Compañeros y habituales rivales en la opinión en Esta boca es mía (Teledoce), Fernando Marguery y Verónica Amorelli suman un segundo plato diario a la contienda de ideas en los medios. Es que desde la semana pasada hacen dupla en el programa periodístico Sin vueltas (9:00 a 11:00), que se emite por Radio Rural (AM 510) y en su versión televisiva por el canal Campo Rural TV, que va por DirecTV (canal 1195) y en cableoperadores de (al menos) 11 departamentos del país.
La periodista fue convocada por Marguery, quien está al frente del programa radial desde hace varias temporadas. Reunidos por Sábado Show, Amorelli y Marguery hablan de las coincidencias (pocas) y las diferencias (muchas). Pero en algo están de acuerdo: de los diferentes puntos de vista se aprende.
Ella se ha definido como “socialdemócrata” mientras Marguery defiende ideales “libertarios” y es un impetuoso “anticomunista”. Cuando se anunció la incorporación de Amorelli, hubo oyentes que se declararon molestos y tildaron de “zurda” a la periodista quien también trabaja en La Red.
—¿Cómo están llevando esta primera semana?
—(Amorelli) Vamos bien. La de Sin vueltas es una dinámica distinta a la de Esta boca es mía. Podemos intercambiar alguna opinión pero el formato no marca que estemos las dos horas discutiendo. Hay mucha información también.
—(Marguery) La idea de la incorporación es mostrarle a la audiencia que en muchos temas podemos tener opiniones distintas pero coexistimos. Como siempre digo, este es un foro amplio, nacional, cívico, democrático, independiente, popular, solidario, campero, urbano, liberal y republicano. Todo eso es el programa. Y dentro de ese marco, me parece un paso adelante abrir opiniones y que haya una abanico de visiones diferentes. Cuando se incorporó Verónica, hubo oyentes que se enojaron: “Te metiste la culebra dentro de la camisa”… de todo me dijeron. Y yo les respondí, a esos pocos que lo tomaron a mal, que si no están dispuestos a escuchar una opinión diferente, cambien de radio.
—Una vez que llegó el ofrecimiento, ¿qué mediste para aceptar?
—(Amorelli) Es cierto que pensé en el desafío de trabajar con un compañero con quien me he enfrentado muchas veces desde el punto de vista de la opinión, pero al mismo tiempo me preguntaba ¿por qué no? Si me están ofreciendo trabajo, libertad y respeto. Mientras esas tres condiciones se den, yo no tengo ningún problema. Al contrario: vengo feliz todas las mañanas. De todos modos, debo decir que cuando me llamó Fernando pensé que era un chiste.
—(Marguery) Como la gente sabe, yo soy muy vehemente cuando expreso mis opiniones pero al mismo tiempo también escucho y convivo con otras visiones. En concreto, yo tengo una visión que coincide en algunos aspectos con la del gobierno o con algunos integrantes de la coalición y seguramente ella tiene opiniones formadas que coinciden con algunos postulados de la izquierda. Pero lo importante es que ninguno de los dos tenemos militancia política. Somos independientes y libre pensadores. Y somos los dos profundamente demócratas. En eso coincidimos.
—Hace un tiempo dejaste de hacer entrevistas en el programa Sin vueltas. ¿Es una decisión eso?
—(Marguery) Sí. Quizás en esta nueva etapa podemos reverlo. Trabajamos esencialmente con columnistas y con algunas notas sociales. Pero entrevistar políticos o sindicalistas no me parece productivo. Dicen siempre lo mismo o mienten, hablan según su conveniencia. Disfrazan las cosas según el pelo político que tengan. Eso me enerva y en lugar de una entrevista terminamos en un enfrentamiento porque se lo tengo que decir. Si creo que me está mintiendo, lo tengo que decir. A mí me cortó el teléfono Juan Castillo, me cortó Jorge Batlle, entre otros. Por eso no hacemos más notas.
—(Amorelli) En esa política no estoy del todo de acuerdo. Porque yo creo que uno, como periodista, puede ser incisivo y con una buena pregunta y una buena argumentación con datos, puede poner al político en la situación de que aclare su punto de vista o se rectifique. Y que esa nota sea interesante para el que está escuchando.
—(Marguery) Sí, puede ser, pero en esos casos no puedo evitar levantar temperatura. Y se puede generar un momento de tensión que es noticia para los portales, pero desde el punto de vista del contenido no genera nada. Es algo que tendré que trabajar.
—En una gráfica imaginaria que mida tu vehemencia y tu nivel de reacción frente a opiniones divergentes. ¿En qué punto dirías que estás? ¿Uno alto, intermedio o bajo?
—(Marguery) Estoy un poco más tranquilo. Creo que el peor momento ya lo pasé. Estoy tratando de hacer ejercicios de relajación.
—¿Si estuvieras en un momento alto quizás no la hubiera llamado a Verónica?
—(Amorelli) Y yo tampoco hubiera venido (risas).
—(Marguery) No sé. Estoy tratando de controlar la vehemencia. Me parece que uno pierde cuando se enoja. Pierde fuerza el argumento, pierde la discusión, pierde todo.
—En Esta boca es mía tuviste cruces fuertes con invitados (Fernando Pereira, Joselo López, Felipe Schipani) y también con compañeros: le hiciste morisquetas a Valeria Ripoll, por ejemplo. ¿Te has arrepentido de alguna de esas situaciones?
