Tras los pasos de un arte que anda por el suelo y vuela alto

| La muestra ofrece afiches y 133 piezas de calzado: la mitad de ellas son originales

C.R.

El calzado con taco nació en el siglo XVI, y desde la centuria siguiente hasta aproximadamente 1820, los zapatos se hacían con la misma forma para el pie derecho y el izquierdo, es decir, eran intercambiables. Estos son algunos datos que el visitante atento de Arte que camina puede disfrutar al visitar esta exposición de la historia del calzado italiano, que tiene lugar a partir de hoy en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Rincón 575, planta baja).

La exposición exhibe 133 piezas, divididas en tres sectores: la historia del zapato hasta 1900, el calzado artesanal y la alta moda, hasta los últimos diseños contemporáneos. La muestra visitó Buenos Aires hasta el 2 de abril, luego estuvo en el cabildo de Córdoba, y desde hoy a las 19 horas se puede ver en la Sala Sáez, hasta el 17 de junio.

Entre esas 133 piezas, un 50% son originales y el resto son reproducciones. A través de ellas, el Instituto Italiano de Cultura se propone dar difusión a la historia del calzado en Italia, tanto en sus aspectos económicos e industriales como en los netamente artísticos y los vinculados con la historia de las costumbres.

Según el arquitecto italiano Luciano Calosso, curador de la muestra, se "podría sostener una tesis que tal vez suene bizarra, diciendo que el hombre comienza su verdadera evolución en el momento en que se calza su primer zapato". Desde entonces, el calzado ha logrado expresar la evolución del gusto estético de cada época, de las circunstancias históricas y de la historia de la industria y la tecnología.

En ese aspecto, la muestra también permite apreciar las modificaciones en las técnicas de producción y los cambios de materiales, desde las formas artesanales a las de alta tecnología. La zapatilla, el botín, la sandalia, la bota y la chinela tienen, entonces, una historia para contar.

PISANDO FUERTE. La sandalia de cuero y la bota masculina hasta la pantorrilla con aplicaciones de metal fueron las dos formas de calzado que se utilizaron en la época griega. Los antiguos romanos incorporaron además el calzado etrusco, con la suela atada al pie. Ya entonces el color, los materiales y la forma determinaban el lugar social: el rojo, por ejemplo, era exclusivo de los emperadores.

Hacia el año 1000 tiene lugar un renacimiento del calzado, que con el ascenso de la burguesía se torna más refinado. El artesano del zapato logra una alta consideración social en la última etapa de la Edad Media, siendo también un elemento dinamizador de la economía. Sus productos, sin embargo, podían ser bastante incómodos y extraños.

Como se puede ver en esta muestra, es con el Renacimiento que se conjuga diseño y comodidad. La incorporación del taco -para estilizar la figura pero también para andar por las veredas difíciles- determina una horma más definida, que da mayor estabilidad. El zapato se torna más robusto, aunque hasta principios del siglo XVII no hay grandes diferencias entre el que gasta el hombre y la mujer.

Pronto el calzado femenino se hace más complejo, diversificándose sus usos: para la fiesta, para el paseo, el teatro o la chinela de entrecasa. El taco alto ya es la estrella del calzado durante el barroco, mientras que la bota decorada hasta el muslo era la favorita del varón.

A comenzar el siglo XIX nace la alta moda del calzado, que las revistas difunden. Pero también entonces se industrializa el rubro, y el calzado pasa a ser más barato y accesible. La botita de taco mediano para la mujer y el zapato con lengüeta hasta el tobillo para el hombre son los predilectos de varias generaciones.

Hacia 1910, al acortarse la pollera, el zapato toma formas locas, colores inesperados (incluso para los hombres) y materiales renovados, como cocodrilo, lagarto y charol. No tardan en llegar el taco aguja y la puntera afilada, mientras las sandalias buscan dejar lucir las uñas pintadas. Junto a la progresiva complejidad del calzado también se da su simplificación.

Es el caso del calzado deportivo, que nació blanco y apático y que luego se diversifica, multiplica sus colores y formas, y además trasciende el uso deportivo para abarcar muy diversas instancias sociales. También el mundo del espectáculo aporta a esta historia del calzado, en modelos como la bailarina que se inspira en el ballet clásico y salta fuera de los escenarios hacia 1940.

Además de incluir ejemplos de todas estas tendencias, la exposición ofrece afiches de cine y publicidad vinculados al tema, material que es exhibido en instalaciones aportadas por la firma Pasqualini. Desde la bota de montar hasta el coturno, y desde zapatos del siglo XV a los diseños de hoy, el visitante podrá estudiar detenidamente este centenar largo de zapatos como si fueran los cuadros de Museo del Prado, reparando detalles, épocas y diseños.

Maestro de la suela elevada de corcho y genio de los angulosos tacos-prisma

En la historia del calzado en Italia sobresale el equilibrio entre los aspectos artesanales e industriales, relación que destacó mundialmente a la industria del zapato de ese país. Ese nexo fue edificado por grandes artistas del diseño, entre ellos André Perugia, creador de verdaderas obras de arte del calzado.

Hacia 1920, Salvatore Ferragamo se afirma como diseñador atractivo e ingenioso, haciendo escuela al promediar el siglo con el uso de materiales renovados. En 1936 crea una genialidad: la primera suela elevada de corcho, que se impuso en los años 40. Roger Vivier creó también novedosos tacos muy inclinados, en forma de coma, y el anguloso taco prisma, que se convirtió en un emblema mundial.

Otro nombre fundamental es el de familia Arditi, fabricantes artesanales que se especializaron en zapatos artesanales para el cine y el teatro.

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