REBAR
Tiger Woods es el N°1 del golf internacional. Tiene 33 años, y una fortuna de 1.000 millones de dólares, acumulada a lo largo de su excepcional trayectoria. Está casado con una ex-modelo sueca -Elin Nordegren- con la que tuvo dos hijos, una niña y un varón, de dos años y diez meses, respectivamente. Viven en una regia mansión ubicada en Florida (EE.UU), hacia la cual se dirigía Tiger conduciendo su lujosa camioneta en la noche del 27 de noviembre pasado: fue frente a su residencia, que chocó contra una boca de incendio y un árbol. Elin escuchó el formidable ruido de la colisión, y se lanzó afuera para ver qué ocurría. Tiger, atrapado en una posición que le impedía salir del coche, urgía auxilio: ella corrió hacia la casa y volvió al lugar del accidente munida de un palo de golf, con el que rompió los cristales de las ventanillas y facilitó la salida del marido. Ese acto de amor de un ama de casa desesperada, quedó impreso en el rostro del "sobreviviente", con apenas unas heriditas provocadas por los vidriecitos que saltaron de los golpecitos del palito. De este final idílico se ha reído media nación, inclinado a imaginar otra versión... menos edulcorada pero mucho más probable.
Desde tiempo atrás, la sueca sospecha que él se hace el sueco, toda vez que circulan rumores de relaciones extra matrimoniales del supergolfista, que ya estarían superando la docena. Se comenta que Elin, invadida por el chusmerío, aprovechó la situación de convertirse en tigresa en ese viernes negro para, no sólo enrostrarle su reiterada infidelidad sino, además, para darle con el palo hasta sacarle chispas. De ahí las heriditas en el moreno rostro del campeonísimo. Tiger, arrepentido, confesó sus fallas de conducta matrimonial, y admitió que es un multipecador. De momento suspenderá su carrera de campeonísimo, por tiempo indefinido: colgará el palo y se alejará de los hoyos. Bregará por restablecer la paz hogareña, y tratará de evitar que la intención divorcista de Elin -que parece muy firme- se concrete, manejando una cifra de 100 millones de dólares para resarcirse, en parte, de los malos momentos vividos. (En determinado instante, Tiger pensó que arreglaría el caso con un bono de 5 millones de dólares). ¡Qué iluso!... Olvidó que, donde hubo amor, dólares quedan.