Onetti visto a través de sus objetos cotidianos

| La exposición reúne fotos, manuscritos, primeras ediciones y hasta una estatua de Buda

ONETTI. Una muestra sobre el escritor aborda el costado cotidiano de su personalidad 200x230
ONETTI. Una muestra sobre el escritor aborda el costado cotidiano de su personalidad

GUSTAVO LABORDE

Hoy se inaugura en el Centro Cultural de España la muestra Onetti: una larga confesión. El título de esta exposición recoge el espíritu de la propia obra del gran novelista uruguayo, quien dijo alguna vez, parafraseando a Nietzsche, que lo que él escribía no era más que eso, una larga confesión de su mundo interior. Hasta el 28 de mayo el público tendrá la oportunidad de ingresar al singular universo de Onetti.

"Este es un recorrido por la vida y la obra de Onetti, pero no está pensado para un público erudito", comenta Hortensia Campanella, curadora de la muestra y flamante directora del Centro Cultural de España. "Ahora, si bien se trata de mostrar otro Onetti, los especialistas también se verán atraídos por algunas de la piezas que aquí se exhiben, como son sus manuscritos. Pero el concepto rector es casi pedagógico", enfatiza Campanella, quien actualmente tiene a cargo la edición de las obras completas de Onetti en España para el Círculo de Lectores de la Galaxia Gutenberg.

El guión curatorial se propone mostrar al Onetti de carne hueso, al hombre común corriente más que alimentar el mito que existe sobre él, que ha congelado al escritor como un hombre antisocial, hostil, depresivo y alcohólico. Para la curadora de la muestra Onetti era bastante más que eso, era una persona cálida y afectiva, dueño de un gran sentido del humor y un enorme espíritu lúdico, pero por sobre todas las cosas, un hombre tierno. "El propósito es mostrar a Onetti desde una perspectiva amplia", dice la curadora. En ese sentido esta muestra exhibe objetos domésticos que no dicen nada de la obra literaria de Onetti pero sí de su vida cotidiana. El visitante que llegue hasta la exposición podrá ver, por ejemplo, una pequeña estatua de Buda, que muchas veces aparece en las fotografías del narrador. "Ese Buda, que tiene una sonrisa muy plácida, acompañó a Onetti desde 1950, porque le encantaba la expresión serena que tiene", explica Campanella. Otro objeto cotidiano que se exhibe es un viejo cenicero, adminículo imprescindible para un fumador de la compulsión del viejo. "Ese cenicero dice ‘Petrus’ y él siempre bromeaba con que se lo había regalado Larsen", explica la especialista, aludiendo a uno de los personajes que habitan la mítica ciudad Santa María, donde transcurre buena parte de la obra de Onetti. También se exhibe una mesa ratona con todas sus orillas quemadas por los millones de cigarrillos que allí apoyaba el autor de Los adioses. Esta muestra, que recoge diversos objetos del itinerario vital de Onetti, trazado entre Montevideo, Buenos Aires y Madrid, también está compuesto por fotos del álbum familiar que van desde su infancia en Colón hasta su apartamento de Madrid, cartas, recuerdos, un retrato de Nefertitis y hasta un mono que pide silencio amarrado a una botella de whisky.

MANUSCRITOS. La exposición también recopila material de la faceta célebre de Onetti, la de escritor. Como él mismo lo dijo muchas veces, él mantenía una relación erótica con la escritura, a quien consideraba una amante a la que visitaba de manera impulsiva. Así, cuando Onetti era poseído por la inspiración escribía en cualquier papel que tuviera a mano, y si no tenía ninguno usaba igual el frontispicio de un libro que una servilleta. Pero en esta muestra hay varios valiosos manuscritos y algunas primeras ediciones.

"No podía faltar la ya clásica primera edición de El pozo, de la editorial Signo de 1939", comenta Campanella. De esta primera novela de Onetti no se conocen ni manuscritos ni copias mecanografiadas. Sin embargo, existen copias manuscritas de La cara de la desgracia y de Dejemos hablar al viento, de la que existe además una copia mecanografiada y corregida a mano por el propio autor, lo que según la curadora es de gran interés para los estudiosos de su obra, ya que revela el proceso creativo de este formidable narrador. También se exhibe un documento nunca visto: una agenda en la que el uruguayo escribió su testamento literario: Cuando ya no importe. Esta es la última novela que publicó Onetti, en 1993, dos años antes de morir. En la edición de Alfaguara, la ilustración de cubierta es la primera página de la novela escrita de puño y letra. Ahora se puede ver el original que esa tapa reproduce parcialmente.

Una de los papeles más valiosos que se pueden ver en esta muestra, es el manuscrito del cuento El último viernes, un cuento que permanece inédito. También se pueden ver algunos de sus libros favoritos, de esos que acumulaba debajo de la cama de su apartamento de Avenida de las Américas y Padre Xifré, en Madrid, o algunos de sus propias novelas traducidas al francés, al ruso, al inglés.

Un genio de la lengua

Resulta muy significativo que esta muestra sea acogida por el Centro Cultural de España. Este fue el país donde residió los últimos 20 años Onetti, el país que le concedió el mayor galardón en lengua española como lo es el premio Cervantes y el país donde murió y con el que siempre mantuvo una deuda de gratitud. La curadora ha escrito en su texto de presentación que esta muestra "trata de iluminar la vida de un escritor a través de su presencia en la literatura de lengua española". Y agrega: "La notoria influencia de su obra sobre generaciones posteriores se ha convertido en una verdadero culto por parte de lectores y escritores. Y el largo período de su vida transcurrido en Madrid ha demostrado que Onetti es una figura de la lengua, más que de de éste o aquel país. Sin embargo sus vivencias fundadoras y sus más profundos sentimientos nos devuelven una y otra vez al ámbito rioplatense, a ese Montevideo del que nunca se alejó, a pesar de la distancia. Sus pasiones, sus pesadillas y las elecciones que hizo a lo largo de la vida tienen un paralelo en sus narraciones, en el mundo que construyó para los personajes que aparecían ante sus ojos como seres próximos. ‘La literatura integra mi vida real, los personajes son parte mía’, afirmaba. Es pues esencial dar el entorno, la huella física de sus libros, el capricho de su creación, para conocer mejor al escritor", afirma la curadora de la muestra.

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