Josep Vicent director de la Sinfónica de Baleares

Logro. El artista mantuvo un largo vínculo con Uruguay

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El director de orquesta Josep Vicent, huésped habitual de la Filarmónica de Montevideo, se instala en Baleares. El hecho merece ser contado con alguna extensión.

Los amantes de la música en Montevideo saben muy bien quién es Josep Vicent. Sus visitas a la Orquesta Filarmónica de Montevideo a lo largo de los años le han regalado un sitial que pocos directores tienen: ser un huésped esperado con la misma ilusión por músicos y público.

Y aunque su carrera no ha parado de crecer, nunca ha dejado de visitar Montevideo, ya fuera para ponerse al frente de la Filarmónica o para participar del Festival de Percusión (su pasión musical primigenia, la que después lo llevó a la batuta), y con mirada atenta ha seguido el desarrollo económico y cultural de Uruguay. Su última visita en 2012 dejó una Séptima de Dvorak para el recuerdo y el estreno de una obra titulada Obertura Montevideo que él mismo hizo componer al español Joan Valent para regalar a la ciudad.

Ha pasado una década y este irreverente director se convertirá ahora en el nuevo titular de la Orquesta Sinfónica de Islas Baleares, a la que llega en plena crisis económica española. No se cansa de hacer mención a Uruguay cuando reflexiona sobre los procesos de recuperación y la salida de las crisis.

El año pasado, a propósito de un posible cierre de la Orquesta Sinfónica de Extremadura por falta de recursos, escribió una misiva que iniciaba diciendo: "Escribo estas líneas desde lejos, dirigiendo estas semanas la Orquesta Filarmónica de Montevideo en Uruguay, emocionado de ver cómo este país, que ha sufrido no hace tanto una de las catástrofes financieras más tremendas de la historia, supo preservar sus instituciones vitales para poder darles vida de nuevo después…" Y esa es justamente su línea de trabajo: el desarrollo económico es posible solamente si se apuesta también por el desarrollo y la sostenibilidad de los proyectos culturales.

"Sostener nuestras orquestas a pesar de las crisis es imprescindible para la educación de nuestra sociedad, para la paz, para la convivencia en nuestras ciudades, para la comprensión de la interculturalidad, para la imagen y el turismo de nuestra tierra, para el legado histórico de nuestros pueblos, para las muchas familias que viven la música, o en la música, o de la música, o con la música… para la sensibilidad y la emoción de nuestro espíritu…", afirma Vicent con entusiasmo y agrega: "cuesta tanto construir y es tan fácil romper las cosas…"

Su trabajo en Islas Baleares comenzará con la nueva temporada 2013-2014 a mediados de este año, pero su agenda está a tope. Acaba de culminar la gira por África con la New World Symphony, ese cuerpo sinfónico juvenil integrado por instrumentistas de todo el mundo que cada temporada realiza un "tour" por distintos continentes y que él seguirá piloteando en los años venideros.

Es un proyecto que lo ilusiona particularmente. Lo llama su "trabajo con las Naciones Unidas de la Música". Eso es para él The World Orchestra. Contó a El País que este año la orquesta estuvo integrada "por miembros de 56 países y nunca hubo ni un momento de dificultad generada por nuestras diferencias culturales".

Además, se prepara para su recorrida anual por América Latina, que lo llevará a dirigir dos programas con la Sinfónica Nacional de Chile en la capital transandina, dos programas con la Filarmónica de Montevideo en nuestro país y dos programas en Brasil. Más de dos meses de trabajo en esta región fermental del planeta.

"Uruguay, fue y es muy importante en mi vida. Montevideo me cautivó. Mi relación con su Orquesta Filarmónica pasó bellas etapas y este año vuelvo a estar con ellos durante varias semanas en mayo y junio. Siempre fue una experiencia inolvidable, la de Uruguay y su gente. Un país culto, a veces acorralado por problemas económicos, casi fagocitado por sus gigantes vecinos durante una época, y que parece resurgir con fuerza…", escribía estos días en su blog, reflexionando sobre el valor patrimonial del candombe: fuerte, visceral, negro y aborigen.

Se ha formado en un crisol de experiencias. Vivió muchos años en Holanda donde realizó sus estudios universitarios; trabajó con jóvenes y con músicas étnicas, fue productor y director de festivales, conoció la precariedad de América Latina y la pobreza de África, vivió en la España fructífera de las últimas décadas y lucha ahora por mantener proyectos en medio de tormentas huracanadas.

Vicent entra ahora en la página donde se inscriben los nombres de los directores maduros, esos que ya tienen su propia orquesta y ponen con responsabilidad su firma en las temporadas musicales. Llega a ese lugar sin perder la ilusión y manteniendo el impulso contestatario que han sido siempre su principal marca. Montevideo reclama al menos la autoría de una porción de esa versátil personalidad musical. Y él, generosamente, la concede.

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