El Teatro Real madrileño inaugura su nueva temporada lírica con La Dolores, de Tomás Bretón, en una clara apuesta del coliseo por la recuperación de la memoria lírica española. Se trata de uno de los títulos más valiosos de la historia de la ópera española, bajo la dirección musical de Antoni Ros Marbá, quien guiará en las diez representaciones previstas a doble reparto. Este será encabezado por Elisabete Matos y María Rodríguez —que se alternarán en el papel de la Dolores— y Alfredo Portilla y Gustavo Porta como los protagonistas principales de la historia, y dirección escénica de José Carlos Plaza.
Bretón, violinista, director y compositor, nacido en Salamanca en 1850 y fallecido en Madrid en 1923, ocupa un puesto relevante como renovador y entusiasta defensor de su época de un género, el operístico, que pensaba que vendría a ennoblecer el arte musical español atenazado por la excesiva importancia de la zarzuela. En este sentido, Bretón no dudó en introducir elementos del folklore español para reproducir la realidad musical del lugar donde transcurre la acción de La Dolores. Esta obra, adelantó Ros Marbá en la presentación, regresa en su "versión íntegra y sin cortes". La acción, estructurada en tres actos y situada en la localidad zaragozana de Calatayud en el año 1830, narra las pasiones vitales y amorosas de la joven Dolores que, seducida por el barbero Melchor, es pretendida a la vez por Patricio, un mercader ricachón, y por el sargento Rojas. También de ella se enamora localmente el seminarista Lázaro. Un complicado entramado de pasiones que desencadena la lucha por la protagonista entre Lázaro y Melchor
MADUREZ. Para Ros Marbá, que estuvo al frente de la única grabación existente de la obra, esta representa la madurez de Bretón como compositor y "se encuentra muy en la línea del último Verdi, el de Otello o Falstaff, no tanto por la estética sino más bien por los patrones musicales dramáticos que estructuran la obra". El director destacó asimismo las influencias que "como tantos compositores de la época demuestra Bretón, sobre todo en el segundo acto donde aparece el leit motiv wagneriano a la vez que se pueden encontrar ecos de la Carmen de Bizet".
Mientras tanto José Carlos Plaza, admitió que desconocía la trascendencia de este título y aseguró haber descubierto "una obra con una música profunda y emocionante, a la que acompaña una dramaturgia extraordinaria y unos personajes de una complejidad difícil de encontrar, cuya legendaria protagonista posee una gran fuerza como personaje porque es un símbolo de independencia".
Se trata de una mujer que, por llevar una vida sexual libre, ya es considerada como una prostituta y la pérdida de su honor la convierte en una víctima de una sociedad terrible y represora. La Dolores es un ser diferente en un pueblo mediocre dominado por las tres grandes fuerzas vivas: el dinero, el Ejército y la Iglesia.
Plaza explicó que en el momento de idear la concepción teatral de la obra se vio tentado por la doble posibilidad de llevar a cabo una reconstrucción fiel al momento histórico en el que transcurre la acción o trasladar la obra a otra época y optó por "profundizar en el interior de La Dolores". De esta forma, basándose en el mito, ha hecho que la ópera dé comienzo en una estación de tren, "tal como los autores la escucharon. Como una leyenda, la historia corre de boca en boca sin quedar reflejada literalmente sino a través de la imaginación de los hombres y mujeres que la están escuchando".