Alexander Laluz
Sebastián Auyanet
A tres semanas de los dos conciertos en el Centenario, Pepe Guerra y Braulio López recibieron a El País. Es la primera entrevista tras la noticia del regreso del dúo. Tienen mucho para contar: historias llenas de nombres entre elocuentes silencios.
Pepe acaba de despertarse de una siesta breve. Sin demasiados protocolos busca en su cocina una pera y prepara el café. Braulio llega un poco más tarde, pero pidiendo que controlen a los tres grandes perros de su viejo compañero porque llegó con su hijo. "Es el mismo olimareño de siempre", dice Pepe. Y tras sortear con bastante fortuna las caninas demostraciones de afecto, Braulio se suma al café y a la charla. Una hora después, la rueda se amplía con la visita del cineasta Walter Tournier. Llegó hasta la casa de Pepe para ultimar detalles de la producción visual que realizará para los conciertos del 8 y 9 de mayo, y, de paso, integrarse a la rueda de café.
Los temas se van sucediendo al ritmo de una sobremesa. Quizás por el sol, la hora o la laguna que se recorta en un gran ventanal, las formalidades de una entrevista ceden el lugar a la recuperación de historias. Los temas siguen el hilo azaroso de la memoria. La etapa en que cantaban en Treinta y Tres, la fonoplatea de CW 45, Rubén Lena, "Laucha" Prieto, Yupanqui, el exilio. Pero los conciertos en el estadio Centenario eran un punto de llegada obligatorio. Las expectativas y las especulaciones son muchas, demasiadas. Pero también campean las confusiones, los disgustos.
Después de veinte años de no tocar juntos, Los Olimareños se reunirán sólo para los dos conciertos. Ni antes ni después, Braulio y Pepe estarán juntos en un mismo escenario con el nombre que se convirtió en un emblema de nuestra canción popular.
Dando un previsible rodeo retórico, Braulio evita las explicaciones acerca del silencio asumido para después de estas presentaciones, aunque deja una mínima luz para la duda. Pepe, en cambio, mantiene un riguroso silencio. Durante la conferencia de prensa en la que se presentó el evento él fue claro y tajante: "será nada más que un hola y chau", había dicho. Y hoy la afirmación es la misma. Se concretó una segunda fecha porque, como era previsible, el público agotó en muy pocas horas las entradas para la primera. Pero el contrato firmado con la productora del espectáculo determina que después del Centenario Los Olimareños no podrán volver a tocar juntos. "A mí no me gusta hacer especulaciones -dice Braulio-, el compromiso que tenemos nosotros y lo que acordamos con la productora es hacer esto puntualmente y se acabó. Las ganas por supuesto que dan hasta ahí". No obstante, el nombre y las canciones seguirán en la memoria de todos. Y el CD y DVD que se editarán unos meses después, servirán como documento histórico y musical único, y un alimento para esa memoria.
Analógicos. "Sintetizar toda nuestra historia es como demasiado, aunque vamos a tratar de reflejarla de la forma más fiel posible", señala Braulio mientras recuerda los títulos de algunas canciones. De cojinillo, Isla Patrulla, El orejano, A don José se cruzan inevitablemente en la charla. "No tenemos ni que pensarlo -agrega Pepe-, esas canciones ya están. El problema es que en realidad tenemos que sacar canciones, el repertorio es tan extenso, y hay algunas que le gustan más a Braulio y otras a mí. Lo vamos a hacer como lo hicimos siempre, a nuestro entender, porque nunca hicimos demasiado caso a lo que dice la gente".
La selección del repertorio es compleja. Para Pepe, este problema "lo deben tener, salvando las distancias, gente como los Rolling Stones, Paul McCartney, Paul Simon. Hay canciones que han resistido tanto al tiempo y permanecen tan frescas, que cualquiera te pude decir `tenés que cantar esa canción`, y no hay más remedio. No hay que olvidarse que hay gurises, algunos de cuatro o cinco años, que se han criado con ellas, y eso es porque se han transmitido de generación en generación".
Para completar esa síntesis histórica que propondrán en el Centenario, Los Olimareños no estarán solos. La lista de músicos que participarán es bastante acotada, porque la idea es "dar una imagen medular del dúo: las dos voces y las dos guitarras, que es lo que la gente recuerda", especifica Braulio. La enumeración corre por cuenta de Pepe: "en el acordeón estará Amaral, Jorge Risi va a acompañar a Braulio en una canción con el violín, y Turubich tocará la percusión. Pero todavía tenemos que ensayar con ellos".
"Además -agrega Braulio- tendremos la colaboración de Walter Tournier para las imágenes que se van a proyectar en una pantalla. Él es un amigo de toda la vida que se ha sumado a este proyecto". Tournier, que ya estaba integrado a la charla, aprovecha para aclarar "que no hay mucho tiempo para crear algo especial, por lo que será una pequeña cosita hacia el final del concierto".
Y el dato que dará el toque distintivo a estos recitales, con el que muchos melómanos seguramente estarán de acuerdo, es el sonido: "va a ser analógico -explica Braulio-, porque queremos reflejar sobre todo el aspecto tímbrico tradicional de Los Olimareños". A lo que su viejo compañero añade una suerte de declaración de principios: "no habrá nada digital, porque eso es horrible, está destrozando el sonido".
