Graciela Alfano

"La vida privada de los artistas es pública"

2007-08-18 00:00:00 300x300

CARLOS REYES

La pareja artística más mediática de Argentina llega al Teatro Metro con la comedia "Cualquier gato callejero tiene una vida sexual mejor que la nuestra". El País entrevistó a Graciela Alfano para hablar de su relación con Matías Alé, de la obra que viene a Montevideo, y por supuesto, de "Bailando por un sueño"

Lo de gato se refiere a eso: un gato de la calle, sin doble intención", aclara Alfano, agregando: "la comedia tiene tres personajes característicos que la gente va a reconocer claramente. Mi papel es el de una mujer histérica, que seduce todo el tiempo, que manipula. Es la clásica que le interesa el hombre que no le da bolilla y cuando le da bolilla ya no le interesa más. Y en definitiva, tiene mal sexo".

A los otros dos personajes de la obra tampoco les va muy bien. Matías Alé hace del típico galán que sale con todas pero que en definitiva no está muy bien con ninguna. Y el tercero, por cuenta de José María Listorti, es el reprimido que no se permite absolutamente nada y critica para los cuatro costados. "Esos tres personajes tienen un vínculo muy particular que da como resultado una comedia con mucho ritmo, donde yo me permito burlarme mucho de mí misma, de mi imagen, y eso a la gente le sorprende enormemente", sigue Alfano.

Según la artista, después de los 50 años "a las mujeres se les abre la jaula, aunque en realidad nos la abrimos nosotras solas. Porque a esta altura ya tenemos los hijos criados, la carrera hecha, y te sentís más segura y con más tiempo para hacer (y decir) lo que querés. Porque la cosa externa no te condiciona tanto, y seguís tus propios mandatos".

Desde esa actitud Alfano está encarando su vida, con una pareja joven por la que está apostando fuerte también en el terreno profesional. Además, el éxito de Bailando por un sueño les sonríe, y con Tinelli a favor, las cosas se hacen más fáciles en esta vida. "En Bailando... pasan cosas insólitas, como que viene uno a decirte que el otro no fue a un ensayo. Y yo me siento como la profesora del curso frente a los alumnos, porque en el fondo, todo es bastante infantil".

- ¿Cómo es ser jurado de "Bailando por un sueño"?

- Para mí es un trabajo diferente porque es de observación pura, donde no tengo absolutamente ninguna creatividad más que la que se precisa para emitir una opinión. A mí me encanta, porque soy muy observadora, pero a medida que avanzó el programa, nos perfilamos más en nuestras personalidades. Supongo que fue porque las cuatro figuras del jurado tenemos tanta identidad que se nos ha permitido un poco más de juego, como las peleas, entre comillas, entre nosotros, para hacerlo de una manera más divertida.

- ¿Recibieron algún instructivo de la producción?

- No, que hiciéramos lo que quisiéramos y que trabajáramos en base a nuestra identidad. Incluso yo a veces busco algún lineamiento, porque estamos tan al borde de todo, pero me dicen que decida yo. Claro que con toda la prensa mirándonos -a nosotros más que a los participantes-, tenemos que dar letra a todos los programas, porque en Argentina de lo único que se habla es de eso. O sea que hay que poder suministrar, generar, este fenómeno que alcanza picos de 45 puntos, que es a veces un descontrol, y uno no puede ni pensar hasta dónde llega porque es demasiado. Y bueno, tengo que hacer la parte que me corresponde.

- ¿Cuál fue la situación más difícil que viviste en "Bailando..."?

- Quizá cuando estaba nominado Matías y hubo que salvarlo. Fue lo más difícil porque me pareció que no era justo para los otros participantes, porque yo quería salvarlo a él. Esto el público no lo sabe porque nosotros en el jurado tenemos nuestros códigos, pero yo les dije que decidieran ellos que yo los iba a acompañar.

- ¿Sentís que sos objetiva cuando lo calificás a Matías?

- Nunca, pero trato. Al comienzo era como que le daba a favor, pero ahora es como que me di cuenta que cada vez que comete un error, yo lo magnifico y le pongo menos nota de la que se merece. Entonces, creo que recién ahora estoy nivelando, porque me fui para un lado, después para otro, y ahora estoy siendo más objetiva.

- ¿No te da pudor exhibir públicamente tus sentimientos?

