El ambiente cultural uruguayo vive con gran consternación el fallecimiento del escritor, crítico y ensayista Guido Castillo (1922), una de las figuras relevantes de la llamada generación del `45. Vinculado al Taller Torres García, integró diversas publicaciones de referencia, como Asir y Entregas de La Licorne, cuya secretaría ejerció. También fue crítico teatral, desempeñándose como tal en el diario El País, entre 1966 y 1967.
Castillo formó parte del círculo de intelectuales que rodeó a Torres García y al Taller, hasta que se radicó en España. El escritor conoció a Torres García en 1942 y fue el redactor responsable de Removedor, órgano de prensa del Taller Torres García, desde su primer número de enero de 1945, hasta el último de agosto de 1953.
En cuanto a su labor literaria y docente (que abarca tanto la filosofía como las letras y las lenguas muertas), cumplió una amplia trayectoria, que quedó dispersa en innumerables artículos y algunas obras mayores, como Bueyes perdidos, de 1951 y Pájaros dispersos, de 1962. "En todo lo que Castillo ha escrito hay una disposición muy específica para la paradoja", afirmó sobre el escritor el ensayista Carlos Real de Azúa.