Sin falsa modestia. Al explicar los detalles musicales de este reencuentro, Pepe también se despacha contra algunos malentendidos.
La deuda afectiva y simbólica que el dúo tiene con el público es muy grande. Pero "es bueno aclararlo -dice Pepe en tono severo- también la gente nos debe a nosotros. Si a Braulio y a mí no se nos hubiera antojado cantar canciones de Rubén Lena o Víctor Lima, qué hubiera pasado. Nosotros apostamos a una estética. Eso nunca lo dijimos. Eso ocurre también con el flaco Zitarrosa, por ejemplo. O con Walter (Tournier). Si a él no se le hubiera ocurrido hacer los macaquitos para la televisión, ¿quién lo hubiera hecho?".
Y afinando un poco más la puntería agrega: "he sentido en televisión, en radio, que la gente dice `cómo van a poner entradas tan caras, si son Los Olimareños`. Te dicen eso, pero, quizás, si se tratara de artistas extranjeros no lo dirían o lo pensarían. La gente se hizo su propio libro con esta historia".
La imagen que redondea este alegato estaba casi cantada. "¿Por qué te crees que Gardel es Gardel? Él fue quien se atrevió a cantar a Discépolo, a Celedonio Flores. Porque esto de la comunicación es un ida y vuelta". Es innegable, una historia de comunicación y música tan larga como la de Los Olimareños no se construye en un sólo sentido.
La construcción de una nueva canción
El paso del tiempo ha dejado signos visibles en los dos olimareños. Ellos mismos lo reconocen: el cuerpo ya no aguanta los mismos trotes de otros tiempos. Cuando empezaron, a principios de los `60, el camino se abrió a puro esfuerzo. Había que trillar pueblos, ciudades, boliches, vinerías. Pepe hace memoria: "en aquella época había una cantidad de vinerías acá. Y allí batallábamos Numa Moraes, Tabaré Etcheverry, el flaco Zitarrosa, Carlos Molina. Y cantar una canción uruguaya era como una cosa fuera de lugar". El pulso musical lo marcaban los Beatles o el llamado folclore argentino. Y esta última movida, el dúo reconoce que les sirvió de motor para emprender una búsqueda diferente. "Cuando comenzamos a tocar candombes con la guitarra, la gente nos decía `esto no es folclore`", dice Braulio. El tiempo y la búsqueda empecinada, sin embargo, dieron sus frutos. Gracias al legendario "Laucha" Prieto, Pepe y Braulio conocieron a Rubén Lena y sus canciones. Víctor Lima y Serafín J. García, ya estaban en sus sendas musicales y poéticas. Y junto a esa generación pionera (Zitarrosa, El Sabalero, Viglietti), se construyó "un mapa musical, dice Braulio, que no teníamos", y fue continuado por las generaciones siguientes. De aquella época surgieron canciones que se convirtieron en himnos, como A don José, y en las nuevas marcas de identidad cultural.
A 25 años del concierto en el Centenario que selló el regreso de Pepe y Braulio
"Tenemos que tener el corazón muy fuerte para aguantarle otra vez a ustedes las miradas y no caer en la emoción hasta las lágrimas". Las palabras de Braulio vibraban con una multitud que no se amedrentó con la lluvia, y colmó el estadio Centenario el 18 de mayo de 1984. Horas antes, Los Olimareños habían llegado al aeropuerto de Carrasco para poner fin a muchos años de exilio. El recibimiento fue único. Una larga caravana los acompañó hasta Montevideo. Y quienes no pudieron llegar seguían la emotiva llega por la radio. La memoria vivía una fiesta. Las voces y las guitarras que ya eran mito, leyenda, historia, se hacen hombres de carne y hueso. Allá, en el exilio forzado "siempre estábamos como olfateando, buscando el rastro de algunas referencias con Latinoamérica, con Uruguay. Siempre estábamos pensando en volver", dice Braulio a El País. Después de aquel 18 de mayo, el dúo siguió activo unos pocos años más, hasta que en 1990 deciden separarse e iniciar sus carreras como solistas. La esperanza (y los rumores) de una reunión, sin embargo, jamás se extinguieron. Y esas voces volverán a sonar juntas este 8 y 9 de mayo, y la memoria vivirá un nuevo e irrepetible homenaje, pero teñida por emociones y vivencias muy diferentes.
Casi medio siglo dedicado a la música popular
Los Olimareños se formaron a comienzos de los años 60, en el departamento de Treinta y Tres y se integraron así a un pujante movimiento de nuestra música popular.
El repertorio del dúo se conformó con canciones originales de Rubén Lena, Víctor Lima, y musicalizaciones de textos de poetas como Serafín J. García.
Su primer disco, Los Olimareños, fue editado en 1962, y dos años más tarde llegó el segundo: Los Olimareños en París.
En 1971 graban Todos detrás de Momo, un disco conceptual y pionero para el género de la murga-canción.
En 1974 el dúo inicia un exilio forzoso de 10 años. Durante ese tiempo recorren Argentina, México y Europa.
El 18 de mayo de 1984 regresan al país, y cinco años después deciden separarse e iniciar caminos individuales.