FABIÁN MURO
Alguna vez, el cambio por el cambio mismo, la exploración de estilos y sonidos nuevos, era una virtud en el rock. Eso fue, parece, hace mucho tiempo. Una banda como AC/DC demostró que se puede mantener una carrera durante décadas con mínimas variaciones en un esquema. Para poder hacer lo que hizo AC/DC se necesita, además de tozudez, talento y un extenso conocimiento del relativamente limitado material -esencialmente, rhythm & blues distorsionado y acelerado-con el cual se va a edificar esa trayectoria.
Doberman, el cuarteto de hard rock uruguayo, se propone recorrer el mismo camino que los australianos. La parte terca es la más fácil de adoptar. El talento es otra cosa. Sin embargo, estos jóvenes músicos no carecen de dotes para reproducir lo ya hecho por el grupo ya mencionado y otros, todos del "palo" de rock duro (Deep Purple, Rainbow, Guns & Roses, etc.). La dupla de guitarristas se desenvuelve con solvencia y el cantante y bajista Nacho Obes tiene una garganta perfecta para el estilo, con agudos ásperos y potentes.
En su segundo disco, los músicos matizan un poco lo que demostraron en el debut con algunas canciones de mayor impacto melódico,y tocadas con algo menos de urgencia. Como en Solo, probablemente lo más cercano a una balada que esta banda llegará jamás, o Para recordar. Bastante parejo, El último en pie no depara ninguna sorpresa. De lo que se trata es de ser fiel a un estilo donde las guitarras y la voz son protagonistas y en el cual la base rítmica debe ser lo más espesa y contundente posible. Resta comprobar cómo los músicos llevarán este repertorio al escenario cuando presenten el disco el próximo jueves en la Sala MovieCenter.