HENRY SEGURA
LA FARÁNDULA
El deporte más practicado por los estadounidenses, el de las demandas judiciales, tuvo en estos días un auge considerable en el mundo del espec- táculo. Ya se ha publicado que el libretista de La pasión de Cristo la emprendió contra Mel Gibson por sentirse engañado, ya que el cineasta lo reclutó diciéndole que se trataba de una producción chica. El resultado de taquilla irritó al demandante.
Por razones similares los familiares de Tolkien, el escritor de El señor de los anillos, enjuiciaron al estudio New Line. Y la Fox llevó a tribunales a la Warner Bros. por los derechos del cómic Watchmen que la primera empresa ya viene filmando.
Pero más allá de las disputas financieras, también se supo de un juicio entre actores, algo menos frecuente en Hollywood. Los implicados son ni más ni menos que Nicolas Cage y Kathleen Turner. Todo parte de la publicación de la autobiografía de la actriz bajo el título Send yourself roses, donde supuestamente ofrece intimidades de vida y de profesión. Va un poco más allá de ella misma y en un momento que evoca a Peggy Sue, la flojísima película que filmara en 1986 junto a Cage bajo la dirección de Francis Ford Coppola (tío del actor), afirma: "Todo lo que quería Cage era demostrar que no estaba bajo la sombra de su tío, lo cual era ridículo. Honestamente, me enferma pensar acerca de ello. Él causó tantos problemas. Fue arrestado dos veces por conducir borracho y, en mi opinión, una vez por el robo de un perro". Según ella, Cage tuvo el papel por puro nepotismo.
La réplica de Cage no demoró y en un comunicado dijo que "nunca he sido arrestado en mi vida y tampoco robé un perro". Enseguida interpuso un recurso por difamación en la Alta Corte de Londres, donde las penas son más duras. Pregunta ¿la actriz no midió lo que dijo o quería publicidad?