CONDUCTOR AL LÍMITE

Kairo Herrera: "La gente todavía me pregunta por Cámara Testigo"

El conductor entre el magazine y el documental. Está al frente de La mañana en casa y Viva la tarde, y acaba de cerrar el primer exitoso ciclo de Día Cero. Esta semana regresa al teatro con nueva propuesta. "Nunca me comí la pastilla de la fama", sostiene.

Kairo presenta la nueva obra Apagón junto a Jimmy Castilhos. Estrena este jueves en Espacio Boom (Rivera 3459). Foto: Leo Mainé
Kairo presenta la nueva obra Apagón junto a Jimmy Castilhos. Estrena este jueves en Espacio Boom (Rivera 3459). Foto: Leo Mainé

Sin siquiera imaginarlo, Kairo Herrera se convirtió este año en el conductor de magazine de horario completo. A la mañana lleva las riendas de La Mañana en Casa (Canal 10) junto a María Inés Obaldía, y horas después anima Viva la tarde con Magdalena Prado en Radio Sarandí. También se dio el gusto en los últimos meses de regresar al documental, su género favorito. Lo hizo en Día Cero, un ciclo que se propuso relatar la historia de uruguayos que enfrentaron situaciones límite. Para cerrar un 2018 redondo, vuelve al teatro con un nuevo espectáculo. Kairo en todos los rubros y en todos los horarios.

—Acaba de finalizar el ciclo Día cero, un programa documental que se emitió por Canal 10. ¿Cómo te sentiste con la vuelta a este formato?

—Muy bien. El balance ha sido muy positivo. Marcó bien en audiencia y el canal y la productora Origami quedaron muy conformes con los resultados. Día cero seguiría el año próximo con el mismo sello: contar historias de uruguayos que han sido protagonistas o testigos de situaciones límite, como la caída de las Torres Gemelas o el terremoto de México, entre otras. Me dio muchas satisfacciones porque no me quiero desprender de ese perfil documentalista o testimonial en el que me forjé con Cámara testigo.

—¿Extrañabas ese rol?

—Sí. El aterrizaje en La mañana en casa fue algo nuevo para mí y para quienes estaban acostumbrados a verme en un rol determinado. En Día cero me sentí como pez en el agua.

—¿Cómo se dio tu pase de Teledoce a Canal 10?

—No pasó nada. Se levantó Cámara testigo y el canal, al parecer, no tuvo interés en mantenerme en su grilla. De mi parte, lo que yo hubiera querido hubiese sido quedarme en el canal. Estuve nueve años en esa pantalla y nunca tuve ningún problema. Pero después de presentar un proyecto empezó a pasar el tiempo, y llegó el momento en el que no quise esperar más. Luego de una entrevista mano a mano que me hizo María Inés Obaldía en La mañana en casa, la producción me consultó si me interesaba sumarme al equipo y me pareció una muy buena propuesta.

—¿Te hubiese gustado seguir con Cámara testigo o coincidiste en que era un ciclo cumplido, como se dijo en aquel momento?

—Yo hubiera seguido con Cámara testigo porque era un programa querido por la gente. Hasta el día hoy, dos años después, aún se me asocia con el programa. Por la calle me preguntan cuándo vuelve. Era un programa del pueblo, literalmente. Abordábamos un espectro temático muy amplio y me consta que lo veían de todos los estratos sociales.

—¿Y ahora te costó adaptarte al formato de magazine diario el La mañana en casa?

—Se dio un proceso natural de adaptación y hoy me siento sólido. Dentro de los tres conductores, hay un respeto no forzado del espacio y perfil de cada uno. La mezcla está buena porque somos personas muy diferentes con aspectos en común: nos gusta el arte y la cultura y estamos interesados en lo que pasa en nuestra sociedad. Además, es un formato en el que me siento cómodo. La experiencia en radio, con Viva la tarde (Radio Sarandí) tiene un parentesco. La radio te da una gimnasia de trabajo en vivo que se puede trasladar perfectamente a la TV. Hace unos años estuve tres semanas sustituyendo a (Alejandro) Figueredo en Día perfecto. Lo que a mí me rechinaba a priori era ver si podía adaptarme a los bailongos y la informalidad más corporal, digamos. Pero La mañana en casa es un programa más tranquilo y además, Petru (Valensky) en su personaje de Doris ha logrado sacar mi lado más divertido. Lo que más disfruto son las entrevistas a todo tipo de invitados: artistas, políticos, empresarios o personas que dan su testimonio sobre situaciones de vida. Aunque se trate de un tema comprometido, tenés que tener cómoda a la persona que está enfrente.

