplia investigación del historiador Pablo R. Fihman, quien dio a conocer los resultados de su trabajo en 1997. Fihman reunió documentos, informaciones periodísticas, fichas con apuntes sobre obras dedicadas a la Semana Trágica, y una breve versión novelada con base documental sobre los acontecimientos, demostrando entre otras cosas que grupos cercanos a la gobernante Unión Cívica Radical, aterrados por la situación internacional generada por la revolución de Octubre, la prédica anarquista en la Argentina y las maquinaciones golpistas conservadoras contra el presidente Yrigoyen, habían apelado a un pogrom antisemita como parte de la respuesta contra la huelga obrera.

Según constancias diplomáticas, el embajador norteamericano informó a su gobierno haber contabilizado 1.356 muertos y 5.000 heridos. Por su parte el embajador francés afirmó que la policía y cómplices civiles habían masacrado de una manera salvaje todo lo que era o pasaba por ruso. Un testigo sostiene "las matanzas antijudías en Europa Oriental fueron un juego de niños en comparación con lo que ocurrió en las calles porteñas. Jinetes arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles, les tiraban de las barbas y, cuando ya no podían correr, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines mientras los sables y latigazos caían y golpeaban".

Ciertamente, no todos los radicales apoyaron el pogrom. El diputado yrigoyenista Francisco Beiró, luego ministro del Interior, defendió a la colectividad y llevó a dirigentes judíos ante el Presidente (quien sin embargo no hizo gran cosa). Integrantes de la juventud radical renunciaron a su afiliación en señal de protesta. También hubo editoriales en la prensa conservadora echando la culpa de todo a "los judíos".

La memoria de Rumania

También hoy pero en Cinemateca 18 va el film "Cómo celebré el fin del mundo" de Catalin Mitulescu, otra muestra de la vitalidad del reciente cine rumano. La acción en Bucarest, durante el último año de la dictadura de Ceausescu. La protagonista y su novio rompen accidentalmente un busto del dictador, y son obligados a confesar el acto ante un comité disciplinario. Alex es protegido por su padre, importante miembro del PC, pero Eva es expulsada de la escuela e internada en un reformatorio. El romance con un disidente y un disparatado plan infantil completan esa crónica de revisión histórica.

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