Sólo se podían esperar cosas buenas de la reunión de Rachel McAdams con Sam Raimi: ¡Ayuda!, que se estrena este jueves en Uruguay, es una de ellas. Después de todo es la asociación de una reconocida estrella de Hollywood y uno de los grandes directores americanos contemporáneos. Lo que consiguen está a la altura de la expectativa.
Nominada una vez al Oscar (por En primera plana, la de periodistas detrás de sacerdotes depredadores de Boston), McAdams ha demostrado un amplio rango actoral. Aunque claramente llega a ser una comediante muy eficaz, ha estado en películas de acción, dramas, comedias románticas y hasta una superhéroes.
En todas las que aparece se hace notar y es una de las ilustres de una promoción que incluye a Natalie Portman, Emma Stone, Carey Mulligan y Michelle Williams. McAdams ha diversificado más su carrera que sus cogeneracionales.
Nacida en London, Ontario, en noviembre de 1978, sus tendencias por la actuación se mostraron muy tempranamente: fue parte de una compañía teatral infantil y estudio drama. Después de una carrera teatral, en 2001 debutó en una serie para Disney y en 2002 hizo su primera película, Mi nombre es Tanino del italiano Paolo Virzi.
Enseguida de mudarse a Los Ángeles, McAdams fue la protagonista en The Hot Chick (2002), en la que intercambia cuerpos con un delincuente interpretado por Rob Schneider, lo que es un alerta.
Se hizo notar sí como la malvada Regina George en Chicas pesadas, una comedia escrita por Tina Fey y un tremendo éxito. Ese mismo año, 2004, en Diario de una pasión fue Allie, la muchacha a la que arrastra el ala Ryan Gosling, en un drama de amor eterno que hace llorar al más plantado.
Desde entonces, ha estado en comedias desaforadas (Los rompebodas, Eurovisión con Will Ferrell) y más sutiles (Noche de juegos), franquicias (Sherlock Holmes), una de Woody Allen (Medianoche en París) y una de Terence Malick (To the Wonder), una serie policial (la segunda temporada de True Detective), dramas deportivos (Southpaw) y es la novia del Dr. Strange en el Universo Cinematográfico de Marvel.
Linda Liddle, su personaje en ¡Ayuda! es uno de sus papeles más exigidos y logrados. Es una comedia con toques de suspenso y hasta terror sobre la batalla de los sexos.
Parte del mérito lo aporta Raimi, un director siempre interesante. Se lo vincula con el cine de terror, y eso lo ha dejado de lado de tanto canon cinéfilo que va por otro cine, pero ha construido una obra con altibajos pero respetable.
Responsable de sagas de terror fundacionales (la de Posesión Infernal, por ejemplo) se ha mantenido como un independiente dentro del esquema industrial que en general necesitan sus películas. Es el responsable de las más cinematográfica de las películas de Spiderman: se encargó de la trilogía con Toby Maguire, que más allá de todo su impudor comercial son interesantes piezas de cine. A McAdams en las Dr. Strange, su otro trabajo para un personaje de Marvel.
En 1981, con Diabólico, el comienzo de su franquicia de Posesión infernal demostró cinefilia y cojones en una película de terror que le dio un nicho de mercado importante. Diabólico se volvió a hacer en 2013, por el uruguayo Fede Alvarez quien terminó en Hollywood alentado por Raimi, quien, encima le confió, uno de los tesoros de su carrera.
Fuera del terror, películas como La academia más loca del mundo (1985, coescrita con los hermanos Coen, tempranos compinches), el western femenino, Rápida y mortal (1995) y el policial nihilista, Un plan simple (1998). Siempre hay humor en la vuelta, aunque sea del tipo retorcido.
Está claro que ¡Ayuda! es su mejor película en mucho tiempo. Y que, por cuestiones de reciprocidad, sus logros también pasan mucho por el compromiso de McAdams.
“Es lo mejor cuando te toca interpretar a un villano”, le dijo la actriz a la revista Hunger. “He interpretado muchas variantes de eso antes, y espero con ganas hacerlo porque son realmente deliciosos. Lo que diferencia a este es hasta dónde llega en términos de simpatía, capacidad de redención y redención en sí. Aun así, tienes que apoyar a este personaje. No creo haber tenido que interpretar a una antiheroína hasta ese punto antes. Fue un desafío enorme”.
Linda es un personaje gris, oficinista casi kafkiana a merced de un patriarcado nepótico que no le va a dar la el ascenso para el que ella (cuya única compañía es un pájaro y luce un vestuario desalentador) se ha sacrificado. La cosa empeora cuando llega el nuevo patrón, Bradley Preston (Dylan O’Brien), un niño rico que la desprecia.
El juego de poder se revierte cuando el avión en el que van se cae y ellos son los únicos sobrevivientes en una isla desierta. Con referencias que van de Swept Away de Lina Wertmüller (aquella con Giancarlo Giannini y Mariángela Melato como dos náufragos), a la reciente El triángulo de la tristeza de Ruben Ostlund, la película se convierte en una monstruosa lucha entre el patriarcado y el matriarcado. No queda claro para qué lado toma partido.
Mejor no revelar demasiado pero que alcance para saber que lo que empieza como un drama contemporáneo, pasa por una comedia romántica y termina a todo motor. Y que encima tiene a McAdams en pleno despliegue. Y no hay nada mejor que ver a una gran actriz en un gran papel y una buena película