El oratorio que generó un ballet

2007-10-03 00:00:00 500x500

FERNANDO MANFREDI

La gran obra de Händel es la urdimbre donde Mauricio Wainrot teje una de sus más aplaudidas creaciones. El Ballet contemporáneo del Teatro San Martín, lo bailará en el Solís, desde el viernes al domingo inclusive.

El Mesías es una obra muy querida por el propio Wainrot, que nace en 1997 como un encargo especial del Ballet Real de Bélgica que necesitaba para su repertorio un trabajo con música barroca. El coreógrafo usó como fuente de inspiración el oratorio de Handel del cual eligió 32 números, ubicando en el punto culminante el famoso y popular Hallelujah.

"Hay algo particular que surge siempre en cada representación de la obra -dice Wainrot- como una elevación conjunta de bailarines y público. El Mesías parece acercarnos espiritualmente". Si bien tiene un espíritu religioso y místico, lo que predomina es el elemento deportivo, casi lúdico. También hay algunas alusiones a la iconografía cristiana, pero en general es una obra más bien abstracta. La elección del color blanco como predominante tiene que ver con que Wainrot quería un cielo y su colaborador de todas las horas, el vestuarista y escenógrafo Juan Gallardo lo representa de esa manera, con un color que remite a la pureza.

La puesta en escena es consecuentemente con esto, sumamente despojada, desprovista de cualquier vestigio de barroquismo. Prácticamente el único elemento escenográfico son una serie de bancos ubicados al fondo de la escena a los que el conjunto vuelve periódicamente como si se trataran de feligreses asistiendo a un templo. Otras veces estos mismos bancos servirán para que una bailarina camine sobre ellos, o, trasladados a los costados de la escena adquieren la fisonomía de una tribuna donde se dispone el grupo en forma coral. Las luces de Eli Sirlin son el complemento ideal e imprescindible precisamente por el despojamiento escénico. Cada matiz, cada sombra tienen un profundo sentido que va más allá de lo puramente físico.

La sensación de elevación hacia lo alto, al ser supremo, se materializa en los permanentes "lifts" (levantadas) que los bailarines practican tanto individual como grupalmente.

Una escena de las más conmovedoras y sentidas es la de la crucifixión: un trío de gran expresividad que muestra en su patetismo el desconsuelo que, sin embargo, no logra superar a la fe.

Aunque las obras de Wainrot tienen siempre una dosis de vértigo, ésta en particular posee una cualidad suave, recóndita, casi romántica. Más que a lo religioso parece apelarse a la mancomunión de los seres, al ideal de una actitud solidaria universal. Cada uno de los bailarines manifiesta su propia personalidad expresando con su cuerpo una felicidad íntima y reflexiva.

Cada uno transita así por diferentes niveles, en tanto la coreografía juega con lo aéreo y lo terreno. No hay cambio de vestuario ni personificaciones, la partitura de Handel tiene mucho peso y es el apoyo para traducir todos los matices posibles de las emociones humanas.

"Lo que más me interesa es que se respete el espíritu original de los textos, sin estar haciendo mímicas o gestualidades, y también desde lo coreográfico y los trajes. Para mí, la obra está hecha dentro de un cielo. La obra está inspirada en El Mesías y es muy espiritual pero no cuento literalmente lo que dicen los textos, porque me parece demasiado ingenuo", señala el coreógrafo.

Es que en El Mesías, "toda la compañía baila -apunta el director-, cada integrante tiene algo que decir, hay muchos roles diferentes, lo que hace sentirse a todos una parte importante del proyecto".

La versión de El Mesías que podrá verse en Montevideo es un poco más extensa que la original y fue completada especialmente para el Ballet Nacional de Chile que la estrenará en 1998. Como pieza coreográfica y por la importancia del conjunto que la trae, el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, constituye a no dudarlo, uno de los hitos más destacados de la temporada 2007. El Solís se ha venido constituyendo, por la fuerza de los hechos, en un epicentro del ballet continental, para beneplácito de un público que se ha acostumbrado a espectáculos de gran calidad y excelente nivel artístico, algo que merece destaque.

