A esta altura de su ruidosa carrera, Alex de la Iglesia filma casi todo su Crimen ferpecto dentro de una réplica impecable de cualquier Corte Inglés y desde el primer minuto de la película demuestra que ha alcanzado un notable grado de virtuosismo en la planificación y el montaje de su comedia "ferpecta", como si siguiera milimétricamente un "story-board" vertiginoso. Y casi militar, fanfarrias incluidas, en torno a un vendedor tan ambicioso como mujeriego, que no se confunde en ningún momento entre sus coitos furtivos con las empleadas disponibles y dispuestas, sus hábiles ventas a señoras mayores que sucumben a su galantería con secretos orgasmos, y sus enfrentamientos con el jefe de ventas de la sección "caballeros", con el cual está dirimiendo ese día un ascenso que significa un ingreso al mundo del poder. Pero pierde. Es decir, gana pero igual pierde. La Corte Suprema de la tienda tiene razones que la razón del protagonista ignora, y el elegido es su enemigo.
Nuestro héroe ve rojo, encierra a su rival en un probador, lo muele a patadas, y accidentalmente, ay, él que todo lo calcula, lo mata. Y además ha habido un testigo del crimen, de quien el asesino sólo ha podido ver los championes. De la Iglesia aprovecha la búsqueda del misterioso testigo por toda la tienda, un fragmento del film que algún día podrá ser un corto de uso en las escuelas de cine con el título "la danza de los championes". Termina con un plano seco de ellos y de quien los calza: justamente la única vendedora fea de la tienda. Que por supuesto está locamente enamorada del galán dos veces vendedor y va a ponerle un precio altísimo a su silencio y luego a su complicidad. Hasta ahí esa comedia, con sus puntas de sátira al mundo del consumo, de la moda y de lo que en España se conoce como "grandes almacenes", tiene su eficacia, la simpatía del primer actor (Toledo) y el brillo incesante del relato. De ahí en adelante, de la Iglesia pone su talento al servicio del puro delirio.
Lo que podría ser positivo si delirara por lo menos con tanta gracia como supo lucir en el planteo. Pero delira mal. Todo se vuelve grueso y efectista. Los personajes entran en un mundo pesadillesco, en que el muerto reaparece como un Mefistófeles demasiado filosófico y conversador, y la familia de la novia (porque ya lo es la fea) es una colección de freaks. Todo termina en un incendio de la tienda, pero no, no termina, hay todavía un epílogo con el héroe resignado a perder status y la fea encumbrada. Esa segunda parte es pretenciosa y forzada: allí el vértigo y el estruendo se convierten en un fin en sí mismo, no un instrumento al servicio del relato y de la diversión Sin embargo, tras un respiro, vuelve a la memoria el humor del principio.
Lástima. A la memoria, no ya a la película.
critica | antonio larreta
CRIMEN FERPECTO
Director. Alex de la Iglesia.
Libreto. Jorge Guerricaechevarría, Alex de la Iglesia.
Fotografía. José L. Moreno.
Diseño de producción. Arturo García Otaduy.
Música. Roque Baños.
Elenco. Guillermo Toledo, Mónica Cervera, Luis Varela, Fernando Tejero, Kira Miró, Enrique Villén.
l España 2004.