El genio que se volvió europeo

| El cineasta parece encontrar nueva inspiración en una historia de adulterio y crimen en Londres

MUSA. La sugestiva Scarlett Johansson se ha convertido en fuente de inspiración para el cineasta. 200x103
MUSA. La sugestiva Scarlett Johansson se ha convertido en fuente de inspiración para el cineasta.

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Diciembre de 2005 fue un mes memorable para Woody Allen. El 1 de diciembre, el cineasta cumplió 70 años, y el 28 se estrenó oficialmente Match Point, su trigésimo quinto film, que llega el viernes a Montevideo.

Allen ha sido uno de los cineastas más constantes de Estados Unidos desde hace muchos años. Desde 1970, sólo en cuatro ocasiones ha dejado de estrenar una película al año y no hay razón para pensar que no seguirá siendo tan productivo en los años por venir. Su padre, Martin Konigsberg, tenía 100 años al morir en 2001, mientras que su madre, Netty Konigsberg, murió en 2002 a los 95 años de edad.

No obstante, los aniversarios duales constituyen una ocasión adecuada para hacer un repaso de Allen que, como escritor, director, actor y defensor a ultranza de la ciudad de Nueva York, ha sido una presencia continua en el ámbito cinematográfico casi desde Robó, huyó y lo pescaron (1969), su primera película como director, excepción hecha del film japonés de espías doblado al inglés con el título ¿Qué pasa Tiger Lily? (1966).

Fuera de la pantalla, Allen ha evolucionado desde ser un convencional comediante en vivo en los años 60 hasta un improbable símbolo sexual e intelectual en los 70, de uno de los cineastas más respetados del mundo en los 80 hasta el objeto de sucios chismes amarillistas en los 90. Hoy en día, él se encuentra entre ser una imagen de patriarca y la irrelevancia, dependiendo de lo que se piense de su película más reciente. Y después de Melinda y Melinda (2004) y Match Point (2005), los rumores de obsolescencia e incapacidad de salirse de su propia sombra han dejado su lugar a frases como "renacimiento a fines de la carrera."

No obstante, a fin de cuentas a Allen se le juzgará por sus películas, no por su personalidad pública. Al igual que Charlie Chaplin -como Allen, escritor, director y estrella de películas cómicas que aspiraban a tener profundidades dramáticas y que también fue acosado por chismes sexuales- con el tiempo, Allen el icono público se esfumará de nuestra vista, dejando tras de sí una obra que será su legado.

ETAPAS. En retrospectiva, la carrera de Allen a la fecha se divide en tres periodos distintos. En un principio, basándose en su trabajo como escritor de comedia y cómico en vivo, Allen -como Mel Brooks, con quien trabajó escribiendo Your Show of Shows (1950-1954) de Sid Caesar- se estableció en el cine con comedias bastas basadas en la parodia de géneros.

Sin embargo, las primeras películas de estos dos hombres reflejan su diferente gusto en cine: mientras Brooks se cebó en películas de monstruos, de vaqueros, el cine mudo y de suspenso a la Hitchcock, Allen parodió películas de gángsters en Robó, huyó y lo pescaron, dramas revolucionarios en Bananas (1971), ciencia ficción en El dormilón (1973) y epopeyas europeas en La última noche de Boris Grushenko (1975).

Aunque estas películas -a las que un crítico ajeno se refiere como "tus primeras películas, más divertidas" en Recuerdos (1980)- despliegan el ingenio y su aguda visión para la parodia, fueron asuntos de prueba y error, que pasaban de una situación a otra sin mucha integración. Un persistente rumor le atribuye al asesor de edición Ralph Rosenblum haber "rescatado" Robó, huyó y lo pescaron y, aunque Allen mostraba más confianza como director en cada película sucesiva, seguía pareciendo rehén de las risas, poco dispuesto a confiar en que sus personajes o su historia llevaran el peso de la película.

