CRITICA I FABIAN MURO
THIS IS NOT A TEST
Autores. Missy Elliot, Timbaland, etc.
Producción. Missy Elliot, Timbaland, etc.
l Edita. Warner
Missy Elliot es una de las más importantes artistas femeninas de la actualidad dentro del rock internacional. Antes que los puristas pongan el grito en el cielo, el rap y la cultura hip-hop forman desde hace tiempo parte del rock, por más que Elliot, Eminem o Usher nunca hayan agarrado una Fender o prendido un Marshall.
Los más renombrados artistas del hip-hop cumplen con los supuestos requisitos rockeros: actitud pendenciera y las ganas de acompasar la evolución musical con la aspiración a ser popular. Pero hay una particular vuelta de tuerca: se trata de una corriente que, con pocas excepciones, celebra el más descarnado comercialismo, algo que una parte del rock aún ve con suspicacia y desconfianza.
Sea como fuere, ahí están los N.E.R.D./Neptunes, productores tan codiciados que hasta los Rolling Stones le encargan remixes. Ahí también están los Outkast con su Hey ya!, un tema que remite a los mejores tiempos de Prince con su mezcla de todo un poco (¿es rock?, ¿pop?, ¿funk?, ¿rap?) y su melodía a prueba no ya de balas sino de misiles. Sin olvidar a Eminem o a Beastie Boys, que por estos días sacan un nuevo disco, una importante parte del terreno que el hip-hop ha conquistado le pertenece a esta rapera, compositora y productora. El mérito de Elliot es aun mayor porque triunfó en un ambiente mucho más machista que el rock histórico.
Desde su Atlanta natal y junto a su socio Timbaland, Elliot ha hecho de lo imprevisible y el absurdo su marca de estilo. Al escucharla, no es raro encontrarse pensando qué pasaba por su mente cuando eligió tal o cual sonido para un tema. Muchas veces porque ese sonido no "encaja naturalmente" con lo que se espera. Otras, ese sonido parece deliberadamente ridículo o, como dicen algunos músicos, "pedorro". En las letras pasa algo similar. ¿Alguien se imagina a Björk, Alanis Morissette o incluso Madonna dedicándole una canción a su vibrador? Elliot lo hace en Toyz y el resultado no es sólo hilarante sino también un certero dardo antimachista.
No es indispensable entender las letras para apreciar a esta cantante-rapera, como no es indispensable entender la furia verbal de Eminem para dejarse llevar por los contagiosos estribillos que éste escupe disco tras disco. Basta escucharla varias veces para ir descubriendo que tras esos ritmos y melodías que sólo parecen salidos de una computadora barata y una máquina de ritmos de segunda, hay un minuciosamente diseñado marco sonoro. Dicho marco, que esconde infinidad de detalles, sirve para cobijar melodías pegadizas y rapeos insólitos, abruptas frenadas de ritmo, chistes de toda índole y una multitud de efectos sonoros que sirven para enfatizar o relativizar el impacto de las letras. La contracara de esta actitud de ir constantemente tras la novedad y el impacto inmediato es que produce discos que a veces no se sostienen tan bien con el paso del tiempo (de ahí, tal vez, que Elliot edite casi religiosamente un disco por año).