Tom Zé noquea a Brasil

Miguel Carbajal

Los viejos dioses flotan incandescentes en las alturas, los nuevos no han aparecido. O aparecieron y todavía los oculta el brillo de los mitos que convirtió el Brasil musical. Que convirtió a Brasil. Porque Brasil "e" música. "Só isso". Pero "isso" es una enormidad: el aluvión cultural más importante del continente. Que los uruguayos, defendidos pero también marginados por la lengua española, se den el lujo de desconocer lo que acaece por encima de la frontera norte del país, es un error que atenta algo más que sobre la geopolítica regional. Se quiere tener un futuro pobre. Pues se lo tendrá. "Só isso". Los grandes dioses disfrutan del Olimpo y hacen travesuras con los mortales. Caetano Veloso ha sido bendecido por la Naturaleza. A la edad en que los demás mortales engordan, pierden pelo, se arrugan, revelan en forma indiscreta el paso del tiempo, el mulato revela la sabiduría y la impudicia de la mezcla de razas. Tiene la elegancia del mulato: está delgado, esbelto, viste trajes de lino blanco y sombrero panamá, le hacen camisas de medida, usa zapatos de charol reluciente y demuestra la fineza de su gracia y los niveles de sofisticación que le trajeron los sesenta, para otros un tope ingrato. Cada vez que sube encima de un escenario embruja con su donaire y su talle de señorita, pero ya no es el creativo insolente que campeó en la irrupción del tropicalismo. Chico Buarque es peor todavía. La cronología no sólo lo ha respetado sino que lo ha vuelto el patrón del charme con sus ojos escandalosamente claros (pero no diáfanos) y su sonrisa de macho cabrío. Es el gran referente cultural del país, pero ahora ha resuelto instalarse en el trono de la literatura y de las ideas. Regina Duarte elige el camino del terrorismo verbal y dice, muy modosa: "Tengo miedo", frente a la pantalla de la televisión, en alusión a las elecciones que coronarán a Lula.

Para aminorar el estrago Chico Buarque sale al otro día a confesar: "Soy del PT." Sólo él puede restañar heridas y devolver tranquilidad. Pero su último CD de As cidades es de mediados del Noventa. En los últimos años actúa como un pensador, lo que es, y administra los filones de sus minas de oro. Va por el sexto DVD de sus memorias musicales con un éxito que le debe envidiar la norteamericana Sony. Promete nueve entregas. En las últimas narró sus aventuras en el teatro, Bastidores y su parcería con Tom Jobim. Y de vuelta maravilla el oído y rompe corazones. Gilberto Gil juega al Ministro de Cultura y Joao Gilbert es un genio malhumorado aunque tenga la voz más pura e intimista del Brasil. De alguna manera ya fueron. Lo mismo que María Bethania y que Gal Costa, dos señoras mayores en los umbrales del retiro. El nuevo dueño de Brasil es Tom Zé, hasta no hace mucho tiempo un maldito, un marginal del éxito, hasta un "underground" por sus orígenes. Tom Zé es el emblema del nuevo Brasil musical. Fue compañero de Caetano Veloso en los tiempos de Tropicalia, pero era un irreverente y demasiado fuerte para ser asimilado por la burguesía artística. "Volvió" al Nordeste, su tierra natal, y su calvario. No se es impunemente del Nordeste en el Brasil que jajá integra. Se dedicó a investigar el Pagode, la versión popular del samba, y lo desarrolló en el centro-oeste a niveles de explosión. Cuando David Byrne lo descubre y lo rescata del olvido, el que regresa es un antropólogo que le mina los ribetes de prejuicio al pagode, para muchos el equivalente uruguayo de lo que puede ser la cumbia. En su último trabajo saca "Estudando o Pagode: a opereta segrega o amor e a mulher". Demuestra la calidad intrínseca de la armonía del Pagode y la torna una música más culta, más rica, "mais" decente "pra el ouvido" del consumidor promedio. Branco y nordestino Tom Zé, ex maldito, trepa nubes.

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