El primer período de Allen llegó a su fin con su primera obra maestra indiscutible, Dos extraños amantes (1977). Aunque todavía dispersa e inclinada a favorecer la risa sobre la caracterización, este film representó un tremendo éxito -le valió premios de la Academia a la mejor película, mejor director, mejor guión y, para Diane Keaton, a la mejor actriz- al abandonar la parodia de género en favor de una comedia de costumbres contemporánea. En cierto sentido fue una reunión: como cómico en vivo, el material de Allen había sido él mismo, su vida romántica y la parte acaudalada de Manhattan en donde él vivía. Dos extraños amantes llevó a la pantalla estos tres temas.

DRAMATICO. El éxito de ese título dio a Allen más confianza y lo llevó a un periodo más maduro de películas sofisticadas y ambiciosas, en la que el drama recibía igual peso que la comedia. Interiores (1978) fue un experimento bergmanesco que falló por el lado de la ambición dramática, con finas actuaciones y una hábil dirección, obstaculizado por un guión estólido y demasiado consciente de sí mismo, casi carente por completo de humor.

Pero le demostró a Allen que era capaz de manejar el drama directo y en su siguiente film logró el balance adecuado. Manhattan (1979), fue la segunda obra maestra de Allen. Algún escéptico la llamó una "Dos extraños amantes sin las risas", pero en realidad tuvo muchas risas, aunque éstas no surgían de situaciones cómicas, sino de una descripción honesta de personajes graciosos. También reveló el gusto visual de Allen que, con el camarógrafo Gordon Willis, utilizó ricas imágenes en blanco y negro para presentar una ciudad de Nueva York ultra-romantizada, y una sólida banda sonora con melodías clásicas de Gershwin. Estos dos factores fueron un progreso para un director que había sido criticado como "director de guiones", más que como director de películas.

EXPLOSIONES. En los siguientes años, Allen habría de producir sus mejores películas, con comedias más abiertas, como Zelig (1983), Broadway Danny Rose (1984) y La rosa púrpura del Cairo (1985), para sumergirse después en aguas oscuras con Hannah y sus hermanas (1986), La otra mujer (1988) y Crímenes y pecados (1989). Sin embargo, las comedias tenían tramas sustanciales y personajes sólidos y dramáticos -por lo general interpretados por su nueva musa y pareja en la vida real, Mia Farrow- los dramas, por su parte, tenían vívidos elementos cómicos.

La imaginación de Allen parecía desatada e incluso cuando una película se quedaba corta -por ejemplo, la vaga Comedia sexual de una noche de verano (1982) y la melodramática Setiembre (1987)- de todos modos estaba llena de detalles agudos y perspectivas intrigantes.

Allen inició los años noventa con dos de sus mejores películas, la fantasía de Alice (1990) y la oscura comedia matrimonial Maridos y esposas (1992). Pero, para cuando se estrenó esta segunda película, él se vio atrapado en un frenesí amarillista como nunca antes había vivido y que, de hecho, habría de poner fin a su periodo de culminación como artista.

Farrow descubrió el idilio de Allen con su hija adoptiva, la estudiante universitaria Soon-Yi Previn -adoptada en su matrimonio anterior con André Previn- lo que desató una espectacular ruptura, en el que incluso se llegó a acusar a Allen de haber abusado de los hijos menores de la pareja. Allen admitió su romance con Previn pero rechazó categóricamente las acusaciones de abuso. Tampoco ayudó el hecho de que Maridos y esposas hablara de la ruptura del matrimonio de un profesor universitario (Allen) y su esposa (Farrow), en medio de la atracción del esposo por una de sus alumnas (Juliette Lewis).

EXPUESTO. Aunque anteriormente Allen había sido decididamente discreto, ahora se vio obligado a ventilar su vida privada en público, primero ante la prensa y después en un juicio legal muy disputado. Se separó de Farrow, posteriormente se casó con Previn en 1997, con quien tuvo dos hijos, y logró combatir la acusación de corrupción de menores.

