REBAR
Varios de los más reconocidos diseñadores de la moda coincidían, meses atrás, en confesar que Carla Bruni es la mujer que, por su belleza y modernidad, ellos quisieran vestir. Hubo, en cambio, una legión de admiradores que, en un intenso pasado sentimental, se inclinaron por desvestirla: y ella misma recuerda a diversos fanáticos a quienes debió contemplar -simplemente por no desairarlos- entre los que figuran cantantes y guitarristas rockeros, astros de cine, abogados, empresarios multimillonarios, un ex-primer ministro francés... y hasta un par de filósofos (padre e hijo, nada menos). Sarkozy -que no es un celoso "retroactivo"- borró de su vida el pasado imperfecto de la compañera del momento, y disfruta del presente a todo dar. Tampoco se irrita cuando la actual esposa (la tercera, por orden de aparición) se destapa íntegramente para ser tapa de revistas internacionales, o cuando Carla, en traje de Eva, aparece en una cartera de la marca Pardon puesta a la venta en la isla de la Reunión, al módico precio de tres euros... y que, ¡peor aún!... va de regalo a todo aquel que compre por más de cinco euros. Lo cierto es que, pasando por encima de tales pequeñeces, la primera dama francesa con nombre italiano, asombra en cuanto ambiente frecuenta con su andar de pasarela. Millones de mujeres siguen sus opciones de vestuario , erigiéndola como ícono de la moda continental.
Desde hace algo menos de un mes, a Carla le apareció una competidora que conmueve los cimientos del podio donde lucía muy segura. Michelle Obama, la primera dama de los EE.UU., con nombre francés, irrumpe en el firmamento de la moda con fulgores de superstar. La abogada negra que no se preocupaba mayormente por entreverar figurines con carpetas de asuntos jurídicos, dio una verdadera lección de buen gusto con las prendas que lució en los distintos actos del histórico 20 de enero: ya la comparan con "Jackie" Kennedy, que impactaba con su variado y nutrido guardarropa que iba de lo más sobrio a lo más espectacular. Michelle no pensará imitarla, seguramente tiene una personalidad donde no caben las emulaciones; por lo pronto, no recurrió ni a Oscar de la Renta ni a Ralph Lauren para su atuendo de llegada a la Casa Blanca: se puso en manos de Isabel Toledo, diseñadora de familia latina que ni siquiera cuenta con agente de "marketing", y que declaró ser la primera sorprendida al ver a Michelle lucir un conjunto con su grifa, en la jura presidencial. Hace más de dos décadas que crea piezas y mete aguja en Nueva York: después de tan largo período, sonó su hora buena. Multiplicará su clientela de famosas. De repente -quien le dice- un día cualquiera le caen por ahí la Reina Cristina o "Su" Giménez.