Como el canto de la cigarra

| La escritora y compositora argentina, de 80 años, falleció en la mañana de ayer

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A. LALUZ

María Elena Walsh, un emblema de la poesía, el teatro y la canción para niños, falleció en la mañana de ayer, a los 80 años de edad, luego de una prolongada internación. Una pérdida que enlutó a la cultura en ambas márgenes del Río de la Plata.

El escueto comunicado de la dirección médica del Sanatorio de la Trinidad, difundido por los medios argentinos, indicaba que el fallecimiento de la artista ocurrió "luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban, contra los cuales luchó en los últimos tiempos".

Sus restos fueron velados desde las 17 horas y hasta la medianoche de la víspera, en la sede de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic). Y hoy, a las 11 horas, serán inhumados en el panteón de esta institución en el Cementerio de la Chacarita.

Esta despedida a la creadora de Manuelita la tortuga, El reino del revés, La pájara pinta, Como la cigarra, fue acompañada por numerosos artistas y figuras de la cultura, que coincidieron en subrayar el legado de su personalidad, su obra, para varias generaciones, así como la forma en que comprometió su opinión ante los problemas sociales y políticos.

desde los afectos. En una breve entrevista con El País, Carlos Perciavalle, colega pero sobre todo una amigo muy cercano de Walsh, dejó una síntesis impecable y a la vez abarcadora de todos los sentidos humanos, artísticos, políticos, que componen a esta figura.

"Yo fui uno de los últimos que la vio cuando estaba internada... En esos ojos celestes, me di cuenta que no quería seguir, más fuerza no tenía. Con todo le costó despedirse, porque ella era una mujer muy llena de vida, pero hoy está mejor. Hoy es la estrella que brilla más en el firmamento". La noticia, previsiblemente, quebró el ánimo de Perciavalle: "Para mi es muy difícil hablar de María Elena Walsh en este momento; fueron muchos años de amistad, desde los años en que trabajé con ella en Buenos Aires". Sus creaciones, agregó, la hicieron merecedora de "un premio Nobel, de los tantos premios Nobel no reconocidos por la Academia sueca. Era una mujer única, la única mujer valiente, que en los peores momentos se animó a decir lo que nadie decía".

Los recuerdos son muchos, valiosos y "maravillosos", acotó. "Me acuerdo cuando lo hicimos con China en Estados Unidos, que cantábamos, Invitados a tomar el té. Fue el espectáculo Canciones para mirar, a fines de los sesenta. China Zorrilla lo recordó así: "Carlitos y yo apenas nos movíamos en escena, porque todo estaba escrito en las poesías. Una guitarrista nos acompañaba y una actriz hacía las pantomimas de las letras". Pese a la incertidumbre previa al estreno, "el espectáculo fue aplaudido como si fuera la ópera italiana cantada por los mejores cantantes... a veces cantábamos las canciones, y traducíamos algunas partes, y la gente se reía también de ese efecto". Las localidades se agotaban para cada función, con "un público absolutamente de adultos".

UN LEGADO, UN ESTILO. En el prólogo a su poemario Hecho a mano, publicado en 1965, María Elena Walsh anotó: "No sé, yo solamente versifico / pura conversación a mi manera". Una breve definición de estilo, sin academicismo, pero también sin simplismos baratos ni sensibleros. Y en esto hay unanimidad: su poesía, su narrativa, su música, gozaron de esa sencillez cargada de inteligencia, en la que juego, imaginación, humor, ironía, y hasta de sarcasmo, se podían encaramar en palabras e ideas de llana comprensión, sin volteretas ni acrobacias de una pluma virtuosa. Rasgo o cualidad que también lució, sin quererlo ella, en la autoapreciación (o autoanálisis) del acto creativo.

