ENTREVISTA

Viviana Ruggiero: "El lugar que tengo hoy me lo gané a base de esfuerzo y trabajo"

Periodista en "Telenoche" y conductora en "Todas las voces" y "Así nos va", Ruggiero conversó con El País de su presente laboral y las polémicas

Viviana Ruggiero. Foto: Leoanrdo Mainé
Viviana Ruggiero. Foto: Leonardo Mainé

Viviana Ruggiero se enamoró del periodismo en una redacción, la de El País. Antes sabía que le gustaba investigar, pero la vocación no estuvo hasta que llegó el contacto directo con el oficio. Eso empezó en 2008 y alcanzó su punto máximo en 2017, cuando con su colega Patricia Madrid lanzaron el libro Sendic: La carrera del hijo pródigo, e iniciaron juntas el programa Así nos va en Radio Carve.

Ahora, cuando le pregunto qué hay cuando no hay periodismo, hace un silencio, piensa en voz alta y se ríe mientras dice: “No tengo vida”. Al final contará que le gusta estar con sus amigos y su familia, que está haciendo “mucha bici”, que en 2020 se inició en el surf. “Y no tengo mucho más, la verdad. Estoy bastante abocada al trabajo”.

Integrante del equipo de Telenoche, acaba de estrenar nueva temporada como coconductora de Todas las voces de Canal 4, que comparte con Daniel Castro y renovado panel, los lunes a las 21.15. Y viene de semanas mediáticas por un informe de Así nos va sobre el trabajo de Nada Crece a la Sombra, organización que trabaja con población carcelaria y es coordinada por la también periodista Denisse Legrand.

De su presente, las polémicas y sus búsquedas profesionales, Ruggiero habla con la misma seguridad con la que aparece en cámaras o ante un micrófono, mientras sus manos, siempre en movimiento, parecen delatar un nerviosismo que no permea en el gesto ni en la voz.

El único momento en que apoya el codo en la mesa y se distiende es, justo, cuando habla de lo que hay cuando no está trabajando. Dos minutos después ya estará de vuelta en su postura de periodista, ese lugar para el que se considera buena y ese en el que se ve para siempre. “Me parece que el respeto es todo en la vida y me da mucho orgullo cuando me lo destacan, eso de: ‘Te hacés respetar’”, dice. “Yo puedo ser irónica, criticar, pero siempre con respeto. Y de esa línea no me gustaría cruzar”.

Viviana Ruggiero. Foto: Leonardo Mainé
Viviana Ruggiero. Foto: Leonardo Mainé

—¿En qué momento de tu vida profesional sentís que estás?

—Justo estoy en un momento en el que, en lo personal y lo laboral, estoy haciendo bastante análisis; no soy de analizarme, pero estoy en un momento de esos. Y siento que a nivel laboral es un buen momento. Obviamente siento que mi carrera tuvo un quiebre en 2017, con el libro de (Raúl) Sendic y el comienzo de (el programa radial) Así nos va; creo que ese fue un año bisagra. Yo soy periodista desde 2008 y estoy bastante orgullosa de la carrera, creo que estuvo bueno haber arrancado en la redacción de un diario porque ahí me formé como periodista, y los saltos que fui dando a la radio y la televisión me permitieron descubrir otro mundo. Y siento que logré hacer periodismo en radio y televisión, que para mí era difícil.

Todas las voces acaba de renovar el panel. ¿Cómo se proyecta esta nueva etapa?

Todas las voces cambia permanentemente. Arrancamos el año y en general no lo terminamos de la misma manera, porque nos vamos adaptando y si sentimos que es necesario hacer un cambio, se instrumenta. Ahora volvimos al formato del panel, como arrancó en su momento; hay que dejarlo correr para que se adapte. Y lo que destaco es que es un programa que tiene una audiencia muy fiel, y que de política y análisis de la realidad en horario central, es el único que está hoy al aire. Y va por su quinta temporada. Que un programa de esas características se mantenga tanto tiempo me parece un logro.

El nuevo panel de "Todas las voces". Foto: Difusión.
El nuevo panel de "Todas las voces". Foto: Difusión.

—Como periodista, ¿qué te aporta este entrenamiento de estar en debate constante?

—Yo arranqué a salir al aire en Todas las voces, y hoy cuando miro los primeros programas me quiero morir. Siento que lo que aprendí y lo que crecí es un montón, desde la forma de hablar, que suelo hacerlo muy rápido, al estar muy atenta. Pero se da, por suerte, un debate muy respetuoso. Creo que los que van saben que lo que intentamos es que todos puedan hablar, y que todo el intercambio se dé en el marco del respeto. Y mi espíritu es el de preguntar. Yo evito opinar, pero en algún momento dejás planteado tu parecer; los periodistas no somos objetivos 100 por ciento. Pero el gran objetivo es la honestidad, y desde ese lugar me paro todos los lunes.

—Cuando se generan bolas mediáticas como la que sucedió con el informe que presentó Así nos va sobre Nada Crece a la Sombra, ¿qué estrategia tenés para transitarlas?

