Curtidores de Hongos cerró la noche con su celebración

Centenario. La murga más longeva no se mostró nostálgica

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"Curtidores" es la primera murga que cumplió cien años en actividad. Lo festeja con un espectáculo que no hace revisionismo histórico ni denota nostalgia. Es en sí mismo una fiesta, ágil y colorida, con pasajes poéticos.

La murga centenaria contagió a las 4.000 personas que permanecieron en el Teatro de Verano a pesar de la amenaza de lluvia. El jurado decidió darle luz verde a la función y Curtidores de Hongos salió a ganar jugando con su cumpleaños número cien en un país que acaba de celebrar su Bicentenario. "¿No será mucho para un país tan chiquito?", se pregunta el colectivo, haciendo críticas a la sociedad y al sector político. El espectáculo resulta completo porque es un viaje por distintos climas y estados de ánimo.

¡Luz, cámara, acción!: una murga prepara un documental sobre su historia. Con picardía habla de su evolución pero sin hacer grandes paradas y hasta se autoparodia cuando cambia la letra de Somos novios de Armando Manzanero por "somos obvios", en referencia a su discurso.

Al momento de hacer reír se lució explotando a Jaime Roos como personaje y voz en off del documental 3 Millones y a las acusaciones de racismo que cayeron sobre Luis Suárez, proponiendo canciones clásicas en las que había que sustituir la palabra "negro" por otra. Un salpicón de actualidad en el que criticaron el romance de Pierrot y Colombina, las tensiones entre Vázquez y Argentina y el triunfo de Cristina Kirchner, dio lugar a un remate a medida: "no hay mal que dure cien años salvo los Curtidores".

La baja de la Ley de Imputabilidad tuvo un espacio central con la teatralización de dos niños de la calle, con el mismo enfoque que otras murgas: cuestionar a la sociedad sobre el tratamiento que se les hace, instando a una mayor sensibilidad teniendo en cuenta su trasfondo familiar y su historia. Pero poco se exige a nivel oficial. Curtidores levantó la copa simbólicamente con todos sus colegas, mostrando pocas dosis de nostalgia y un estilo tradicionalista.

Yambo Kenia le echó mano a Shakeaspeare y la obra Sueño de una noche de verano, aunque tomándose libertades y sumando historias paralelas.

La murga Cero Bola, la primera integrada exclusivamente por mujeres, que tiene entre sus miembros a la cantante y productora Lea Bensassón, logró buen nivel de comunicación con la platea. Sin llegar a ser un discurso feminista, el de Cero Bola estuvo enfocado a una visión femenina del mundo y a desmistificar creencias. Desenmascarando mentiras, el coro de mujeres -que sigue siendo una novedad para el género murguero y al que todavía cuesta adaptar el oído- habló sobre lo incómoda que es la menstruación y sobre los orgasmos falsos. Pero también se refirió a situaciones cotidianas con tono gracioso y hasta inocente, manejando un lenguaje muy directo. "Es mentira que si la murga cambia se muere el Carnaval", fue una de las mejores frases del guión. Por su parte, el grupo de humoristas Virgilio`s comenzó a ritmo de cuarteto, con globos y colores cual si fuera un show para niños. Sumó muchos lugares comunes que provocaron la risa.

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