Marcelo Bornio: su verdadera nacionalidad, sus días limpiando en Nueva York y el clic que hizo en terapia

Fue feriante, estudió hotelería, y arrancó lavando platos. El chef estuvo ocho años en Canal 12 y en 2018 entró a Canal 4. Hoy cocina en "Vamo Arriba" y conduce "La combi de Marcelo". El 22 cumplió 49 años, y por eso, esta nota.

El chef y comunicador Marcelo Bornio.
El chef y comunicador Marcelo Bornio.
Foto: Leonardo Mainé

Redacción El País
Nació en Buenos Aires hace 49 años, cuando sus padres —ambos uruguayos— emigraron en busca de mejores oportunidades. De niño, Marcelo Bornio volvió al barrio Peñarol, a vivir cerca de la casa de sus cuatro abuelos, y fue en esas cocinas donde empezó a enamorarse de la gastronomía. A los 9 años se mudó a Tacuarembó y regresó a Montevideo a los 17 para estudiar hotelería.

En el camino, hizo feria en Tristán Narvaja para colaborar con sus abuelos, que tenían un puesto de antigüedades en el clásico paseo capitalino, y luego consiguió su primer trabajo en un restaurante, lavando platos.

La gastronomía lo llevó por lugares impensados: recorrió el mundo, cocinó para celebridades, tuvo su propio restaurante y también conoció el fracaso. La televisión apareció hace 20 años: dio sus primeros pasos en Bien despiertos (Canal 12), hizo un impasse y luego fue convocado por Canal 4 para Vamo arriba. No se fue más. Hoy tiene su propio ciclo de entrevistas, La combi de Marcelo.

Escribió un libro y en 2025 se dio el gusto de debutar en Carnaval con la revista Carambola. Quiere perfeccionarse en actuación y música —por respeto a los artistas— y regresar a la fiesta popular con más herramientas.

El chef y comunicador cumplió 49 años el 22 de enero y, por ese motivo, repasamos cinco curiosidades que quizás no conocías de él.

Marcelo Bornio en uno de los papeles que interpretó en su debut en el Teatro de Verano con la revista Carambola.
Marcelo Bornio en uno de los papeles que interpretó en su debut en el Teatro de Verano con la revista Carambola.
Foto; Marcos Ferreira

Nació en Buenos Aires

Nació en Buenos Aires hace 49 años, en una familia marcada por la migración: su padre era cortador de cuero y cruzó el charco con su madre en la época dorada argentina. Ambos eran uruguayos y tras la separación, volvió con ella al barrio Peñarol, para instalarse cerca de sus abuelos. A los nueve años se mudó a Tacuarembó porque su madre se enamoró de alguien de allá, y el desarraigo lo marcó: recuerda a sus compañeros despidiéndolo en la terminal.

A los 17 regresó a la capital para estudiar hotelería y gastronomía. Ahí deambuló por distintas pensiones, y aprovechó para retomar el contacto con el Carnaval, una pasión que no había podido disfrutar antes porque vivía en el interior.

Cocino para estrellas del rock

Su primer trabajo fue como lavaplatos en el restaurante Arde París, con apenas 17 años, hasta que le dieron la chance de pasar a la cocina. A los 21 ya era jefe de cocina en Viejo Jack, el famoso pub ubicado en Parque Miramar. “Nunca me voy a olvidar de la primera comanda que me entró como jefe de cocina”, reconoció a El País. Y aunque sintió miedo y aprendió a los ponchazos, quién le quita lo bailado.

Por ese lugar desfilaron celebridades del rock y contó que terminó cocinando para Fito Páez, Fabiana Cantilo, Juanse y Andrés Calamaro. “En ese momento era el boliche clásico. Yo tenía toda esa responsabilidad encima. Me acuerdo que salvamos con buena nota ese primer día. Un equipo muy lindo”, dijo.

Limpió calles en Nueva York

Dice que su piel está curtida de esos fracasos que enseñan más que los éxitos. Tuvo proyectos que no prosperaron -como el restaurante Malandrino- pero siempre con la convicción de haber hecho las cosas bien. En ese camino, una figura fue clave: Luis, el padre de su hermano, fue su sostén en los momentos más duros. “Mi padre me dio la vida y él me enseñó a vivirla”, dijo en Buen Día (Canal 4). Por eso le dedicó su libro Marcelo Bornio. Sus recetas.

Vivió en Estados Unidos en uno de los momentos más difíciles del país, tras la caída de las Torres Gemelas. Allí, junto a su esposa, limpió edificios emblemáticos y estaciones de tren. “Trabajábamos 16 horas, pero había polenta”, expresó a El País. El objetivo era conocer restaurantes y ahorrar para viajar a Italia. Lo lograron y pasaron seis meses trabajando en una colonia de vacaciones jesuita cerca de Venecia. De allá trajo mucho bagaje técnico.

Descubrió su vocación en terapia

Marcelo Bornio cocinando junto a Raúl Castro en "La combi de Marcelo".
Marcelo Bornio cocinando junto a Raúl Castro en "La combi de Marcelo".
Foto: Flavio Presutti.

Si bien entre sus recuerdos atesora el “galpón de los secretos” en la casa de sus abuelos en Peñarol -lleno de frascos y recetas que despertaron su amor por la cocina-, la verdadera pasión apareció tras un test vocacional en el colegio San Javier que lo orientó hacia las relaciones públicas. Luego, en un par de sesiones de terapia, una psicóloga a quien definió como “excelente” le sugirió estudiar hotelería.

“Di una prueba de ingreso, éramos dos mil, quedé en el lugar 67 y no paré más”, relató en Vamo Arriba. La gastronomía lo llevó a recorrer el mundo, muchas veces empujado por la necesidad: “Cuando no había trabajo acá, me iba al exterior. Viví en México en tres etapas, Italia y Estados Unidos”, relató a El País.

Cumplió un sueño en Carnaval

El 2025 lo encontró cumpliendo un anhelo que sonaba a utopía: salir en Carnaval. Bornio debutó en la revista Carambola, invitado por Carlos “Bocha” Pintos, en el regreso del conjunto al Concurso Oficial tras más de una década. Su nombre se lo sugirió la esposa al Bocha, luego de verlos juntos en una nota en La combi de Marcelo, su ciclo de entrevistas en Canal 4.

Lo vivió como una experiencia gloriosa y aunque quiere revancha -incluso fue tentado por la murga Un título viejo para el 2026-, eligió frenar y prepararse mejor para volver con más herramientas. Quiere estudiar teatro por respeto a los artistas y en una nota con El País, prometió retomar sus clases de guitarra con Numa Moraes.

La fascinación de este chef por el arte no es nueva. A los 10 años recitaba textos de Les Luthiers; en el liceo ganó premios con sketches y en la adolescencia llegó a estudiar teatro en la iglesia de los mormones. Luego, la gastronomía se apoderó de su tiempo y dejó de lado su veta artística. Hoy la quiere cultivar.

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