La lírica celebra los 70 años de vida del tenor

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A. LALUZ

No se pone límites y asegura que "seguirá hasta que el cuerpo aguante y Dios quiera". Plácido Domingo cumple hoy 70 años y no duda en reafirmar esta postura ante la vida y el arte. La lírica vuelve a homenajearlo hoy en España.

Será un festejo en casa, entonces, con una lista sorpresa de artistas y la presencia de la familia real, en una gala especial en el Teatro Real de Madrid. El festejo, previsiblemente, no ha detenido su agenda de trabajo.

Desde el pasado 13 de enero, Domingo encabeza, junto a Susan Graham, Paul Groves, Frank Ferrari y Maite Alberola, el elenco de la puesta de Iphigénie en Tauride de Christoph W. Gluck (1714-1787), bajo la dirección musical de Thomas Hengelbrock, también el Teatro Real de la capital española.

Esta ópera "es un regalo; para el público en general va a ser una sorpresa extraordinaria", dijo antes de la función de estreno. Y las reseñas posteriores ratificaron sus palabras: Domingo hizo una intensa composición del papel de Orestes, Graham reconfirmó que Iphigénie es un papel hecho a su medida, al igual que el Pylade para el tenor Paul Groves; y Hengelbrock en el podio de la orquesta y Robert Carsen dirigiendo la realización escénica y la iluminación, redondearon una soberbia e imaginativa puesta, en base a una producción internacional que todo este elenco artístico ya ha llevado a varios escenarios del mundo.

Días después de este estreno, la Universidad Alfonso X El Sabio le entregó a Domingo el título Doctor Honoris Causa, el undécimo que recibe en sus más de cinco décadas de trayectoria. Y el martes 18, el gobierno español lo invistió con la Orden de las Artes y las Letras, en un acto en los Jerónimos del Museo del Prado, en Madrid. Allí, la ministra de Cultura Ángeles González Sinde resumió con la clásica retórica política: su talento "forma parte del patrimonio de todos, se ha convertido en una seña de identidad de España y en un resguardo de la belleza… (con Domingo) la ópera atrae hoy a públicos amplios y diversos. Ha destruido los mitos de que la música clásica es un arte elitista y de que sus intérpretes son divos inalcanzables". Pese a cierto gesto grandilocuente, al lugar común, el discurso acierta en un aspecto clave de la personalidad artística del tenor madrileño: con más de 50 años de carrera, su figura es otro signo más de ese (posible) territorio simbólico en el que las fronteras entre estilos, lenguajes, prácticas musicales no se asumen como barreras insalvables o excluyentes; cualidad que, reconocido está, le permite a la lírica -en todas sus manifestaciones- establecer una conexión más fluida con públicos de formaciones y expectativas muy diferentes.

MODELO ÚNICO. El bajo-barítono uruguayo Erwin Schrott fue claro y contundente: "Plácido Domingo es el ejemplo a no imitar. Es como intentar ser Dios: no llegarás nunca. El ejemplo a seguir es Alfredo Kraus: una cabeza que guía a una voz, y no al revés". Lo dijo en Barcelona, España, el año pasado, al oponer dos modelos. Uno, el de Kraus, más medido a la hora de asumir los proyectos operísticos. El otro, Domingo, que ha demostrado que el vértigo en la agenda también puede ser una opción, aunque sea el único (o casi el único) capaz de hacerlo. Fue así en el comienzo de su carrera, luego a los treinta y pico de años, a los 55. Y ahora, tras haber superado un cáncer de colon, con 70 años, también. Las pruebas están en su página web oficial: ya tiene confirmados varios proyectos como cantante y director de orquesta por los próximos dos años.

Carlos Ventre (tenor, uruguayo) lo describió muy bien: "Plácido Domingo es un ser diferente de todos nosotros. Abarcó todo el repertorio posible. Él se baja de un avión y sube a cantar. Se vuelve a subir al avión, duerme un poquito, y se baja para volver a cantar. Cuando canté bajo su dirección, horas antes había cantado un Wagner en el Metropolitan de Nueva York. Por naturaleza tiene un cuerpo y un don que le permiten hacer lo que para otros sería imposible".

Trazos de una pasión incansable por los escenarios y el canto

José Plácido Domingo Embil. Tal su nombre completo. Nació en Madrid, el 21 de febrero de 1941, y sus padres, Plácido Domingo y Josefa Pepita Embil Echániz, fueron dos conocidos cantantes de zarzuela, de quienes la futura estrella de la lírica heredó su vocación para el canto, además de la pasión por este histórico y popular género español.

A edad muy temprana se radicó con su familia en México, donde inició su educación formal y dio los primeros pasos en la música. Su debut profesional en el canto fue en 1959, pero interpretando un papel en el registro de barítono. A esa primera experiencia le siguieron otros proyectos en México, y el salto a la escena internacional lo dio con un papel principal en La Traviata.

La excelente recepción que tuvo su arte en la crítica, el público y en los distintos circuitos operísticos, lo consolidaron como uno de los cantantes más importantes de la segunda mitad del siglo pasado.

Con ese prestigio como base, Domingo ha podido incursionar también en la dirección orquestal y en otros campos musicales, como la zarzuela (que, ha dicho en estos días a la prensa, quiere volver a interpretar: "soy, he sido y seguiré siendo zarzuelero"), el tango, el bolero, sin abandonar, claro, el mundo de la ópera. Los ejemplos son bien conocidos. Paralelamente, ha dedicado buena parte de su energía (que, para muchos, es inagotable) al apoyo a las carreras de nuevos artistas y a la constante búsqueda de títulos operísticos poco difundidos.

En estos más de cincuenta años de carrera, revelan algunos recuentos históricos, ha interpretado más de un centenar de papeles principales, en una cantidad de funciones difícil de estimar pero sin duda superior a las 3.500. A ello hay que sumar una discografía con más de cien grabaciones, que le han valido, entre otros premios, siete Grammy.

¿Qué más le queda por hacer? Él dice que mucho. El cáncer no hizo mella en su ánimo, en su energía. Por tanto, ha dicho recientemente que "no me pongo límites; nunca pensé que llegaría a los 70 cantando. No sabes cuánto puede durar... (por eso) he decidido aceptar contratos y seguir hasta que el cuerpo aguante y Dios lo quiera".

Huellas personales

"Como compañero en el escenario (Domingo) lo da todo. Es excelente trabajar con él. Se mete tanto en el personaje, bajo su piel. Su carisma hace que todo alrededor suyo funcione de una manera mágica".

Nancy Fabiola Herrera (mezzo)

"Estaba allí (en Roma) escuchando al maestro y decía, `no puede ser que yo esté aquí sentada escuchando a este hombre que le puso nombre a mi vocación cuando niña; entonces hablé con él, me escuchó y ahí me invitó a Estados Unidos y así empezó mi carrera".

Luz del Alba Rubio (soprano)

"Lo que tiene de peculiar Plácido es que uno lo ve y no es una persona nerviosa. Habla con tranquilidad, pausado… pero está haciendo mil cosas. Terminó de hablar contigo con una gran gentileza, tranquilidad, y subió al podio a dirigir".

Carlos Ventre (tenor)

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