El título del disco, que tendrá su presentación oficial el próximo sábado 9 de marzo en La Trastienda Club, dice mucho sobre su proceso de creación. Primero porque se forjó a fuerza de convivencia y largas charlas en la cocina de Martín Buscaglia, probando ingredientes musicales y comestibles. Kiko Veneno es un cantautor de culto español que navegó contra la corriente hasta desarrollar un estilo reconocido de fusión entre el flamenco y otros géneros como el rock y el blues. Antes de embarcarse en este proyecto junto al uruguayo, experimentó con ritmos africanos en Dice la gente y recibió el Premio Nacional de Músicas Actuales por haber influenciado a dos generaciones. El catalán tiene en común con Buscaglia el temperamento indomable.
-¿Qué lugar ocupa Kiko Veneno dentro de tus influencias?
-Pertenece a esa generación que en los años `60 en todas partes del mundo transformó lo que venía de The Beatles, Dylan y Hendrix mezclándolo con los ritmos de su tierra. Acá lo hicieron Rada, Mateo, Fattoruso y Urbano; Caetano en Brasil y en Argentina Litto Nebbia y Spinetta. En España, Kiko es pionero en fusionar el flamenco andaluz con el blues. Hay mucha guitarra en el disco. Y para mí El pimiento indomable representa una vuelta a la canción porque en las últimas grabaciones me alejé de ese formato. Lo admiro desde hace muchos años, conozco bien su obra y lo considero realmente una influencia, sobre todo a través de su poesía. Con palabras muy simples es capaz de generar un clima determinado o de hablar de algo complejo. También con un mundo aparentemente surrealista expresa sentimientos claros y concretos.
-Urbano Moraes tocó con Veneno en los años `70. ¿Fue gracias a él que lo conoció?
-Sí, cuando Urbano volvió de España yo era un niño y recuerdo que me dijo: "toqué con un loco allá que es un capo". Y a partir de entonces conocí su música. Después empecé a viajar seguido a España y tomamos contacto. Creo que cuando comulgás tanto con lo que hace otro es natural que exista una reciprocidad, porque hay artistas increíbles en el mundo con los cuales me parecería raro que se diera hacer un disco en conjunto. Pero con Kiko es un hecho, un honor y una alegría.
-¿Cómo fue ese proceso creativo a dúo?
-Muy especial. Es un disco de dos artistas distintos, de dos países y de dos generaciones diferentes, ya eso le aporta peculiaridades. Él tiene 60 y yo 40. Me entusiasmó desde el comienzo que propusiera trabajarlo en América componiendo todos los temas entre ambos. No es que yo presenté seis canciones y él otras seis. Las doce están hechas entre los dos y el 80 por ciento fueron compuestas y terminadas durante el mes que se vino para Uruguay. Se quedó en mi casa y también fuimos por playas de Rocha. Los temas más veraniegos están inspirados ahí, como Nadador Salvador. Yo sé qué todos mis discos futuros cambiarán a raíz de éste.
-¿Por qué?
-Porque siempre que laburás con alguien capo aprendés casi sin hacer nada. Cada vez que trabajé con alguien que admiro mejoré y aprendí algo nuevo. Yo tengo un estudio al lado de casa y Kiko vivía ahí, desayunábamos juntos terminando una letra que habíamos hecho la noche anterior y nos íbamos a acostar pensando en mejorar acordes. Ese proceso se continuó entre Montevideo y Sevilla. Y el 90 por ciento de los músicos que tocaron son uruguayos, aunque también están los que forman parte de la banda de Kiko (participan Mateo Moreno, Urbano Moraes, Gustavo Montemurro, Herman Klang, Rey Tambor, Ruben, Matías y Julieta Rada, Larbanois y Nicolás Arnicho).
-Eso de juntarse, mezclarse y no actuar como una isla es propio de los músicos uruguayos. ¿También te lo inculcó tu padre?