- Hoy la vida privada de los artistas es pública: ya no hay aquello de lo privado y lo público. Lo que hay es intimidad, y ese límite sí lo pone uno, es decir, cada pareja. Lo que pasa es que yo soy famosa desde hace tantos años que para mí el público es también mi familia. Entonces, muchas veces comparto con la gente asuntos que parecen mi intimidad, porque tienen que ver con la vida sexual, pero lo hago más desde el consejo, sobre todo a la mujer, para que empiece a sentirse dueña de su historia personal.

- ¿Hay mucha presión sobre el jurado?

- Sí, pero trato de no escuchar nada. Incluso intento no ver ningún programa, para ser libre. Porque yo tengo que ser espontánea y auténtica, porque en realidad estoy ahí para puntuar no como una coreógrafa famosísima en el Colón, sino por mi identidad. Entonces yo tengo que estar conectada con lo que me gusta, o no.

- ¿Y qué sentís que aportás como jurado?

- Parto de la base de si me gustó o no me gustó. Inclusive, no me gusta mucho ir a la técnica: eso se lo dejo más a Moria, que es profesora de baile. Yo voy más a la identidad del concursante, y a veces hay gente que no tiene mucha técnica pero transmite muchísimo, y lo que hace es muy artístico. Eso para mí vale mucho.

- ¿Cuál fue la situación más tensa de "Bailando..." ?

- Cuando Gerardo Sofovich me cuestionó sobre como yo estaba puntuando y como yo me refería a los participantes. Me sentí cuestionada. Yo estoy contratada por una producción para hacer un trabajo, y me pareció que no era pertinente que él me estuviera cuestionando. Pero se lo dije muy tranquilamente y después, como hago siempre, lo mimé y todo quedó por ahí.

- ¿Sentís que te subestimó?

- Sí, lo que pasa es que un poco por su personaje de El Padrino, él aconseja a todos. Pero le dije que yo iba a hacer lo que tuviera ganas, porque para esto estoy acá. Y él lo tomó muy bien. A veces a la gente uno tiene que ponerle límite, y entonces el otro también ve ese límite y lo acepta, o no.

- ¿Con cuál del jurado te llevás mejor?

- Con los tres, aunque quizá con Lafauci me río más, un poco porque él, como periodista, me ha hecho notas desde que salí Miss Siete Días, y te estoy hablando de 35 años atrás. Entonces nos conocemos hace tanto que nos adoramos, y como además es el que tengo al lado, es con el que más charlo.

- ¿Cómo te sentiste cuando Tinelli te hizo contar un chiste?

- Bueno, no es lo mío, pero yo meto para adelante. Marcelo quería como que hiciéramos el personaje de Matías entre los dos, y yo no me acordaba de ningún chiste, aunque al final inventé algo y salió bien. Es que en Bailando... vamos haciendo camino al andar, porque estamos creando una cosa que no la hizo nadie antes, que es única, y eso es la televisión hoy: algo que hay que redondear día a día, apostando muchas veces a lo espontáneo.

- ¿No sentís que a veces Bailando... se va para la pavada, como con lo de El Koala?

- Sí, y hay que seguirla: si Marcelo la sigue, uno tiene que seguir al conductor. Siempre hay que seguir la línea que él baja. Tinelli es un mago, un gran buscador que capta enseguida las situaciones de rating y las hace rendir al máximo: por eso hay que seguirlo. Siempre pienso ¿hasta dónde va a ir? Pero bueno, es un programa popular, donde hay una mezcla del glamour con lo bizarro.

Alfano describe a Matías Alé: "Dormía con él y no me había dado cuenta"

"Más allá de hasta dónde llegue, creo Matías ya es el gran ganador de Bailando. Porque logró en poco tiempo un lugar fenomenal en el mundo del espectáculo. Su personaje bonachón, de chiste simple, ha vuelto loco a todos los chicos".

La artista reconoce que Alé "ha tomado algo de mí, observándome, conviviendo conmigo", y que eso le sirvió para elaborar su personaje. Sin embargo también advierte que al principio de Bailando, el asunto le dio vértigo: "Cuando lo vi aparecer me parecía que estaba al borde y pensé que si se pasa, se cae, pero la llevó bien".

Y la idea resultó. Tanto que Alé ya tiene buenos proyectos entre manos, y ella está apostando allí todas sus fichas: "A veces me pregunto cómo yo, que trabajando en teatro siempre precisás bailarines, no lo había descubierto antes. Pero debe ser porque éste es su momento. Pensar que lo tenía al lado, estaba durmiendo con él, y no me había dado cuenta".

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