MATÍAS CASTRO
Los editores son un peligro. Al menos aquellos que les gusta especular con las historias oscuras de las celebridades. Veamos un ejemplo concreto: la actriz Aracely Arámbula, ex pareja de Luis Miguel, acaba de recibir una oferta importante para escribir un libro sobre las intimidades de su pasada relación. De convertirse en realidad, es probable que fuese un bombazo editorial repleto de chismes y datos poco conocidos. También es probable que el libro tuviese una pésima calidad de escritura, pero eso es otra historia y, para el tipo de lector al que apunta, eso no importaría demasiado.
Luis Miguel puede respirar tranquilo por un tiempo, si es que la posibilidad lo llegó a poner nervioso, porque Arámbula rechazó la propuesta. Esto no quiere decir que la editorial haya descartado sus intenciones y no esté buscando a alguien más para escribirlo. Es que estos proyectos no dependen tanto de quién los escribe sino de los personajes y de los chismes.
Si, por ejemplo, el hermano de Madonna escribía "Hojos" y no "Ojos", a nadie le importaría. Estos proyectos se arman con un gran aparato editorial en el que participan escritores fantasma, correctores y editores que se encargan de dejar el libro más o menos legible. Porque lo que importa es que adentro haya revelaciones llamativas que disparen las ventas y no mucho más. En el caso de Luis Miguel se han dicho tantas cosas a lo largo de los años que publicar un libro con su vida privada (o su supuesta vida privada) es un negocio casi asegurado.
Las biografías no autorizadas abundan y es solo cuestión de recorrer librerías. El fenómeno se ve un poco de lejos desde Uruguay, pero, para entender algo de ello, basta con mirar los libros que publicó el insoportable Jacobo Winograd. No son biografías sino comentarios suyos y experiencias que involucran gente conocida y que, supuestamente (otra vez la palabra) revelan cosas escandalosas o provocativas. En realidad son solo anzuelos para atrapar billeteras en las librerías.