El Preludio, desde Bach a Schoenberg

HUGO GARCIA ROBLES

LAS COLUMNAS

La palabra preludio define un fragmento musical que sirve de preámbulo a una serie de trozos o a una obra extensa. Este es el caso de los preludios operísticos de "Los Maestros Cantores" de Wagner y de los que Verdi compuso para La Traviata. En otros, el preludio abre una serie de danzas, como inicio de una suite, de tan reiterado uso en el barroco. También existe el preludio asociado a una fuga. Cientos de preludios y fugas se encuentran en la obra de Bach, Haendel y muchos otros. Así se ve en "El clave bien temperado", los 48 preludios y fugas que Bach escribió en todas las tonalidades para ilustrar la ventaja de la nueva afinación, que suprimía la distinción entre semitono "cromático" y "diatónico".

A lo largo de los siglos, el preludio fue adquiriendo otro sentido y otros usos. En rigor, no responde a una estructura fijada, tiene una gran libertad formal porque no existe una norma que lo defina. Su origen está en el "tiento"o prueba de los ejecutantes de laúd o de teclado (clave y órgano), especie cercana a una improvisación que permitía verificar la afinación y docilidad del instrumento al virtuoso de turno. Por esta razón, por su libertad formal también, se formaban dísticos, como dos alas de una misma ave -como queda dicho- en el período barroco, acompañando con su libertad a las estrictas fugas. La libertad y el rigor conciliados en una sola obra, acompañándose, complementándose.

El siglo de Mozart y Haydn, el del Clasicismo vienés, fue parco en preludios. Por el contrario, el Romanticismo del siglo XIX tuvo reiterada preferencia por él: los espléndidos 24 preludios op.28 de Chopin, Liszt, con su Preludio y fuga sobre el nombre Bach, Brahms con dos para órgano, Franck con su Preludio, coral y fuga y Mendelssohn que compone seis preludios y fugas para piano op.35, son algunos de los ejemplos que muestran esta inclinación.

En el siglo siguiente, Debussy se sirve del preludio por lo menos en dos ocasiones: una, en la serie que dedica al piano, cuyos títulos se colocan al final para evitar toda intención descriptiva. Y dos, el Preludio a la tarde un fauno, que alude al poema de Mallarmée pero evita traducirlo en sonidos. En el transcurso del siglo XX, un verdadero aluvión de preludios son compuestos por los más diversos compositores, distanciados en estilo e intención. No de otro modo podría ser, cuando los autores son personalidades tan diversas que incluyen a Skriabin, Shostakovich, Rachmaninov, Gershwin y Messiaen.

Schoenberg compone su Preludio op. 44 para orquesta y coro, para una suite encargada a varios compositores. El coro se limita a cantar vocales, no palabras. Como se advierte, el preludio tiene una larga trayectoria y no se repite, versátil y libre.

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