Jorge Drexler conquistó Buenos Aires: crónica de una noche de amor y devoción con los argentinos

Jorge Drexler

RESEÑA

El músico uruguayo inauguró este viernes la gira de su nuevo disco "Tinta y tiempo", con entradas agotadas en el Teatro Gran Rex de Argentina. Así fue

En algún momento de la noche del viernes, mientras inauguraba su gira con la primera de seis fechas con entradas agotadas en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, Jorge Drexler dijo que aquello era como una cita a ciegas. El público, expectante y eufórico, había comprado todas las localidades sin conocer entonces el contenido de su nuevo disco, Tinta y tiempo, lanzado el 22 de abril, mientras que el músico y su banda, igual de expectantes e igual de eufóricos, se embarcaron en el tour sin saber con qué reacción y recibimiento se iban a encontrar.

Y atravesando la expectativa, como una flecha que cruza la euforia, estuvo el nerviosismo propio de la ilusión del amor, la risa torpe, el grito impropio: la invitación a empezar de nuevo en esto de quererse, de darse al otro, de entregarse. El reencuentro de dos viejos amantes —artista y audiencia— separados por una pandemia y tres años de tiempo transcurrido, que desaparecieron al primer contacto con la canción.

El viernes en Buenos Aires, a sala repleta, Jorge Drexler fue el artífice de una noche de amor blanca y febril. Y fue correspondido.

Antes, un rato antes de que comenzara este juego de seducción entre un músico uruguayo en su mejor versión y un público argentino a flor de piel, Drexler apareció en escena en medio del concierto de Adrián Berra, encargado del número de apertura. Urgido y espontáneo, le dedicó algunos elogios a su colega y le pidió a la audiencia que lo escuchara con atención, para después perderse entre el telón rojo como quien hace y deshace un truco de magia.

Entonces Berra dijo que para él eso, todo eso, era mejor que abrir un recital de los Rolling Stones, y entonces hubo un grito parejo, agudo, transversal, que confirmó que esa noche, en ese teatro en el corazón de la calle Corrientes, todo lo que iba a caber era el amor.

Drexler lo sabía y desde ese lugar, está claro, pensó su gira. Por eso abrió el repertorio con “El plan maestro”, una intrincada reflexión sobre la era del Mesoproterozoico y la fusión primera de las células que dio origen a la vida como la conocemos hoy. O lo que es lo mismo, el momento exacto en el que se inventó el amor y se inventó el sexo como una estrategia para sobrevivir.

Y por eso lo cerró con “Amor al arte”, también del álbum Tinta y tiempo, que a esa altura fue la declaración de principios que resumió toda la precisión, el sentido y la belleza de lo que se acababa de ver.

Con 30 años de grabaciones, más de una quincena de discos, varios Grammy Latinos, un premio Goya y un Oscar a cuestas, Jorge Drexler está en su mejor versión. Inclinado hacia el minimalismo en la escena y hacia la impronta tecnológica, electrónica de una música que nace siempre, siempre desde la guitarra, la madera y la artesanía, ahora el cantautor rompe con la solemnidad del término y juega con el vocoder, se explaya sobre las programaciones y suelta su instrumento para dedicarse a cantar.

Jorge Drexler en el Gran Rex. Foto: Belén Fourment
Jorge Drexler en el Gran Rex. Foto: Belén Fourment

En el Rex, de traje gris, championes y remera básica, con sus pasos de baile coreografiados pero frescos, con una serie de movimientos perfectamente sincronizados que considera hasta la forma en la que el stage cruza el escenario, Drexler brilló. Lo hizo en compañía de una nueva banda, que incluye a su eterno “parcero” Carles “Campi” Campón (el productor de sus últimos discos), a su baterista Borja Barrueta, al guitarrista Javier Calequi y a las músicas Meritxell Nedderman, Alana Sinkëy y Miryam Latrece; tres hombres y tres mujeres perfectamente funcionales a la consigna.

Posiblemente con David Byrne como referencia estética, Drexler diseñó este espectáculo rodeado de un plantel que viste sastrería contemporánea y se desplaza todo el tiempo sobre el escenario, en varios roles a la vez. Aquí todos cantan, atienden otros “kioscos” y tienen tiempo para el destaque en solitario. Verlos jugar en equipo es un placer.

La precisión de la maquinaria repercute en las canciones, que cuando no son las nuevas (las de Tinta y tiempo sonaron todas), cambian de piel y se llenan de texturas, de nuevos arreglos, de reinterpretaciones, evidentes sobre todo en rescates de viejos tiempos como la preciosa “Era de amar” o “Aquellos tiempos”, marcada por la última dictadura.

Porque si Drexler está en su mejor versión también es por su condición de intérprete: más allá de una obvia evolución como performer, el manejo de su voz y su decir se ha pulido con el aire que envuelve los versos y se cuela entre las palabras, con la picardía y el sentimiento.

El cantautor, este cantautor, rompió con la solemnidad. Ahora es un crooner y un niño que se tira al piso y un muchacho que se mueve con gracia funky —su trabajo en “Oh Algoritmo” fue fascinante— y un seductor que arranca de la audiencia confesiones de amor constantes e intensas. El cantautor, este cantautor, es mucho más que un hombre con una guitarra y un montón de melancolía.

Pero la guitarra está ahí, y por eso cuando alguien le grita desde la platea que hizo mil kilómetros para ir a verlo, Drexler le pregunta que con qué puede compensar semejante esfuerzo y el chico pide “730 días”, y entonces el uruguayo altera el repertorio y la gente canta, suave y pausado, y luego ovaciona. Ese ritual se repetirá durante las dos horas: la gente cantará y aplaudirá y gritará y volverá a cantar y a aplaudir y a gritar, con esa intensidad que solo da el amor.

El viernes en Buenos Aires, a sala repleta, Jorge Drexler fue el artífice de una noche de amor, una celebración del amor, que fue correspondida con justa devoción. Una devoción que llena de preguntas el vínculo que el público uruguayo ha construido con este, su artista más importante; una devoción que arrancó aullidos y lágrimas. Una devoción que se explica por las canciones, por el compromiso de un artista de objetivo definido y, en el fondo, por el amor. Amor al arte.

tour

Drexler vendrá en setiembre al Antel Arena

El viernes 6 de mayo, Jorge Drexler inauguró en Buenos Aires la gira de presentación de "Tinta y tiempo". Además de las seis funciones con entradas agotadas en la vecina orilla, estará por Chile, Paraguay, Francia y España, para llegar a Montevideo el 15 de setiembre. Allí estrenará su nuevo álbum en vivo en el Antel Arena, y las entradas están a la venta a través de Tickantel.

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