Queyi permitió con generosidad que Uruguay se apropiara de ella, que de alguna manera no se percatara de su origen español, o de que su nombre en realidad es Eugenia López Nozal.
Ella lo percibe y se mantiene muy activa, como para devolverle al público uruguayo todo ese sincero cariño. Lo hace con naturalidad, porque no repara demasiado en nacionalidades o géneros. "Todos somos seres", dice.
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La inquieta Queyi iniciará hoy un ciclo que bautizó "Queyi + 3", distinto pero parecido al que realizó el año pasado. Volvió a decantarse por la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís, pero esta vez no para invitar a tres hombres músicos, sino para convocar a tres mujeres artistas, aunque en realidad serán cuatro.
Este ciclo lo ideó con Lorena Amarillo y Ana Ró, encargada de elegir a las artistas visuales que la acompañarán: Ana Arioni, Elían Stolarsky, Florencia Durán, alias Fitz, y María Noel Silvera. La ocurrencia apareció a fines de 2014 y durante el verano de este año hubo muchas cenas para ajustar detalles e hilar fino.
Según le cuenta Ana Ró a El País, en "Queyi + 3" las artistas plantearán una suerte de camino: la primera invitará a jugar, la segunda obligará a mirar para adentro y la tercera sacará al público a la calle, todo en sentido figurado. Esto tiene que ver con que Arioni realiza con silvapenes una suerte de afiches ficticios de productos o eventos que no existen, que Stolarsky proyecta todo su legado familiar como judía en retratos que trabaja con transparencias y le permiten crear infinidad de rostros, y en que Durán y Silvera comparten su condición de creadoras urbanas, aunque apuesten a obras diferentes: Fitz realiza proyectos con tintes oníricos, mientras que Silvera, vegetariana, va pintando frutas por la Ciudad Vieja, entre otras cosas.
La combinación de la música de Queyi, el trabajo de las artistas y las escenografías —una específica para cada viernes— generará un clima particular en el que el público tendrá una fuerte incidencia, como sucede en el arte contemporáneo, a entender de Ró. "La época de los grandes genios funcionó para determinado momento. Ahora hay cosas más invisibles que hacen que vos como espectador seas más exigente y eso también te pone en un lugar más activo, y me parece que es un mensaje más interesante el que deja. Hay algo de esa trama que la capta el que tiene ganas. Vos te llevás la energía y ves qué hacés con eso. Capaz no decanta hoy pero no importa".
"Hay que dejarse sorprender y en eso el público se lleva gran parte. El objeto es la excusa, la posibilidad del encuentro", afirma Ana Ró sobre estos shows, para los que las entradas costarán 220 pesos. En ese encuentro, Queyi no da garantías de comportarse de manera muy "normal" sobre el escenario, aunque cree que su público ya está acostumbrado a eso.
"Quiero vivir lo que va a pasar en el momento", explica Queyi respecto a este ciclo que carecerá de ensayos y pruebas previas. "Es la primera vez en mi vida que digo: me despojo totalmente. Hay unas comidas, unas conversaciones, ver juntas dibujos, nos juntamos en el parque a pintar y a tocar, pero vamos a dejar mucha cabida". Incluso su repertorio estará casi librado al azar. "En ese momento voy a ver el brillo y el color que tendrá. Es una forma de trabajar mía: plantear una estructura muy clara para poder no ser tenida en cuenta".
En la Sala Delmira Agustini, Queyi apostará a un formato que le gusta mucho: ella en piano y voz y Pablo Meneses en batería. "Es muy crudo, hay mucho aire y cada nota es importante porque no hay más ni menos. Es como los White Stripes de los 90", comenta, encontrándole un trasfondo rockero a este dúo. Aunque en su arte la imaginación juega un papel fundamental, la española admite que en realidad su trabajo está sujeto a "estructuras muy poderosas. Esa cosa desnuda me da muchísimo más vértigo. No hay salsa".

El ciclo “Queyi + 3” comenzará hoy en el Teatro Solís