EL PASE DEL AÑO

Martín Fablet: el pase de Teledoce a Canal 4

De nuevo soltero, tras la separación con Mariana Álvarez, el conductor dice que el vínculo con su excuñado (Ignacio Álvarez) sigue intacto.

Martín Fablet
Martín Fablet. Foto: archivo

-Estás al frente una columna de cine ahora en las mañanas de Canal 4, ¿por qué cine?

-Es una columna muy amateur. Hay que pedir disculpas a los que realmente saben de cine. Pero pienso que también es válido esto. A veces, cuando sos demasiado erudito en la crítica, aparecen detalles que el común de los mortales no sintoniza y se pierde un poco el mensaje. A veces leo críticas pesadas en diarios de Estados Unidos, por ejemplo, y se entiende poco lo que quieren decir y con eso el sentido de la crítica. Para mí lo que tiene que pasar es que la gente vaya al cine. Que se dejen de mirar series de Netflix porque ver las películas en la pantalla grande es otra cosa. Entonces lo que busco es motivar por el lado de hablar igual a igual a la gente, sin mucha erudición. Y lo que más me divierte es criticar las películas. “Esto ni se te ocurra ir a verlo”, digo en algún caso, lo que en la época de Canal 12 generaba algún ruido. Porque a veces las distribuidoras de cine pautan publicidad en el canal y yo arruinaba la película.

-¿Por qué dejaste de hacer la columna en Desayunos informales (Teledoce) para pasar al 4?

-Ocurrió que aquel que no me conoce, piensa que le estoy tomando el pelo todo el tiempo. Entiendo que es difícil a veces distinguir cuando hablo en serio de cuando en broma.

-Se habló de un problema concreto con Victoria Zangaro...

-Generalmente no soy irónico con las mujeres. Pasó algo curioso que es que cuando vos ponderás a alguien y le das para adelante, porque entendés que lo hace o dice es inteligente, a veces el otro piensa: “Este loco me está tomando el pelo”. Después hablé con todos y aclaré que nunca quise tomarle el pelo a nadie. De hecho, pienso que todos los comentarios que me hacía Cuca cuando hablábamos de cine me parecían superinteligentes. Se lo dije, pero bueno. Un día me llamaron de la producción para decirme le íbamos a “suspender por un tiempo”. El mismo día me contactó Alfredo Caro (productor de Vamo’ Arriba) para hacer la columna con el mismo título en el 4. “No podés ser tan mercenario”, me decían algunos amigos en el 12. “¿Y el luto?” La verdad que me divertía mucho con los chicos del 12 y ahora me estoy divirtiendo con los del 4. Es increíble porque es la misma columna.

-¿Te definirías como cinéfilo?

-No, soy un amateur. Me gusta mucho el cine. Me encanta ver las películas 80 veces, lo que suele generar problemas con quien esté conmigo. “¿Otra vez vamos a ver lo mismo?”. Generalmente no son súperpelículas las que me gustan. Son aquellas que en su momento me generaron algo y me encanta verlas de nuevo.

-¿Tenés las películas en discos o ves en plataformas?

-Es verdad que está todo ahí. En cuanto a la música, yo regalé los 1.500 discos que tenía a mi hija. Ahora uso Spotify. En cine, las cosas que me interesan las compro. Netflix tiene pocas películas. No sé cuál es el criterio que las borran continuamente. De un día para otro, de pronto, no están más. No entiendo. De todas formas, el fenómeno de El irlandés me parece increíble. Netflix compró salas de cine para el estreno y de esa forma concursar en los Oscar. Yo no la he visto pero me parece muy interesante para verla, igual que Roma, la de Alfonso Cuarón.

-¿Qué te pareció Roma?

-Me pareció buena la película pero más interesante es este momento de guerra en Hollywood con la irrupción de Netflix. Cuando le dicen que si no puede estar tanta semanas en sala, ellos se las ingenian para hacerlo. Me parece una revolución absoluta. Ahora apareció Disney plus a competirle. Está bien interesante la industria. ¿Qué irá a pasar con los canales de aire? ¿Tendrán sentido en el futuro o vendrá Netflix y le dice a Nacho Álvarez vamos a hacer Santo y seña y lo colgamos en la plataforma?

-En Sarandí con Las cosas en su sitio hacen “El gran erudito” que incluye preguntas de cine...

