La música extensa: divinas longitudes

HUGO GARCIA ROBLES

LAS COLUMNAS

La presencia esta tarde en el Solís de la Orquesta Sinfónica del Estado de San Pablo, permitirá escuchar entre otras obras, la Sinfonía Nº 5 de Shostakovich.

Roberto Schumann, refiriéndose a la Sinfonía en do mayor "La Grande" de Schubert, habló de las divinas longitudes. Aludía de este modo a la duración temporal de la obra que, realmente, tiene una extensión que ronda una hora. Es cierto que la Novena Sinfonía de Beethoven excede ese tiempo, pero es a partir del siglo XIX que la sinfonía tiende a alcanzar extensiones muy por encima del promedio habitual.

No se trata de un mero aspecto que concierna a más música en una forma que antes se conformaba con extensiones menores. En realidad son cambios sutiles y más profundos, vinculados a la disolución de la tonalidad y a una libertad formal que fatalmente deviene en discursiva, en el crecimiento de la extensión.

En cierto modo, podría decirse que roto el respeto por el molde, por la forma que ceñía el lenguaje musical sujetándolo a una estructura, la materia se impone y desborda.

No en vano, es en la Novena que Beethoven alcanza dimensiones vastas, que son las que responden a su propia independencia frente a la sinfonía, fusionándola con la cantata en el final de la sinfonía que se sirve de la Oda a la Alegría de Schiller.

El paso siguiente está en las sinfonías de Mahler, en la mayoría de los casos de dimensiones gigantescas, enorme también el despliegue de instrumentación. Crece la sinfonía y crece también la orquesta, incorporando más instrumentos que son nuevos en el cuerpo orquestal o bien duplicando las partes de los acostumbrados.

El programa de la orquesta paulista se clausura con la Sinfonía Nº 5 de Shostakovich. La duración va más allá de los cuarenta y cinco minutos y según las versiones, a veces con repeticiones optativas que se cumplen, se acerca a la hora. No en vano Shostakovich fue un confeso admirador de Mahler.

Al mismo tiempo, no es prudente perder de vista que se trata de un compositor ruso y los vastos frescos se dan cita a menudo en la cultura de Rusia. El cine y la narrativa rusos apuntan de manera esencial a esa dimensión de lo vasto.

El horizonte remoto es casi un lugar común en la visión que los creadores rusos de distintas disciplinas expresan. Una novela como Guerra y paz de Tolstoi y el cine de Eisenstein, participan de esta cosmovisión gigante.

Compuesta en 1937, en los arduos tiempos de Stalin, el propio autor ha caracterizado su Sinfonía Nº5, como expresión del devenir, de la realización del hombre. Inserta en la vértebra programática del sinfonismo ruso, como la Patética de Tchaikovsky, tiene una entraña oculta de conceptos e ideas que no son materia sonora.

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