El brillo público fue intensamente incómodo para Allen, que estaba más acostumbrado a presentarse en los programas nocturnos de entrevistas que a ver que su vida privada fuera objeto de los chistes de sus anfitriones. En la pantalla, él respondió abandonando toda referencia autobiográfica y desdeñando el drama en favor de una comedia descarada.

A raíz del escándalo, produjo Un misterioso asesinato en Manhattan (1993), Disparos sobre Broadway (1994), Poderosa Afrodita (1995) y el musical Todos dicen te quiero (1996). Estas fueron de sus mejores comedias -Disparos sobre Broadway fue particularmente exitosa- y tenían el característico toque de humor de Allen, aunque carecían del peso dramático de sus películas de los años ochenta.

Su único trabajo oscuro y sustancial de ese periodo fue Los secretos de Harry (1997), un cáustico retrato de un novelista hedonista y autoengañado, interpretado por el propio Allen. Mucho se rumoró que el personaje estaba basado en el escritor Philip Roth, con quien Farrow anduvo brevemente después de separarse de Allen.

Sin embargo, en las películas de los años 90 y de este siglo cada vez aparece menos Allen en las historias y en la pantalla. Después de haber protagonizado la mayoría de sus primeras películas, Allen no aparece en Celebrity (1998), Dulce y melancólico (1999), Melinda y Melinda y Match Point, y tiene sólo un papel de reparto en La vida y todo lo demás (2003).

Sería muy exagerado decir que Allen fue un pionero. Si bien su estilo de comedia tuvo descendientes en Seinfeld (1990-1998), las películas de Nora Ephron y otros, también encuentra antecedentes en el trabajo de Bob Hope, Jack Benny y los hermanos Marx. Su paso de la comedia a una forma más rica de drama cómico siguió el camino previamente transitado por Chaplin y Jerry Lewis, y posteriormente por Steve Martin.

EUROPEO. En cierto sentido, el gran logro de Allen ha sido vivir en Estados Unidos una carrera cinematográfica europea. Allen es reverenciado en Europa y, sobre todo, en Francia, y no es nada raro: su fuerte huella como autor, su tendencia a la autobiografía, su inclinación por el humor antisocial y su absoluta indiferencia por las modas de Hollywood -no sólo cuando le eran ajenas sino también cuando, a fines de los setenta, él mismo era el héroe del momento- son, definitivamente, esencialmente europeas.

Por haber nacido en Brooklyn, vivir en Manhattan y centrar casi todas sus películas en Nueva York, Allen fue la opción natural para representar a la ciudad cuando, en su primera aparición en muchos años, asistió a la entrega de premios de la Academia para presentar un homenaje a las películas sobre Nueva York, a raíz de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Sin embargo, Match Point y la próxima, Scoop, las realizó en Londres, y Allen ha sido muy claro en cuanto a alabar la experiencia de haber trabajado ahí.

Si este estadounidense original termina como cineasta europeo después de todo, quizá eso no represente más que el fin de una etapa que le llevó cuarenta años de realización.

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Tras Match Point, Woody Allen volvió a Londres para hacer Scoop, también protagonizada por Scarlett Johansson. Esta vez Johansson interpreta a una estudiante de periodismo que investiga una serie de asesinatos mientras estudia en la capital inglesa. Otros intérpretes son Hugh Jackman, Ian McShane y James Nesbitt.

El propio Allen se reservó en la película un papel secundario, el del padre de Johansson. Según Woody, se trata de "una buena parte para que yo la actúe, y lo voy a hacer".

Allen no actuó ni en Melinda y Melinda ni en Match Point. Su papel en Scoop será el primero que haga desde que estuvo delante de cámaras, también con participación secundaria, en su película La vida y todo lo demás (2003).

En una entrevista publicada en la revista Vanity Fair en la que se extendió sobre Scoop, Allen dijo que había aprendido muy poco con los años. "No he ganado más perspicacia ni he madurado", afirmó, agregando: "Creo que cometería los mismos errores de nuevo". En todo caso ha decidido cometerlos en Europa: Scoop es el segundo film londinense de este inveterado neoyorkino.

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