—¿Qué es lo que te gusta de hacer televisión?

—La posibilidad de comunicar y de darle voz al que no tiene. Eso es lo más lindo que tiene la televisión. Nunca me comí la pastilla de la fama, ni nada de eso. Lo tomo como un trabajo y un trabajo que me gusta.

—¿Te preocupó quedarte sin pantalla después del final de Cámara Testigo?

—No. Porque yo tenía la seguridad de que había dejado una imagen sólida. Que había hecho bien las cosas y que Cámara testigo era un producto de respeto. Tenía la certeza de que iba a volver a tener trabajo.

—Estás por estrenar la obra Apagón, junto a Jimmy Castilhos en Espacio Boom, ¿cómo te sentís con la vuelta al escenario?

—Me encanta trabajar con Jimmy porque nos conocemos mucho y nos queremos mucho. Hace más de un mes estamos ensayando la obra con la dirección y texto de Raphael Dufort. El espectáculo se inscribe en el formato de teatro ciego, totalmente a oscuras. Es una experiencia teatral y gastronómica para los sentidos, que nos tiene muy entusiasmados. Yo no soy actor pero todas las experiencias teatrales que he tenido fueron muy lindas para mí.

—Para no ser actor, estuviste en varios espectáculos...

—Con mi madre tengo una lucha porque ella me dice: "No quiero que vuelvas a decir que no sos periodista o no sos actor". En realidad, lo digo por respeto a quienes estudiaron periodismo o actuación. Trabajo de periodista o de actor, pero no lo soy. Porque no me formé para ello.

—¿Por qué te vestís de negro?, ¿es una decisión estética o una cuestión ideológica?

—Es estético. Es un producto de la década depresiva de los 80. Viene de ahí. Cuando empezó Cámara testigo, me ponían unos sacos claros y sufría enormemente. Mi forma de vestir es otra. Ahora en La mañana en casa, no siempre me visto de negro. Uso camisas a cuadras o buzos de colores. Pero el negro es una estética que adopté hace muchos años y que hoy es parte de mi marca. Cuando alguien dice Kairo Herrera, piensa en unos lentes oscuros, ceja levantada y la camiseta negra. Es el color con el que me siento cómodo. Combina con todo y tengo esa inclinación desde chico. En una carta que mandé a los reyes magos de chico pedí un caballo, un sombrero y unas botas con la aclaración de que todo fuera negro.

—¿Tu nombre verdadero es Luis Alberto de Herrera?

—Sin el "de". Mi nombre es Luis Alberto Herrera. Políticamente, me defino como un humanista. Creo en la democracia, pero no me meto en ningún corral ideológico porque a la larga o la corta, las ideologías decepcionan. Soy un libre pensador.

—¿Tenés algún parentesco con la familia Herrera blanca?

—No. La familia de mi viejo es de campaña. Se crió en la zona de campaña en Santa Clara del Olimar y luego vino con sus hermanos a estudiar a Montevideo. Tengo un tío médico, otro policía y mi padre es abogado.

—¿Cómo sos como padre?

—Me considero un padre muy cariñoso. Ahora no tanto porque Francisco cumple 11 años y la relación es diferente en la preadolescencia. También creo mucho en la disciplina. Siempre fui así. Tengo una técnica: cuando él se va de mambo, no le hablo. Se da cuenta de que hay un problema y se me acerca. Él comienza a hablar y ahí conversamos. Con mi hija no lo pude hacer porque está en Estados Unidos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)