GUILLERMO ZAPIOLA
Como a los italianos Paolo y Vittorio Taviani, cineastas con los cuales han sido a veces comparados por sus métodos de trabajo, a los belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne se los ha llamado alguna vez "el director de dos cabezas". Pueden ser también la demostración de que dos cabezas, cuando están en sintonía, piensan mejor que una: su cine, que incluye películas como La promesa, Rosetta o El hijo (para mencionar solamente títulos que han sido conocidos en Montevideo) pueden figurar entre lo más interesante de la producción europea reciente.
El próximo jueves se estrena en Montevideo El niño, el más reciente trabajo de los Dardenne, que no tiene nada que ver con su anterior El hijo aunque medio planeta tiende a confundirlas, y que obtuvo la Palma de Oro de Cannes en el año 2005. La historia arranca con una joven madre juvenil que acaba de dar a luz su primer hijo. Mientras tanto, el padre de ese niño no solamente se desentiende de él sino que acaba vendiéndolo a una organización de traficantes de bebés. "Ya tendremos otro", le dice a su mujer.
CONTEXTO. Esa conducta se inscribe en un panorama más amplio de miseria, marginación y comportamiento delictivo: alguien ha descrito ya al personaje del padre como una versión moderna del dickensiano Fagin de Oliver Twist.
Quienes conozcan la austeridad y el rigor formal de que los Dardenne han hecho gala en su cine previo recibirán sin sorpresa los elogios que la crítica internacional ha dirigido a su más reciente film. Lo suyo es la negativa al juicio y al editorial, el registro de una realidad que parece transcurrir sin afeites delante de la cámara, la omisión de explicaciones que el espectador inteligente es obligado a extraer por sí mismo, sin que lo lleven de la nariz o le propinen un sermón.
Sin ir más lejos, en El hijo (que era sin embargo un film menor en la trayectoria de los Dardenne) los diálogos aparecían reducidos a lo indispensable, los silencios hablaban por sí mismos, la mínima trama fluía muy naturalmente ante la cámara, y el elenco resistía hasta el asombro su juego de primeros planos. Algunos de esos recursos reaparecerían en El niño, una película donde hay mucha cámara en mano, se prescinde de la música y se apela al sonido directo, emparentando el resultado con el "cinéma verité" que los franceses Rouch, Morin y otros practicaron en los años sesenta.
En el diario La Nación, el crítico argentino Fernando López sostiene que "un film tan agudo en su observación, tan preciso en su puesta en escena y tan rico en sus contenidos invita a ser abordado desde perspectivas diversas". Por su parte el norteamericano Roger Ebert, en el Chicago Sun-Times, afirma que la cámara de los Dardenne se identifica con "la mirada de Dios".
Directores
Los hermanos Dardenne habían llamado la atención con La promesa (1996), una historia sobre los dilemas éticos de un joven belga enfrentado al drama de la inmigración. Antes hicieron cortos y documentales y un par de largos (Falsch, 1987, Je pense vous, 1992), pero La promesa los colocó en la mira de la crítica y los jurados de festivales internacionales. Tras ese film vino la valiosa Rosetta (1999), también Palma de Oro y mejor actriz en Cannes. Luego hicieron El hijo (2002), premio a actor y mención ecuménica en el mismo festival. Con El niño lograron otra Palma.