Debussy como "Señor Corchea"

Hugo García Robles

El tránsito de la música del siglo XIX al siguiente se cumple con un aporte importante y hasta determinante de Claudio Debussy. Quizá se sepa menos que, además de compositor, el maestro francés fue un activo crítico musical bajo el nombre de "monsieur Croche, antidilettante". Sus textos son agudos y muy disfrutables, aunque no siempre se coincida con sus puntos de vista, expresados con mordacidad afilada y muchas veces con sangriento humor.

Ha habido ediciones en español de esos textos, quizá el último sea el recogido en la añorada colección de música de Alianza Editorial, como El señor Corchea y otros escritos, que constituye una recopilación casi completa, con incorporaciones de entrevistas y conversaciones mantenidas por Debussy, rescatadas de las publicaciones de su tiempo.

La carrera de Debussy crítico se inició el 1º de abril de 1901, en "La Revue Blanche", continuándose durante ocho entregas de la publicación. Luego comenzó a publicar en "Gil Blas" durante casi todo el año 1903 y al margen de colaboraciones en otros medios, como el "Mercure musical", su trayectoria como crítico se encuentra allí. La idea de reunirlas y publicarlas en un volumen asalta a Debussy a partir de 1906, pero las demoras llevan el proyecto hasta el año 1914 y entonces el estallido de la Primera Guerra encuentra al libro en las prensas en Bélgica, lo cual demora la aparición hasta 1921, cuando el músico ya había desaparecido.

Como muestra del humor y la acerada ironía de sus apreciaciones los ejemplos abundan. Por ejemplo, comenta la manera de dirigir de Camilla Chevillard en estos términos: "Es de agradecer también que el señor Chevillard se abstenga de la pantomima tauromáquica habitual en ciertos directores de orquesta internacionales. Esas maneras de clavar banderillas en la cabeza de un corno inglés o de amedrentar con un gesto de matador a los pobres trombones, resultan muy desconcertantes".

Con relación a las diferentes maneras de dirigir las sinfonías de Beethoven vuelve a ejercer su ácido estilo y dice: "Unos acelerarán, otros retardarán y es el bueno de Beethoven quien saldrá perdiendo. Personas graves e informadas declararán que tal o cual director de orquesta posee el verdadero ‘tempo’, lo que, por otra parte, es un excelente motivo de conversación. ¿Dónde adquirieron tanta seguridad estas personas? ¿Recibieron confidencias del más Allá?. Amabilidades de ultratumba que me extrañarían mucho en Beethoven. Si su pobre alma deambula por una sala de conciertos, ¡no tardará en elevarse a toda prisa hacia ese mundo donde sólo se oye la música de las esferas! Y el gran antepasado, J.S.Bach le dirá un poco serio: ‘Mi pequeño Ludwig, veo en vuestra alma, un poco crispada, que seguís frecuentando lugares poco recomendables’. Aunque quizá no se hablen nunca".

Otras veces, sin ironías ni sarcasmos, estampó observaciones penetrantes. Sobre Bach: "En la música de Bach no es el actor de la melodía lo que emociona, es su curva; incluso, más a menudo, es el movimiento paralelo de varias líneas cuyo encuentro, sea fortuito, sea preparado, despierta la emoción". Y sigue: "Es bien sabido que jamás se oye silbar a Bach... homenaje vocal que no falta a Wagner: en el bulevar, a la hora en que salen los prisioneros de lujo de las cárceles musicales, se llega a oír "silbar" La canción de la Primavera o la frase inicial de Los maestros cantores."

Su ironía vuelve cuando reseña la actuación de la Filarmónica de Berlín dirigida por Nikisch. Alude primero a la concurrencia: "Todos los oídos famosos y atentos con que cuenta París estaban allí, ¡extrañas y encantadoras damas, sobre todo! Es el mejor de los buenos públicos para quien sepa utilizarlo; basta apenas un porte elegante o un mechón de cabellos románticamente atormentado para asegurarse su entusiasmo. El señor Nikisch tiene el porte y el mechón y además reúne, felizmente, cualidades más serias; por otra parte, su orquesta está maravillosamente disciplinada; se siente uno en presencia de personas que sólo se preocupan de hacer música en serio; graves y sencillos como los personajes de un fresco primitivo, algo tan conmovedor como raro".

La lectura de estas notas críticas del Señor Corchea son una fuente de interesantes conceptos y una modo, sesgado a veces por el humor, de enterarse un poco más de la visión que tenía Debussy de sus colegas y de la música. Reina en este sentido la coherencia y no desdice de lo que su propia obra trasmite.

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