-Sí, eso te potencia. Si tenés un don, por más increíble que sea, puede marchitarse o caer en repeticiones si no lo laburás y si no lo mezclás y mestizás. Hay que probar hacer todo de otra manera, estudiar curricularmente o juntándote con otros a tocar. Estos artistas que participaron predican ese ejemplo.
-¿De dónde viene la imagen del pimiento?
-(Se ríe). En la convivencia, la cocina es un lugar muy importante. Es un espacio creativo, no sólo por el hecho en sí de cocinar, que tiene que ver con la composición. Es donde estás relajado, charlás, vas picoteando y salen ideas. Ahí se dan naturalmente cosas interesantes, muchos conceptos que manejamos, fusiones que queríamos probar, se dieron en la cocina. En una de esas charlas hablamos sobre el arroz, sobre cómo te puede acompañar todos los días pero al mismo tiempo es capaz de mimetizarse demasiado rápido con lo que le ponés al lado. Y queda bien, pero se entrega y se transforma con eso que le pusiste. Sin embargo hay otros elementos que como el pimiento -esto incluye el morrón y el ají- siempre marcan presencia aunque los cortes y pongas poquitito en la comida. Nunca pierden su esencia. Por eso el pimiento es indomable, y creo que Kiko y yo también lo somos. Hagamos el género que hagamos hay una impronta propia.
-¿En el disco dirías que puede diferenciarse lo que hizo cada uno a primera escucha?
-Sí, pero pasa algo que no había previsto y es que hubo una mímesis de uno con el otro. Hay elementos que pueden parecer de Kiko y son frases o inflexiones melódicas que yo puse y pasa al revés. Cada uno absorbió lo que le gustaba del otro. Se dio una simbiosis. Por eso hay una rumba mía y un candombe suyo.
-Ambos tienen en común también el ofrecer mucho más en vivo sin remitirse sólo a reproducir lo grabado.
-Me parece que hacer un show en vivo y sólo intentar reproducir lo que grabaste es un error, porque estás queriendo trasladar a un ambiente algo que surgió en otro. El vivo es otra cosa, es instantáneo, te podés equivocar o podés improvisar. Tiene más drama, es más sanguíneo y es lo que más nos gusta.
-Para tocar en la previa de McCartney hiciste un alto en la grabación de este álbum. ¿Qué te dejó esa experiencia a pesar de la controversia generada por los derechos de autor?
-Fue un episodio más. No estaba esperando ese momento como un mojón en mi carrera, pero lo disfruté mucho y lo volvería a hacer. Por otro lado, Uruguay tiene cosas divinas y otras que no lo son tanto. Como músico podés abandonar todo porque te agotan un montón de factores en contra, o te hacés fuerte y seguís tu camino. Como dice Kiko: "qué mala es la envidia y la falsedad".
Dos músicos de paladar indomable
Martín Buscaglia viene de defender Temporada de conejos, álbum que tuvo un impacto más moderado que El evangelio según mi jardinero. Si bien este último sintetiza lo que había hecho hasta el momento, fue el trabajo que logró llamar la atención de la crítica y de un público más amplio. Kiko Veneno acaba de lanzar otro álbum solista, titulado Sensación térmica y catalogado como el más experimental desde 1977, que mezcla bases electrónicas, con imágenes surrealistas, rap, flamenco, rock, mandolinas y actitud punk. Sobre su denominación explicó que "es una expresión nueva inventada hace no más de diez o quince años por los meteorólogos" y que su intención "es dejarle al público una temperatura más agradable de la que realmente hace".
Le adjudica a su gusto por The Beatles el hecho de no hacer dos canciones iguales. "Ellos podían hacer un rock, luego un vals y pasar a una canción pop. Todo lo contrario que los grupos de ahora, más encorsetados, que tras encontrar la fórmula del éxito se ponen unas orejeras y siguen su camino sin mirar a los lados". Quizás por eso no le costó tanto notar que en Martín Buscaglia tendría un parcero dispuesto a correr riesgos.