Falleció el gran cineasta Manoel de Oliveira

MANOEL DE OLIVEIRA

Falleció el jueves en Oporto, la ciudad que lo vio nacer hace 106 años, el realizador portugués Manoel de Oliveira, el mayor creador cinematográfico de su país.

Había nacido el 11 de diciembre de 1908, en el seno de una familia de holgada posición económica. Estudió con los jesuitas, y desde muy joven manifestó su pasión por el cine.

Hizo su primera aparición en la pantalla en tiempos del cine mudo, como actor, en una película del realizador italiano Rino Lupo. Continuó actuando luego de comenzar su carrera como director, y llegó a tener un papel relevante en la primera película sonora rodada en Portugal, A canção de Lisboa, de Cottinelli Telmo.

En 1931 dirigió su primer corto, Douro,faina fluvial, un documental que insinuaba la influencia de Robert Flaherty, el

cine soviético y las vanguardias europeas para describir una jornada de trabajo de los pescadores de las riberas del río Duero. En los años siguientes realizó otros documentales

Luego vendrían sus ficciones, caracterizadas por una fuerte carga literaria y una casi constante reflexión acerca de la naturaleza del arte, el espectáculo y la esencia del ser humano. En 1942 dirigió Aniki Bobó, interpretada por una pandilla

de chicos de las calles de Oporto, film directo, simple, vivo, que se adelantó al neorrealismo italiano. Desde mediados de la década de 1960 llegó su consagración internacional. A partir de O passado e o presente (1971)

su filmografía comenzó a acumular galardones y su prestigio se acrecentó con cada títulos: Amor de Perdição (1978), Francisca (1981), Los caníbales (1988), La divina comedia (1991), El convento (1995), La carta (1999), Palabra y utopía (2000), Porto da minha infncia (2001) y algunos más.

El cine de Oliveira convierte al espectador en engranaje fundamental de la concepción de sus historias visuales: lo hace partícipe de lo que desea contar y lo provoca con estructuras narrativas (solo aparentemente) redundantes. Es cierto que los personajes de sus films suelen hablar mucho, pero la cámara no cumple un papel pasivo. De Oliveira establece con frecuencia un contrapunto entre la literatura de sus diálogos y la sugestión silenciosa de las imágenes.

Solía decir que había cuatro figuras cumbres en el cine ("Dreyer, Orson Welles, John Ford y Charlie Chaplin"), y continuó activo casi hasta el fin: en 2014 estrenó El viejo de Restelo, inspirado en Las Lusíadas de Camoes. Hace dos semanas estaba trabajando todavía en su próximo proyecto.

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