boda

Las recién casadas viven su historia de amor en cámara rápida

Agustina Zuasnabar flasheó con Patricia Wolf en La Ronda y la tarde siguiente fue a abrirse los Registros Akásicos. Le dijeron que se enamoraría de una persona pública que tenía un hijo. El pasado 20 de marzo sellaron su amor en el Registro Civil. Aquí los detalles de la boda. 

Agustina y Patricia dieron el sí el 20 de marzo en el Registro Civil
Agustina y Patricia dieron el sí el 20 de marzo en el Registro Civil. 

No pasaron más de dos noches separadas desde que empezaron a salir. La historia de amor entre Patricia Wolf y Agustina Zuasnabar fue intensa e ininterrumpida desde el primer beso. Todo se precipitó en menos de un año y a una velocidad tan vertiginosa que en ocasiones asusta a la modelo y a su reciente esposa. "Estamos felices, nos amamos pero no podemos explicar por qué pasó todo tan rápido. Lo disfrutamos pero a veces pensamos, ‘¿qué sigue?, ¿cómo vamos tan rápido?’"

Se conocieron, se flecharon, y la relación salió a la luz después de unas pocas citas. Desde que gritaron a los cuatro vientos su amor hacen todo en equipo. Así funciona la "tónica" de esta pareja que se complementa perfecto. A Patricia se le venció el contrato de alquiler en noviembre pasado y sirvió de excusa para acelerar la convivencia. Poco después, surgió el tema del matrimonio y le dieron para adelante. Están felices pero hoy el plan es sacar el pie del acelerador, así que "la maternidad tendrá que esperar porque queremos disfrutar lo que tenemos sin ir corriendo".

Pasos gigantes.

No estaba en los planes de Patricia Wolf volver a casarse, ni tenía la necesidad de hacerlo porque ya había transitado esa etapa a los 24 años, pero la boda "fue algo coherente a lo que sentimos las dos". Pasar por el Registro Civil fue una manera de "formalizar nuestro amor y mostrar a la sociedad que asumimos el compromiso, que esto no es un chiste, que va en serio". Es que cuando la modelo y actriz decidió dar la cara y confesar que se había enamorado de una mujer hubo muchos que la criticaron y la acusaron de estar haciendo una movida de prensa, o dijeron que solo era un simple metejón. "Todavía hay quienes piensan que es algo pasajero. Me asombra la imaginación que tiene la gente. Hay quienes todavía creen que puedo vivir mi vida como si fuera un reality show o en función de los demás".

Está feliz de poder "aportar su granito de arena a la sociedad para que las cosas cambien y la gente no sufra tanto". Siente que no haber ocultado esta relación fue un "mensaje súper valioso". La primera persona que supo del vínculo fue el actor Agosto Silveira, mejor amigo de Patricia, que además fue testigo de la boda. Ella le confesó lo que sentía por Agustina y él le dijo, "si no lo contás no te quiero más como amiga. Tenés que ser real". Esas palabras resonaron en su cabeza varias noches y la hicieron pensar.

"Jamás lo ocultaría pero hay mucha gente que sí lo hace porque la sociedad está llena de tapados y es doloroso. Te estás confinando a una vida infeliz y estás metiendo a tus seres queridos en ese viaje". Aunque también reconoce que pensó mucho en la reacción de su familia y sobre todo en su hijo Dani (18 años) cuando vio que se sentía atraída por una mujer. "No voy a hacerme la superada y decir que no me importa nada, pero después de que uno lo procesa en la intimidad y está seguro, lo mejor es ser honesto. Siempre va a haber gente en desacuerdo o que le cueste aceptar, pero la vida es de uno y las decisiones que tomás son para vos. No te podés perder la oportunidad de ser feliz".

Predestinadas.