—(Marguery) Arrepentido, no. Pero sí hubo casos en que me dije: “Hubiera sido mejor si no me calentaba”.
—(Amorelli) Lo que estás diciendo se parece mucho al arrepentimiento.
—(Marguery) Pero no es. Simplemente considero que de haber estado más calmo, podría haber dicho más y mejores cosas. Pero bueno, salió como salió. ¿Qué voy a hacer? Lo que pasa es que la capacidad de indignación frente a determinados discursos políticos, de todos los partidos, la tengo baja. He tenido luchas con gente de todos los partidos.
—(Amorelli) De todos modos, se confunde un poco ser vehemente con ser radical. Me parece que ninguno de los dos somos radicales… Bueno, a lo mejor vos sos un poco más radical.
—(Marguery) ¿Sabés en qué soy radical? Soy radicalmente anti comunista. El comunismo representa todo lo contrario a lo que yo pienso. Hay evidencia empírica: los países comunistas se cayeron a pedazos, entonces insistir con un modelo socialista de reparto, estatista, me parece un disparate. Los comunistas no son enemigos pero sí son adversarios, por lo tanto todo lo que digan para mí son antivalores. Lo voy a combatir y me voy a enervar.
—¿En tu caso en qué sos radical?
—(Amorelli) No soy radical pero sí puedo decir, al contrario de él, que soy antiliberal. Me parece que el liberalismo representa el eufemismo del “arréglate como puedas”. Aquello de “a mí me va mejor, por eso soy liberal”. No conozco a ninguna persona pobre que sea liberal. Entiendo que el Estado necesita una reforma pero también tiene que estar para igualar un poco más. Él no coincide, por supuesto.
—(Marguery) Yo no soy anti Estado. Soy anti este Estado: un Estado pesado, gordo, ineficiente y caro no lo quiero. Y quienes defienden este estado desde los sindicatos es el Partido Comunista. Por eso lo combato.
—(Amorelli) Yo no coincido.
—¿Básicamente no coinciden en nada?
—(Marguery) En trabajar juntos y en ser tolerantes.
—(Amorelli) Fernando, yo te he escuchado decir que este Estado es sustentado por todo el sistema político, no solo por los sindicatos. Que Uruguay tiene una concepción de Estado que en mayor o menor medida, todos los partidos defienden. Es algo que a la larga prefiero a dejar todo en manos del mercado.
—(Marguery) Una cosa es el rol social del Estado, el Mides, la asistencia y otra es Pluna, Ancap, portland, la marihuana… decenas de cosas que hace el Estado y no debería hacer.
—(Amorelli) Estoy de acuerdo en que algunas de esas cosas se deberían rever para llegar a un estado más eficiente y menos costoso para los ciudadanos.
—(Marguery) Viste que en alguna cosita estamos de acuerdo.
—Circuló en algún momento que algunos referentes de la izquierda pedían para acudir a Esta boca es mía que vos no estuvieras en el panel. ¿Te consta eso?
—(Marguery) No me consta. Cuando circuló eso, yo pregunté específicamente y se me indicó que no. No creo que sea cierto. Sería muy cobarde la persona que pusiera esa condición.
—(Amorelli) Yo te diré que algunos van preparados y disfrutan de tener un encontronazo con él.
—El caso de ustedes es una muestra de que más allá de los enfrentamientos y de algún caso puntual, hay buenos vínculos en la interna del programa…
—(Amorelli) Lo que yo siempre digo es que se puede discrepar desde las ideas siempre. El límite es meterse con la persona. Lo hemos visto en el programa: cuando vos descalificas al otro, le decís burro o cosas peores, es cuando las cosas se complican.
—(Marguery) El único elemento que para mí es determinante es la honestidad. Si vos pensás que el otro está mintiendo o disfrazando, cómo no lo vas a descalificar, le tenés que decir mentiroso. Hay muchos datos por ahí, pero hay quienes los agarran para tergiversar y eso es intolerable. Verónica, en todas las discusiones que tuvimos, siempre tuvo honestidad y eso yo lo respeto. Hubo otros panelistas que ya no están que no la tuvieron y disfrazaban la verdad. Eso me molestó mucho y se generaron algunos encontronazos fuertes.
—¿Creen en la famosa “grieta”? En tu caso, ¿tenés amigos de izquierda?
—(Marguery) A nivel político me parece que existe esa división. No sé si en la sociedad. Yo tengo otras actividades y convivo con gente de otros partidos. No hablamos de política. Tengo algunos amigos votantes del Frente y otros que no me lo dicen. Yo no puedo convivir con alguien que vote al partido comunista, porque de empezar a discutir sobre ideas seguramente no va a terminar bien la discusión. Él me expresará sus ideas y yo las despreciaré, como él despreciará las mías.
—(Amorelli) Yo no creo que haya una grieta. Me parece que hay una polarización política que se da por algo muy concreto: en el panorama política está la oposición del Frente Amplio y una gobierno ejercido por una coalición. Vamos hacia el bipartidismo, lo que genera un escenario más polarizado. En lo cotidiano creo que la idiosincrasia del uruguayo sigue siendo la de convivir a pesar de las diferencias.
—(Marguery) Como nosotros.