A. LALUZ
Entre el 11 y el 21 de mayo de 1961, Ella Fitzgerald realizó un memorable ciclo de actuaciones en el club del empresario Gene Norman, The Crescendo, ubicado en el Sunset Boulevard de Los Angeles. A esa altura de su carrera -la cantante nacida en Newport, Los Angeles-, había grabado algunos de sus más importantes discos y ya era considerada como una de las voces más creativas, importantes e influyentes del jazz. No necesitaba presentaciones ni lanzamientos especiales: estaba en su plenitud.
Para ese ciclo, su entonces representante y gran promotor del jazz, Norman Grantz, tuvo la brillante idea de grabar cada uno de los conciertos con miras a una edición con el sello Verve, que salió ese mismo año (Ella in Hollywood) con sólo doce canciones. Y el numeroso resto de tomas que no entró en esa edición fue confinado al silencio de un archivo. Pero como no hay mal que dure cien años (ni archivo que lo resista), ese valioso material está ya a disposición de los melómanos en una lujosa y muy cuidada edición de Universal titulada Twelve night in Hollywood, con casi ochenta canciones y cuatro horas de grabación. La edición cumple así con un deuda histórica, y a la vez rinde homenaje a los noventa y dos años del nacimiento de Ella y los trece de su fallecimiento.
Es entonces la oportunidad de escuchar a una verdadera diva de la canción en el mejor momento de su voz, y acompañada por un cuarteto de miedo: Lou Levy, Wilfred Middlebrooks, Gus Johnson y Herb Ellis, que, según cuentan las crónicas de aquella época, variaban totalmente el repertorio en cada concierto.
En aquellas noches íntimas en The Crescendo, muchos de los compositores hoy considerados como fundamentales de la canción estadounidense (los Gershwin, el notable Cole Porter, la potente sociedad de Rodgert y Hard, Harlod Arlen... en fin, la lista es bien conocida) tuvieron las interpretaciones definitivas de sus creaciones. La versatilidad en el tratamiento de las intenciones expresivas, el control de la dinámica y proyección del sonido, el scat de increíble virtuosismo, y, obviamente, su enérgico swing eran los rasgos que hicieron de Ella la voz ideal para piezas como Caravan, Round midnight, The lady is a tramp.
La gran voz del jazz
"La primera dama de la canción", "Lady Ella", o simplemente: la gran Ella Fitzgerald. Así la reconocen todos, incluso sin dominar en profundidad su extensa trayectoria. Es que Ella trascendió los límites del jazz, para dominar con soltura múltiples géneros como la bossa nova, el samba, el gospel, el blues, swing. Ella nació en Newport, el 25 de abril de 1917, y falleció el 15 de junio de 1996, en Beverly Hills. A lo largo de su carrera dejó más de veinte títulos discográficos, que son testimonio de una obra fundamental e innovadora, al punto que la elevan, junto a Sarah Vaughan y Billie Holiday, como una de las voces más innovadoras e influyentes de este histórico género.