La historia de amor entre las recién casadas se vio signada por un suceso mágico y místico. Agustina y Patricia se vieron una noche en La Ronda, pero no pasó más que un "chamuyo" entre ambas. La tarde siguiente, Agustina fue a que Simone Seija le abriera los Registros Akashicos y le pronosticó todo lo que sucedió después: le dijo que conocería a una persona mediática que ya tenía un hijo y que se enamoraría. Agustina no podía creer que quien estaba predestinada para ella era Patricia Wolf, esa morocha con la que se había colgado a conversar la noche anterior. Se lo contó apenas comenzaron a salir y Patricia, que la conocía poco pensó, "me muero con ella, es divina, pero está chapita". No lo verbalizó. Cuando Agustina le mostró la grabación de los registros se erizó al percartarse de que era tal cual lo que estaban viviendo. Así que decidió abrírselos ella también. Lo hizo en un momento especial y triste de su vida, mientras su madre, que falleció en enero de cáncer al pulmón, estaba grave e internada. "Fue súper emotivo", recuerda.

La enfermedad de su madre no le daba tiempo ni ganas de pensar en otra cosa que no fuera cuidarla y pasar tiempo con ella. La pareja tuvo la intención de adelantar la boda para que pudiera estar presente, pero no se dio. Patricia atravesó todo el momento de dolor junto a Agustina y eso fortaleció el vínculo. "Sufrimos juntas cuando mamá se fue. Tuvimos momentos súper íntimos y yo sentí que mi madre le dio su bendición".

No hubo velorio, la cremaron y la familia tiró sus cenizas al mar. "Le cantamos un mantra durante 17 días para despedir su alma, que pudiera trascender y que no se aferrara al mundo terrenal". Patricia dice que en ese lapso de tiempo recibió una cantidad de mensajes y señales de su madre. El día del casamiento lloró mucho al terminar la ceremonia civil porque sintió en todo momento que su madre las acompañaba.

Rumbo al altar.

Planificaron la luna de miel antes de tener fecha para casarse. El viaje a las playas de Tulum (México) fue lo primero que armaron porque necesitaban unas vacaciones juntas. Quisieron contraer matrimonio en el Registro Civil en vez de llevar al juez al salón porque les gustaba la idea de "tener fotos con el arroz" y casarse "donde lo hace todo el mundo. Dentro de lo innovador, era algo convencional". No fue la única tradición que mantuvieron. Eligieron el blanco para los vestidos cortos que diseñó Estudio Monaqueda, usaron tocados y tiraron dos ramos en la fiesta: uno fue a parar a manos de la productora de moda Rosario San Juan y otro lo agarró María Paz Gorostizaga.

No querían un casamiento multitudinario y resolvieron hacer una cena íntima para 60 invitados en Foc y deleitarse con las exquisiteces del chef preferido de la pareja, Martín Lavecchia. No se arrepienten de no haber hecho un festejo más grande, ya que están seguras de que hubieran pasado más estrés.

No hubo vals, aunque a Agustina le hubiera gustado. Cambiaron la torta de novias por una mesa con ocho postres deliciosos: todos fueron regalo de Camila Selves, dueña de Adolfo Café y amiga personal de Agustina. Si bien los invitados "arrasaron" con los dulces, la torta húmeda de chocolate con queso mascarpone se llevó la mayoría de los elogios.

Cerca de la medianoche se sumaron más amigos a la celebración en Foc que bailaron fascinados hasta las tres de la mañana al ritmo de un compilado de hits de los ochenta y noventa que pasó la DJ Melina Serser.

—Pusiste en las redes que fue el día más feliz de tu vida, ¿qué tan distinto a tu primera boda lo viviste?

—Muy distinto. Cuando me casé por primera vez tenía 24 años, estaba embarazada de Dani, y era otra etapa; tenía otra madurez y no era una persona pública. Esa vez tampoco me casé por iglesia y llevamos al juez al salón. Todo fue muy diferente. Mi cabeza era otra.

Viví el día más feliz de mi vida porque estoy en un momento de plenitud. Primero porque mi hijo es un ser hermoso, maduro, amable, dulce, sano: todo lo que podía pedir de él está. Además tengo una familia divina que ahora se agrandó porque se sumaron los parientes de Agus. Estoy feliz de haber encontrado a Agus y contenta por cómo me hace sentir. A veces amás con todo tu corazón pero no sentís la misma intensidad de la otra parte, y en nuestro caso es todo parejo. Es ideal porque no tenés tanto miedo. Yo soy muy insegura y siempre necesité recibir de mis parejas esa confirmación de que me querían, que estaban en el mismo mood que yo, y con Agus eso lo siento todo el tiempo porque me lo demuestra y yo a ella.

