Cuando están en juego algunos valores democráticos esenciales

Critica | GUILLERMO ZAPIOLA

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Conviene aclarar desde el principio lo que esta inteligente película no es. No se trata, o por lo menos no en primer lugar, de una crónica sobre los años de Joe McCarthy, cuando ese senador por Wisconsin disparaba a diestra y siniestra (sobre todo a siniestra) acusaciones acerca de la infiltración comunista en diversos sectores de la sociedad norteamericana. Si esa hubiera sido realmente la intención del director, libretista y actor George Clooney, habría que pedirle un mejor examen del contexto histórico, por ejemplo la constancia de que el pánico al comunismo en los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial no fue un invento de McCarthy sino que tuvo otros responsables, comenzando por Stalin. Por supuesto, ello no impide que McCarthy fuera un demagogo y un irresponsable que se llevó por delante a las garantías individuales, transgredió numerosos principios del estado de derecho y terminó perjudicando más que ayudando a la causa que decía defender. Desde hace cincuenta años hay que soportar que se tache de "maccarthysta" a cualquiera que se oponga al comunismo, aunque lo haga con mejores argumentos que el viejo Joe.

Sin embargo Clooney apunta a otro lado, y lo primero que hay que agradecerle es que no practique el tipo de ataque "ad hominem" y trampa demagógica de la que acusa correctamente a McCarthy. Elige en cambio una perspectiva limitada y específica, se aferra a ella, y logra un resultado verdaderamente estimable. El tema es el combate contra McCarthy emprendido por el periodista Ed Murrow (David Strathairn, de Everwood, en el papel de su vida) y su equipo de la CBS, y los decorados son apenas un estudio de televisión, la sala de periodistas, un bar cercano, el departamento de uno de los personajes. No hay desvíos hacia la vida privada de los personajes (excepto, brevemente, el matrimonio integrado por Robert Downey Jr. y Patricia Clarkson, y ello solamente en la medida en que se ve afectado por las políticas de empleo de la compañía), ni hay un ensañamiento con su villano: es obvio que a Clooney y a los héroes de su film no les gusta McCarthy, pero no lo caricaturizan. Uno de sus mejores hallazgos radica en el hecho de que mientras los demás personajes son interpretados por actores, las apariciones del senador por Wisconsin provienen de materiales de noticiero, incluyendo su apelación al derecho de respuesta en el programa del propio Murrow en el que no levantó un solo cargo de los que se le dirigieran, dedicándose en cambio, él sí, a un ataque "ad hominem". Si el espectador sale del cine con la sensación de que el viejo Joe fue un tipo desagradable no es culpa de Clooney. La culpa la tiene el propio McCarthy (y hasta puede resultar, de pronto, casi conmovedor, su imagen de desvalimiento durante los debates parlamentarios que marcaron el principio de su fin).

Quien quiera saber más sobre el maccarthysmo quizás deba comprarse un libro: allí va a saber, entre otras cosas, que Murrow fue uno de los muchos periodistas y políticos que se enfrentaron a los cazadores de brujas, y no Gary Cooper saliendo a la calle principal para poner el pecho contra las balas, el solo, bajo el sol del mediodía. La política norteamericana de los años cincuenta, como la de otros años, fue un asunto complejo, no el O.K. Corral. Pero para quien quiera participar, en cambio, en un debate inteligente sobre temas como la ética periodística, el respeto a las garantías individuales, el modo como los auspiciantes pueden influir y torcer el deber de los medios (y el derecho del público) a una información veraz, ésta es su película para él. "Disenso no es traición", declara Murrow en un film hecho en unos Estados Unidos donde mucha gente parece creer que criticar al gobierno es estar a favor de Al Qaeda, y los medios son mucho más dóciles que en los años cincuenta. Para transmitir sin sermones esa idea (bueno, hay algún discurso algo explícito al final) Clooney ha hecho una película "chica", casi un docudrama, donde el blanco y negro es una deliberada opción estética que permite integrar muy naturalmente el material de archivo, donde el elenco rinde al nivel que se le pide, y donde el clima de época se ve reforzado por las estupendas canciones incorporadas por la cantante negra Dianne Reeves. Un film muy norteamericano, por cierto: en el probable limbo para buenos masones, los más sensatos de los Padres Fundadores de los Estados Unidos (Tom Jefferson, Ben Franklin, el insustituible James Madison) deben de estar aprobando el trabajo de Clooney, su reivindicación de la ética y de algunas libertades esenciales. Sin duda hay también algunos "neocons" enojados.

Director. George Clooney.

Libreto. George Clooney, Grant Heslov.

Fotografía. Robert Elswit.

Productor. Grant Heslov.

Elenco. David Strathairn, Robert Downey Jr., Patricia Clarkson, Ray Wise, Frank Langella, Jeff Daniels, George Clooney, Tate Donovan, Tom McCarthy, Matt Ross.

Estados Unidos 2005.

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