Una obra a la que Handel no consideraba religiosa

El Mesías de Handel, ocupa un lugar único dentro de la extraordinaria colección de oratorios creados por el singular músico. Mientras en los demás títulos puede reconocerse una marcada influencia italiana, la música de El Mesías se arraiga en las antiguas pasiones y cantatas alemanas. La mayor parte del libreto procede del Antiguo Testamento. La primera sección se basa en el libro de Isaías, el cual profetiza la venida del Mesías. El resto de la segunda sección se compone de las profecías de Isaías y citas de los evangelistas. La tercera sección incluye citas de Job, San Pablo y partes del Apocalipsis. No fue concebido originalmente como una obra sacra, pero debido a su contenido fue cuestión de tiempo para que se lo considerase como un símbolo tanto en Navidad como en las Pascuas. Su autor compuso la obra en tres semanas.

Un coreógrafo que desea llegar al corazón de la gente

Mauricio Wainrot es de esas personas que se imponen con el aura de la trayectoria, que supera el tiempo.

Es, sin dudas, su gran talento el instrumento que resultó más importante para su consolidación en el mundo como coreógrafo permanente del Royal Ballet Of Flanders, de Bélgica, donde está desde hace once temporadas. O en Les Ballets Jazz de Montreal, o la Hildes-heim Stadttheater de Alemania, por mencionar algunas de las más de 40 compañías europeas y americanas con las que ha colaborado. Y por supuesto no es casual mencionarlo a lo último, como Director Artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

En 1985, inició su carrera internacional que lo llevó a colaborar con algunas de las más destacadas compañías europeas y americanas, entre las que figuran el English National Ballet, The Cincinnati Ballet, The Juilliard Dance Ensamble de Nueva York, o latinoamericanas como el Ballet Nacional de Chile.

Creó, entre otras obras, Carmina Burana, Un tranvía llamado Deseo, La consagración de la primavera y Perpetual Motion. Su aporte coreográfico se caracteriza por una gran exuberancia física donde la agilidad, la fuerza y la dinámica juegan un rol preponderante. "Es un estilo que he impuesto, -afirma- mis obras son siempre muy dinámicas. Cuando trabajé en el Sodre e hice Consagración de la Primavera, ello se notó muy claramente, con gran actuación del Cuerpo de Baile".

Esta actitud frente al ballet como disciplina no es casual sino fruto de la experiencia personal y de su actitud frente a la danza. "Para mí tiene que ver con la esencia del propio bailarín que para mí es un atleta-artista. Tiene que ver con la manera como cuento una historia o creo una atmósfera".

Grupo con prestigio y talento

El Ballet del Teatro San Martín es una compañía de danza contemporánea de carácter oficial que pasa hoy por uno de sus mejores momentos en el aspecto artístico. Cuenta además con una escuela que es un semillero permanente de nuevas figuras. En esta escuela, los bailarines se van formando con la filosofía impresa por el propio director, trabajando las obras ya incluidas en el repertorio.

Wainrot ha sido director de esta compañía por muchos años, primero de 1982 a 1985. En 1999 se vuelve a hacer cargo de la compañía hasta el momento actual. Este cuerpo de baile se financia con los impuestos que pagan los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires, dado que casi no se tienen patrocinadores privados. El costo accesible de las entradas (uno de los postulados sostenidos en el tiempo por Wainrot) acerca al San Martín un público que comprende a todas las clases sociales y todas las situaciones económicas.

Desde aquel núcleo original creado en 1977 por Ana María Stekelman a instancias de Kive Staiff, el conjunto ha dado una gran prueba de continuidad y vigencia que pocos conjuntos en nuestra región pueden ostentar. Las destacadas figuras emanadas del Ballet Contemporáneo del San Martín hoy se destacan en el mundo y hablan a las claras de las bondades de una formación que sabe de exigencias técnicas, pero también de la calidad de una formación que prioriza la interioridad.

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