Curiosidades.

Simone Seija es experta en numerología y les había dicho que sí o sí tenían que casarse el 20 de marzo: es el mes tres y ese número simboliza la comunicación, y el 2 la pareja. Patricia y Agustina fueron al Registro Civil decididas a conseguir esa fecha, pero se encontraron con que esa misma tarde tenía turno para casarse un preso y no suelen agendar a otras parejas en esos casos. Las novias rogaron a la funcionaria que fuera ese día y la convencieron. Quedó fijado para el 20 de marzo a las 15:30, media hora después de que contrajo matrimonio el preso. "Cuando me enteré que mis invitados le tiraron un poco de nuestro arroz me llenó de emoción", dice Patricia.

Las novias llegaron al Registro Civil escoltadas por Charly, un security amigo de Patricia ¿El motivo? "Hay gente que piensa que porque sos una persona pública no tenés derecho a tener ni un minuto de intimidad. Todos los medios fueron muy respetuosos con nosotras, salvo uno que publicó fecha, hora y lugar de nuestra celebración íntima. En definitiva, salió a convocar. Nosotras queríamos estar tranquilas y como no sabíamos qué podía pasar preferimos tener a alguien que nos cuidara".

El hijo de Patricia fue uno de los testigos de la boda. "Lo hablamos desde el principio y Agus me había dicho que quizá era ponerlo en un compromiso. Pero él me preguntó quiénes eran los testigos, le conté y me dijo, ¿no me vas a poner a mí? Se lo comenté a Agus y fue un sí rotundo". Dani, además, entregó los anillos y le hizo un regalo muy especial a su madre durante el festejo en Foc: cantó la canción Brindo, de Devendra Banhart, junto a su novia, Sofía Ruiz, con quien tiene el dúo Reverdecer.

"Todo en lo que Dani participó fue decisión de él. Está fascinado y ha estado involucrado en nuestra relación desde el principio. Se lleva divino con Agus, se adoran".

Recibieron regalos increíbles para celebrar la unión. La familia de la nuera de Patricia les obsequió un cuadro de Villalobos que se titula Aquí reina el amor. Simone Seija, que también fue testigo de la boda, les regaló una hermosa cruz y Sara Acosta una piedra en forma de corazón. Ella, además, es joyera artesanal y se encargó de diseñarles las alianzas de oro blanco con los nombres y la fecha grabadas. Rosario San Juan le regaló unas caravanas de brillantes para que su mejor amiga Patricia estrenara el día del Civil.

El ritual de novias previo al Registro arrancó temprano. Las novias llegaron al Hotel Oliva a las ocho de la mañana. Allí tenían una habitación reservada porque la hermana de Patricia les había regalado la noche de bodas. Patricia se encargó de maquillar primero a su novia y luego se maquilló ella, mientras esperaban a Gabi Umpi para que las peinara.

La modelo estaba bastante más relajada porque era su segundo matrimonio, pero además porque para ella es moneda corriente el trato con los medios, y para Agustina ese era el gran "cuco". Ni ella ni su familia son personas públicas y no están acostumbradas a la exposición. Cuando la noche terminó, Agustina le confesó a su esposa, "no era tan grave". Patricia entre risas le contestó, "´¿viste? No dolió".

Durante el festejo en Foc, las novias se distendieron y usaron como abrigo arriba de sus vestidos blancos campera de jean y de cuero, y le imprimieron un touch más descomprimido a sus looks. Lo primero que hicieron con los vestidos fue mandarlos a la tintorería, pero no saben si quedarán en el ropero para siempre como un recuerdo de esa noche especial o volverán a usarlos dentro de unos años cuando quieran renovar los votos. "Es un buen compromiso, sobre todo pensando que nos tienen que volver a entrar".

En equipo

Todo lo planearon y definieron juntas: las invitaciones, las bolsitas con arroz, el diseño gráfico, la música. Agus entendió que en moda era mejor que “mandara” Patricia y lo dejó en sus manos.

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