CARLOS REYES
Daniel Gil, Gustavo Verdesio y Leo Lagos tomarán la palabra mañana desde las 19.30 horas en el Instituto Goethe para presentar el nuevo libro de Sandino Núñez, "Cosas profanas. Los límites políticos de los objetos", recién editado por Trilce.
La publicación parte de una premisa: el capitalismo moderno, ligado a formas de ideología burguesa, parece ser cosa del pasado. Surgió en su lugar un capitalismo mediático, que instauró el fetichismo de la mercancía. Hoy las cosas parecen haber cobrado más peso social incluso que el derecho.
"Ahora el tema es que nos vemos cada vez más con cosas, no con discursos, ni con lenguajes, sino con objetos", señala el autor, agregando que "el libro busca un análisis de objetos extremos, es decir, objetos que no tienen lenguaje, anclando en cuestiones como el cine y la literatura fantásticos y la cultura de masas. Es decir, hasta donde dan 102 páginas, hice lo que pude".
Sandino explica que hay un antecedente de este trabajo en su libro Lo sublime y lo obsceno, de 2005, temas que aquí redondea. "La idea es que hay ciertos registros críticos que ya conviene considerar como agotados, y vale la pena ensayar algunos otros registros. Acá se trata de retomar algunas líneas del racionalismo crítico tradicional, revitalizar algunas ideas marxistas hegelianas, utilizando instrumentos que parecían haber caído en desuso, que allá por los años 90 y a principios del 2000, parecía que ya nadie se acordaba de ellos".
Licenciado en filosofía, escritor y ensayista, Núñez (1961) tiene una trayectoria de un par de décadas, en las que también trabajó en periodismo, como cuando dirigió el suplemento La República de Platón, entre 1993 y 1995. Sin embargo, su imagen se popularizó en los últimos tiempos, a través del programa Prohibido pensar, que emite Televisión Nacional.
"Siempre tuve esa idea de llevar la crítica cultural a la cultura de masas, pero el tema de la televisión surgió por una propuesta que Leo Lagos y Diego Martino me hicieron. Me pareció extraño, pero de todos modos posible, y lo hicimos".
Ahora, con más de una decena de programas emitidos, el escritor evalúa la respuesta que están teniendo: "El balance es bueno. Pensamos que podía tener cierto funcionamiento en una franja entre 30 y 50 años, de clases medias educadas, con formación universitaria. Y me llevo la sorpresa de que gente entre 18 y 25 años lo miran mucho, y que a veces no terminó el liceo. Eso me da un rarísimo entusiasmo, porque eso puede ser interpretado de cualquier forma".
Núñez asegura que se lleva mal con las cámaras ("soy muy vergonzoso, muy inhibido, siempre tengo la sensación de estar como con la bragueta abierta"), pero considera conveniente reforzar algunos aspectos del papel del intelectual, como el rol educativo, ante el embate de la cultura de masas. "Creo que la clase media ilustrada no desapareció del todo, o por lo menos nos conviene creer eso. Es como la que está sosteniendo el cielo con el meñique", afirma con humor.
El otro lado del rating
Hecho con una sola cámara, "Prohibido pensar" tiene una receta. "Yo pauto un guión filosófico, y Leo y Diego son los encargados de llevar ese guión a la televisión: son ellos los que resuelven todo", simplifica Núñez.
El ensayista asegura que el programa buscó no adoptar una postura falsamente ecuánime. Más bien es frontal, categórico, para estimular la crítica. "Es como el contrapeso a esa televisión que siempre está conectada al otro, trabajando como a demanda libre, pendiente del rating".