El imaginario de las primeras infancias de muchas generaciones han atesorado sus personajes (Manuelita, la tortuga, o la Pájara Pinta, el brujito de Gulubú), la materialización de un reino imposible donde todo ocurre al revés, o el inmejorable retrato de un país donde todo se olvida al instante. Y ante esos textos y músicas, otro consenso se impuso, por el peso de la creación: la no subestimación de la inteligencia, en el plano perceptivo e intelectual, de los niños. Esas canciones, a la que hay que sumar las logradas imágenes de Como la cigarra, que ofician como un manifiesto vital, han recibido numerosas versiones, entre ellas las de Mercedes Sosa, León Gieco, Joan Manuel Serrat, y Jairo.

Pero también legó una obra poética y narrativa que quedó documentada en libros como Otoño imperdonable, que publicó a los 17 años, el citado Hecho a mano, Juguemos en el mundo, Novios de antaño, o el más reciente, de 2008, Fantasmas en el parque. Paralelamente, su pensamiento llegó a los medios masivos a través de numerosos artículos de opinión, en los que dejó bien clara su posición ante los autoritarismos, la desmemoria, la violencia.

Walsh nació el primero de febrero de 1930, en la localidad bonaerense de Ramos Mejía. Allí, en un caserón con patio grande, animales, limoneros, naranjos, descubrió la literatura con los clásicos. Fue la semilla de una inquietud creativa e imaginativa que la llevó por toda Argentina, Estados Unidos, Francia, donde vivió por varios años, y la regresó a su país, para continuar con el arte como un compromiso de vida.

Una innovadora y cuestionadora vista desde miradas uruguayas

Los autores nacionales que ayer pudieron ser consultados por El País coincidieron en señalar que uno de los mayores aportes que hizo Walsh fue el de tratar a los niños con respeto y con una fuerte impronta innovadora. "Una genia, una mujer que supo con sencillez y con dulzura tratar los más variados temas y respetar tanto a niños como a adultos", la definió la autora Helen Velando. "Cambió lo que significaba el niño para la literatura infantil. Siempre fue un objeto de consumo y ella lo transformó en un ser humano y lo trató como tal y de forma magistral, por su innovación, por el uso del disparatario, por el lenguaje", dijo el autor Sergio López Suárez. "Fue la primera en mirar al niño de igual a igual, sin subestimarlo... dignificó y profesionalizó la creación y retomó la propuesta o la idea de Lewis Carroll por todo eso de los juegos de palabras y el uso del sin sentido..." dijo Verónica Leite, quien agregó que "desafiaba la inteligencia de los niños porque los miraba con respeto. Era comprometida porque sus canciones eran cuestionadoras de la sociedad... Creo que casi todos somos herederos o nos formamos con ella". Además "fue de las primeras que habló del género, que cuestionó la imagen de la niña asociada a la cocina y a la muñeca, sin más opciones que la del ama de casa. Fue una crítica constructiva, proponía un camino femenino que para su época era revolucionario".

Dos testimonios

Perciavalle: "Era una mujer llena de vida"

"En el peor momento de la peor dictadura, ella publicaba las cosas más maravillosas, cosas increíbles, valientes, fuertes.... Y yo ahora, en mi show, también sigo cantando cosas de ella. Estoy muy conmovido. Justo hoy puse en orden mi escritorio, y encontré una foto de ella, y no sé por qué, pero se me ocurrió ponerla en el centro del escritorio. Fue como por intuición, porque eso debe haber sido a la hora que ella murió. Yo fui uno de los últimos que la vio cuando estaba internada... Con todo le costó despedirse... era una mujer muy llena de vida, pero hoy está mejor... es la estrella que brilla más en el firmamento".

China Zorrilla: "No se la puede comparar a nada"

"María Elena no era una mujer de grandes charlas, más bien le divertía escuchar lo que hablábamos los demás. Cuando íbamos a la casa a tomar un café, decía que era para tomar un cafecito y charlar, pero en realidad los que charlábamos éramos nosotros: ella se reía. Parecía mentira que de esa cabeza tan tranquila, tan serena, salieran esas canciones tan divinas, porque no solamente son lindas las tonadas, sino las letras. En una canción de seis líneas, había seis cosas que provocaban mucho humor, que hacían reír a carcajadas. A ella no se la puede comparar a nada; era una poetisa cantando".

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