GUILLERMO ZAPIOLA
Hoy se estrena Sahara, film de aventuras dirigido por Breck Eisner y protagonizado por Matthew McConnaughey y Penélope Cruz basado en el "best seller" homónimo de Clive Cussler. Ya ha sido dicho que se trata de la primera incursión cinematográfica del personaje Dirk Pitt (McConaughey), mezcla de bucanero inescrupuloso y héroe romántico con una dosis de conciencia social. El hombre busca antiguo tesoro en Nigeria, en el fondo del río Níger, mientras la doctora Eva Rojas (Cruz) investiga para la Organización Mundial de la Salud los orígenes de una enfermedad mortal que está adquiriendo dimensiones de epidemia.
A cierta altura comprenderán que sus dos objetivos tienen un punto en común: algo que ocurre en el río, y especialmente en la vecina república de Mali (sacudida por una guerra civil) que puede ser descrito como "el Chernobyl del Atlántico". Allí se inicia una desesperada carrera contra el tiempo para evitar una catástrofe, interferida por agentes al servicio del tirano local.
Desobedeciendo órdenes, la doctora y sus colegas se internan en Mali y descubren un gigantesco depósito de desechos tóxicos. Pronto deberán ser rescatados por Dirk y su astuto ayudante y amigo Al Giordino (Steve Zahn), a cuyo cargo corren, como lo ordena la tradición, las frases ingeniosas intercambiadas con el héroe.
PENELOPE. En alguna nota previa se ha señalado que Sahara constituye para la industria norteamericana un deliberado esfuerzo por afianzar la carrera de su protagonista McConnaughey, afirmar su perfil de "héroe de acción" y establecer las bases de una franquicia (las aventuras de Dirk Pitt) que pueda tener continuidad. Pero al mismo tiempo se trata de relanzar de alguna manera a Penélope Cruz, quien en Hollywood no ha conseguido hasta ahora un éxito equivalente al de sus mejores aportes españoles.
La prensa norteamericana sigue refiriéndose a ella como "la chica Almodóvar", pero ha pasado bastante tiempo (y también un buen número de películas) desde que Cruz encarnara a la monja embarazada y enferma de Sida de Todo sobre mi madre, y saltara luego al cine norteamericano.
Su carrera tuvo una primera culminación con Vanilla Sky, no sólo por ser una "remake" estadounidense de una película que hiciera en España (Abre los ojos, de Alejandro Amenábar) sino por dar comienzo a su publicitado romance con Tom Cruise, que duró dos años y la colocó en la portada de todas las revistas. Todavía le falta probar que es una real estrella cinematográfica, pero Sahara puede ser una buena oportunidad para ello.
Preparaciónagotadora
Explicando las razones que la llevaron a aceptar participar en Sahara, Penélope Cruz ha señalado: "Me apetecía mucho ser parte de una película de acción y aventura, una película para toda la familia. Y no había encontrado hasta ahora el proyecto adecuado, con un personaje que me llenara. Normalmente, lo que había leído antes me parecía que el personaje femenino estaba ahí un poco por estar y no tenía mucha fuerza ni mucha importancia en la historia. Y en este caso el personaje de Eva Rojas es necesario para la historia y salva al héroe tantas veces como él la salva a ella. Y tiene sentido del humor, es una mujer inteligente".
Penélope tuvo que trabajar realmente para lograr algunas de las escenas: "Por ejemplo, la escena de los camellos fueron dos meses de preparación y es una escena de un minuto y pico, y me parece la mejor escena de la película. A mí me daba terror al principio, cuando me dijeron que había que galopar a cuarenta kilómetros por hora al lado del tren, en medio de los dos chicos. Casi todo somos nosotros, menos el salto. Ahora mismo, yo puedo galopar un camello después de haber hecho la película, pero el día que me lo dijeron pensaba que estaban locos. Tuve pesadillas, no sabía cómo decirle a Breck que no me parecía una idea hacerlo nosotros, pero después de entrenar lo hicimos y luego no había quién nos bajara del camello".