MATÍAS CASTRO
Hacer un programa de chimentos y opinología no es tan difícil como parece. Tomemos por ejemplo el caso de Paul McCartney, más mujeriego a los 65 que cuando estaba con los Beatles. Cuatro días atrás fue visto paseando "románticamente en Londres con Rosanna Arquette", según el diario El Mercurio. Un poco antes, se había anunciado que solo saldría con millonarias. Es que fue fotografiado en "actitud cariñosa" con la millonaria Nancy Shevell, que se suponía que era su nueva novia. Antes de esto, y millonario divorcio con Heather Mills mediante, también fue fotografiado en una cena supuestamente íntima con Renée Zellwegger.
Los paparazzi le dan la captura a Paul donde sea y como sea, e informan cumplidamente a todo el mundo. Los redactores se ocupan del resto, y le agregan a las imágenes palabras como "romance", "intimidad", "mimos", "cariños" y otras parecidas. La operación es sencilla, aunque tal vez la parte más tediosa sea la de seguir a Paul por todos lados y agarrarlo in fraganti. Además de esto, se pueden establecer asociaciones que den lugar a todo tipo de lecturas, como decir que Rosanna Arquette es igual a Heather Mills, cosa que hicieron algunos.
Con todos esos ingredientes es posible armar una tarde entera en televisión o un verdadero informe para la prensa rosa. Es cuestión de poner unos panelistas expertos en opinar y lanzar la premisa "McCartney engaña a su novia millonaria con una actriz famosa que es igual a su ex esposa, con la que se odia y tiene una hija". Con algo de malicia, un panelista puede recordar ahí que a Mills le falta una pierna, y ya está listo el programa. Lo mejor de todo es que se puede hacer hasta en el más humilde canal de cable del interior del país. Es la cosa más sencilla del mundo, sólo hace falta una cámara o una publicación.