—Paso por todo. Leo todos los comentarios, salvo momentos en los que me saturo y no entro a Twitter. No respondo, salvo cuando llegan mensajes con respeto, dando para adelante o criticando. Pero en el debate público intento no responder, salvo alguna vez que me agarraron cruzada; tampoco bloqueo gente. A veces, cuando es muy intenso, dejo que corra, porque además en redes se dice cualquier cosa. Pero la verdad es que tampoco me afecta; soy bastante de teflón en ese sentido. Justo el otro día pensaba en esas ocasiones en las que se genera tanto ruido y la madeja se entrevera tanto, que uno se siente en la tentación de salir a defender su trabajo. Y con el tema de la ONG me preguntaba si efectivamente teníamos que salir a defenderlo o si nuestro trabajo ya estaba hecho y termina ahí. Después, lo que pasa con eso, es parte del debate que se genera, pero a nosotras nos excede. El rol del periodismo es ser el perro guardián de quienes ejercen el poder, pero uno ladra y después tiene que actuar la institucionalidad.

—Antes dijiste que los periodistas no somos 100 por ciento objetivos. El informe de la ONG estuvo presentado con sarcasmo y chistes, que pueden descomprimir pero también leerse como una intencionalidad. ¿Por qué eligen ese tono?

—No siempre lo elegimos. Muchas veces intentamos marcarlo; en Así nos va intentamos diferenciar lo que es cien por ciento información, lo que es análisis y lo que nosotras pensamos. Por suerte en Carve tenemos mucha libertad para trabajar, hacemos lo que tenemos que hacer y no tenemos ninguna directiva, lo cual está buenísimo porque trabajar libremente es muy valioso. Y después depende del caso, porque con Pato (Madrid) nos complementamos; somos distintas en esto que vos decís, cada una tiene su estilo y a veces sale con una ironía más que otra. Pero no es muy planificado ni pensado. Lo que sí es planificado es la información; el tono es bastante espontáneo.

—Patricia Madrid suele ser más explosiva o polémica que vos, al menos hacia afuera. ¿Cómo se equilibran?

—Cada una ha ido marcando su camino, y creo que eso ha enriquecido mucho la dupla: que seamos distintas y que choquemos en la discusión de cómo preparamos los temas y demás. Discutimos bastante entre las dos hasta llegar a un consenso, y a veces queda expuesto al aire que pensamos distinto. Pero creo que eso es lo que nos ha potenciado.

—¿Es tema de conversación, entre ustedes, el hecho de ser dos mujeres jóvenes haciendo periodismo de investigación y generando impacto?

—(Piensa) Cuando surgió la oportunidad de hacer radio juntas no había duplas de mujeres. Por suerte arrancamos en la tarde, y ese primer año nos permitió aceitarnos y ver exactamente para dónde queríamos ir. Cuando pasamos a la mañana fue tremendo desafío porque es horario central, la tumba de los cracks, y por suerte —y trabajo— logramos instalarnos. Y a mí me da mucho orgullo cuando miro para atrás. Porque sí, no es común que dos mujeres estén al frente de un programa periodístico, traten los temas que importan y hablen de quienes ejercen el poder. Creo que hemos logrado que eso se instale y se naturalice, aunque soy tremendamente consciente de que las mujeres que están al frente de programas periodísticos, o en ámbitos de poder, son la excepción y no la regla. Creo que ahí todavía falta mucho camino por recorrer. Pero sí, somos conscientes, lo tomamos con mucha responsabilidad en su momento, y hoy con mucha alegría.

El año pasado dijiste a Sábado Show que habías rechazado la conducción de Telenoche para priorizarte como periodista de investigación. ¿En algún momento sentiste que te costó ser tomada en serio?

—No. Creo que el lugar que tengo hoy me lo gané a base de esfuerzo y trabajo, y siempre intenté, con aciertos y errores, marcar el camino de lo que quería hacer, que es ir a fondo. Y para eso, con lo que estamos luchando los periodistas permanentemente es con el tiempo: necesitamos más tiempo. Y no quiero distraerme de ese camino. Los medios están en un momento de crisis y muchas veces eso recae en el impulso de cada uno, por eso es fundamental esta pelea con el tiempo.

—¿Qué tenés por delante?

—Recién ahora me estoy planteando cómo sigue la cosa, porque los medios y la industria están cambiando un montón y lo estoy viendo, entonces no me quiero hacer la distraída. No me veo haciendo otra cosa, me veo siempre en periodismo, pero sí quiero seguir con cosas que me generen esa adrenalina, que es el motor que necesito.

—Cuando viene la pregunta de “cómo sigue la cosa”, ¿qué lugar ocupa la investigación sobre Raúl Sendic? ¿Es algo con lo que se compite todo el tiempo? ¿Se puede dejar atrás?

—El caso Sendic es algo que te pasa una vez en la vida, y siempre decimos con Pato: si esto lo hubiésemos hecho en Estados Unidos, estaríamos dedicadas a dar charlas y viajar por el mundo. Pero esto es Uruguay. Hacer un libro es un sacrificio enorme; (ganás) 25 pesos por libro, esas cosas acá no se hacen por dinero. Y para nosotras el tema ya terminó, pero siempre está ahí porque inevitablemente nos marcó y sé que marcó mi carrera. Y sí, es una vara alta, pero también sabemos que son de esas cosas que se dan pocas veces. Ojalá volvamos a tener una investigación de tan alto impacto.

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