CARLOS REYES
De visita en Uruguay con el Teatro Sunil, María Bonzanigo está especializada en componer música para el escenario. Entre sus trabajos está "Ícaro", que se está presentando en el Solís, y "Corteo", del Cirque du Soleil, actualmente en cartel en Viena.
Según la artista, decir que Ícaro es un unipersonal no da la imagen de lo que el espectáculo es. La obra, que hasta el domingo se podrá ver en el Solís, es un diálogo entre tres interlocutores: el director y actor Daniele Finzi Pasca, el público, y un espectador que sube a escena.
"Hice la música para esa obra cuando la compañía era muy chica. Había sido fundada en 1983 y siete años después hicimos Ícaro, que yo creo es como un punto de llegada en la forma de trabajar en el escenario. El espectáculo pone en relación al público a través de un espectador sube a escena: eso hoy ya no es un secreto, por la cantidad de funciones que hemos dado. Esa triangulación es interesante, y entre los requerimientos al hacer la música estaba ayudar a construir ese puente emocional", explica Bonzanigo (Lausanne, 1966), quien afirma que con el correr de los años se ha familiarizado con los secretos de la música para escenarios.
"Creo que desarrollé una forma de pensar la música para espectáculos, un poco de manera cinematográfica. Eso me parece que se veía bien claro en la obra Donka, que tiene músicos en escena y música de ambiente, que no se sabe de dónde viene. Ese juego de planos en Ícaro se puede ver, pese a su sencillez".
Bonzanigo nació en la Suiza francesa pero su familia es originaria de la Suiza italiana. Su madre era una profesora de danza vinculada al expresionismo, hecho que le permitió trabajar desde niña con una mirada teatral de la danza, muy vinculada también a la música. "Estudié con Paul Glass, un compositor que hizo mucha música para cine, y conocí a Daniele cuando éramos muy jóvenes, y vimos que había una estética en común, y un deseo que contar cosas muy próximo. Nos entendimos rápidamente, y empezamos a estudiar cómo estar en un escenario, prestando atención a la parte coreográfica pero sin que se imponga totalmente, sin que le saque protagonismo a lo que se está contando, y la música".
"Es muy diferente hacer música que hacerla para la escena. Conozco compositores de alto nivel que no tienen esa capacidad. La clave está en poner la música al servicio del montaje, buscando que sea útil. Y estar dispuesta a cambiar, y a aceptar lo que quiere el director. Porque de lo contrario no va a salir bien: puede salir una música buena, pero no va a tener organicidad con respecto al espectáculo", comenta la compositora, quien cita como ejemplo a Mozart para hablar de un genio de la música para el escenario.
"Componer para el Cirque du Soleil no es fácil, porque son espectáculos que tienen productores muy fuertes, que tienen la última palabra, y hay que conseguir lo que ellos quieren sin ceder del gusto personal. Buscar el punto de encuentro, y estar dispuesto a cambiar todo. También hay que saber mirar la acrobacia, ver su ritmo, y entender qué cosa puede servir al acróbata. Es todo un oficio, una profesión de ver y traducir en música. Tiene que ser todo muy preciso: en un salto, hay momentos que tienen que estar apoyados, pero no todos. Hay que elegirlos, pero hay cosas que son de un modo, no las puedes alterar".
Consultada sobre qué le brindó haber nacido en Suiza, responde: "La nacionalidad suiza es un poco rara, porque está la parte francesa, la alemana, la italiana. Yo culturalmente me siento parte de Italia, pero hay una diferencia, y es que no tenemos los problemas que tiene Italia. Tenemos otros, y tenemos la suerte que no son tan graves. Así que me siento afortunada, porque la cultura italiana es hermosísima, y tengo la ventaja de estar al margen de esos otros problemas."
Buen ojo: "Hay que saber ver al acróbata y entender qué música puede serle útil a él".