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Tienen 30 años de carrera, llevan a un país en sus canciones y llegan por primera vez a Uruguay

La banda venezolana Caramelos de Cianuro, actualmente conformada por Asier Cazalis y Pável Tello, tocará este sábado en Botánica Sala. Antes de la fecha, charló con El País.

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Asier Cazalis y Pável Tello, integrantes de Caramelos de Cianuro.
Asier Cazalis y Pável Tello, integrantes de Caramelos de Cianuro.
Foto: Armando Nori

Hay una canción que versa sobre una casa que ya no es un hogar, que ahora está sola y triste, con paredes frías y camas vacías. Fue lanzada por la banda venezolana Caramelos de Cianuro hace 13 años, se llama “La casa” y habla de una relación amorosa y lo que quedó tras su ruptura. Sin embargo, con el tiempo, su letra cobró otro sentido. Hoy cuando muchos fanáticos del grupo la escuchan, hay una emoción que aflora y que hizo que desde arriba del escenario Asier Cazalis y Pável Tello hayan visto en más de una oportunidad a un público emocionado hasta las lágrimas.

“Nos dimos cuenta de que para ellos la casa no era tal o cual persona, sino literalmente un país, unos sabores y unos olores, recuerdos que siempre quedan ahí”, cuenta Cazalis, líder de la banda, en referencia a esos siete millones de coterráneos que emigraron por el mundo.

En charla vía Zoom con El País, Cazalis y Tello recuerdan un concierto en Madrid, donde se encontraron con 2000 personas emocionadas cuándo sonó “La casa”. “Fue realmente un shock la primera vez que sucedió eso”, cuenta Tello. “Primero nos dejó muy confundidos, porque a pesar de que habla sobre pérdida, también tiene sentido del humor. Después entendimos que la gente siente que Venezuela es su casa y esa nostalgia cada vez que les llevamos esa canción”, complementa.

La banda caraqueña, que tiene más de 30 años de trayectoria, desembarcará por primera vez en Uruguay y tocará este sábado en Botánica Sala. Las entradas están a la venta por Passline a 2000 pesos e incluyen un after party.

Caramelos de Cianuro empezó como un cuarteto por el año 1991. En aquel entonces estaban influenciados por el punk rock y el ska, estilos que quedaron plasmados en sus primeros discos y que los acompañaron hasta Harakiri City, su tercer trabajo de estudio. Con el paso del tiempo se produjo un cambio y el punto de inflexión fue Miss Mujerzuela, el disco donde dejaron atrás aquel sonido más pesado e incursionaron por una propuesta con tintes pop.

Por otro lado, aunque siempre experimentaron cambios en su formación, los más contundentes se produjeron en dos momentos. El primer en 2010, cuando se bajó Miguel Ángel González (El Enano), guitarrista y uno de los miembros fundadores, y el segundo en 2020, cuando se fue Dario Adames, el baterista.

Para la ahora dupla, cambiar fue un proceso natural y necesario. Querían, dicen, “hacer una música que dé lugar al pasado, pero que también esté centrada en el presente y tenga futuro”. Para ellos, esa búsqueda tenía que ver con el cambio de procesos, de estructuras y, porqué no, de estilo. Así, estos últimos años fueron decisivos para encaminarse a un sonido como el que se escucha en Control, su último disco, en donde, cuentan, buscaron el frescor de su nueva configuración.

“Para nosotros el formato clásico de guitarra, bajo, batería y voz ya estaba un poco agotado. Entonces, este disco logró descifrarnos muchas cosas que queremos seguir explorando, como una manera más moderna, inesperada y actual de hacer música. Creo que nunca habíamos sonado tan bien y a nuestras canciones nunca le habíamos hecho la justicia que le estamos haciendo ahora”, dice Cazalis.

Y aunque estos cambios también produjeron extrañeza en una parte del público, sienten que les permitió profesionalizar su sonido y, a su vez, llegar a nuevas generaciones. “Viniendo del punk, donde la parte técnica no era lo que más se valoraba, he ido rodeándome de músicos con buen bagaje y base teórica y eso no solo hace el trabajo mucho más fácil, sino que estoy constantemente aprendiendo. Ha sido fundamental para seguir adelante”, dice el líder y fundador del grupo.

Hoy, algo parecido a lo que pasa con “La casa” es lo que buscan seguir generando en su público. “Creo que las buenas canciones se terminan de unir en mentes y corazones y cada quien la puede adaptar a su experiencia, igual que a un buen libro, o una buena película. Eso es bonito y creo que es un poco nuestro superpoder”, dice Cazalis. “Hacemos canciones para conmover, no para agradar. Creo que lo más importante es que tu estés orgulloso, y que te agrade a ti”, complementa su compañero de banda.

Durante algunos años también probaron suerte en Estados Unidos y luego regresaron a su país natal. Así, en las giras que han emprendido en este último tiempo, dentro y fuera de Venezuela, además del encuentro que se da con un público nuevo, hay algo de reencuentro, alegría y nostalgia, para el público fiel de una banda que marcó a generaciones en el país caribeño. Sentimientos que saben, en alguna medida, también agridulces. “Son amigos que se han ido, es un país que emigra, pero por otro lado a nosotros como artistas se nos han abierto muchas puertas, mucha gente de otros países nos ha conocido. Pasó en Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Esperamos que lo mismo suceda en Uruguay”, afirma Cazalis.

La llegada por primera vez a Uruguay los tiene contentos y con “un poquito de nervios”, dicen. “Sabemos que hay una comunidad grande de venezolanos que seguramente nos ha ayudado a difundir nuestra música por ahí”, asegura Cazalis, quien adelanta que en este concierto recorrerán temas de todos sus discos.

“Tenemos amigos venezolanos que llevamos tiempo sin ver y todos hablan muy bien de Montevideo y de Uruguay en general, así que estamos muy entusiasmados”, finaliza la dupla que no quiere hacer música para agradar, y que hoy lleva un poco de Venezuela a varias partes del mundo.

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