-Sí, todos los viernes lo hacemos. Lo inventamos con Jaime Clara un verano y se ha ido desvirtuando mucho. Hacemos preguntas de todo tipo y la particularidad es que suelen ser bastante insólitas y los concursantes son pintorescos. Mariano Pagliari hace el personaje del escribano “Platomurfi” y es medio impresentable. Nos pasó que la Asociación de escribanos nos hicieran llegara una observación de que no estaba bueno, porque denigra un poco la profesión. Y la verdad es que lo hacemos en joda porque “Platomurfi” está medio borracho o se cae.

-¿Cuál es tu análisis de la competencia en radio?


-Me parece que en Sarandí y las otras radios del grupo tenemos una gerencia austera como la que maneja Fernando Cohelo. Es una postura distinta en comparación de otros medios que son una máquina de invertir en instalaciones y en figuras de todo tipo. Lo curioso es que el precio de la pauta es exactamente el mismo. Así que de las dos radios que van adelante y que están parejas en las mediciones, una saca el producto a muchísimo menos costo y la pauta vale lo mismo. Para un comerciante berreta, como soy yo, no hay dudas de que la mejor ecuación es la de Sarandí. No sé hasta cuándo se banca eso porque en algún momento, si no invertís en tecnología, por ejemplo, te pasa por arriba la realidad.

-Los personajes de Gregorio e Irmita estuvieron muy activos en la campaña electoral...

-El viejo es un estereotipo del “facho postmoderno”. El caso de la vieja es más curioso porque no genera la misma fidelidad en las personas de izquierda. Cuando sale ella, los mensajes de insultos que recibimos son muchísimos. Con Gregorio no pasa eso, lo que es un poco injusto. Los dos son extremos que al final se terminan tocando. Pero ella genera un odio y un fastidio menor, lo que es raro. A mí me divierte mucho hacerlos, en especial a Irmita. Me siento más identificado con ella, pese a que es una pseudo maestra que vive en Playa Pascual.

-¿Te han llegado quejas?


-En algún caso sí, sobre todo hacia la vieja. Luis Lacalle nos dijo en algún momento, aunque un poco en broma: “Che, aflojen un poco. Me están pegando como si fuera un tambor”. Antes hacíamos la parte de interactuar con los candidatos pero no tiene rédito para ellos. Es una charla desigual y terminan perdiendo frente a un personaje. El único que me vapuleó mal fue Fitzgerald Cantero. La mató a Irmita.

-¿Cómo los preparás?

-Lo guiono a escondidas y la clave no es darle una copia a Álvarez para que todo lo tome por sorpresa. Generalmente, las peleas se dan con él.

-¿Cómo es trabajar con él?

-Hace 20 años que trabajamos juntos. Ya ni discute conmigo porque yo salgo con mis disparates. El otro día me decía: “Che, ¿no se te ocurre preguntar cosas que más o menos podamos contestar?”. Hablábamos de la veda y yo pregunté: “¿Se puede votar borracho?”. Si en la mesa ven a alguien que llega notoriamente tomado, ¿lo dejan votar? Nadie supo responder. Al final Mariano llamó al alguien y le dijo: “Eso lo preguntó Fablet, ¿no?”. Respecto a la pregunta y por lo que pudimos averiguar, no hay reglamentación. Te tienen que dejar votar. Pero a lo que voy es que a mí me gusta salirme con cosas inesperadas.

-Fueron cuñados con Nacho Álvarez y ahora no. Terminó tu relación con Mariana Álvarez...

-Sí, terminamos. Pero el vínculo con Nacho sigue igual. Es un gran profesional y no se notó absolutamente nada.

-¿Qué tal es volver a la soltería?

-Bien, acá estoy. Comiendo galletas de arroz y pidiendo cena de delivery.

-¿La navegación sigue siendo tu hobbie?

-Sí. La náutica implica un desenchufe total. Soy un marinero de agua dulce y me gusta andar por el Santa Lucía. Tengo el barquito en la barra del Santa Lucía. El río es interminable, da 40.000 vueltas. A veces un día de semana si tengo rato me escapo a navegar. Hay playas increíbles. Cuando se da la bajante, emergen bancos de arena blanca increíbles en el medio de la nada, pero a 20 kilómetros del Centro de Montevideo.

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