Redacción El País.
La modelo, comunicadora y ahora exsecretaria en Presidencia de la República, Fabiana Leis, está embarcada en un nuevo proyecto de vida en Estados Unidos. El amor la llevó a 14.000 kilómetros luego de que conociera, flechazo inmediato, al empresario oriental radicado en Ohio de nombre Gonzalo.
Se comprometieron y el año que viene será la boda. Desde hace un año están conviviendo en el país del norte y luego de una licencia extraordinaria, ella decidió presentar la renuncia a su carrera en la función pública. “En este tiempo crecí mucho profesionalmente y generé muchos vínculos, por lo que me pesó tomar la decisión”, dice en entrevista desde Estados Unidos.
También recuerda momentos desagradables cuando durante la gestión de José Mujica la amenazaron con un sumario y un funcionario de alto rango político la acosó en varias oportunidades. “No llegué a denunciarlo porque luego se calmó”, revela.
—Hace un año que te radicaste en Ohio (Estados Unidos) ¿Cómo es tu día a día allí?
—Desde que decidí emprender este nuevo camino, un camino bastante loco y diferente a lo que yo estaba acostumbrada, mi rutina es totalmente distinta. Hubo cambios a nivel laboral, de idioma, de horarios, todo un proceso que también me tiene muy entusiasmada. Hace ya un año y se me ha pasado rápido el tiempo. Retomé mis estudios de inglés, ya me había formado en Uruguay hace 20 años y no es lo mismo que practicarlo todos los días. Además, ayudo a mi pareja, Gonzalo, en su compañía de construcción y landscaping, en especial en el área administrativa y financiera: me encanta el tema de los números.
—Este nuevo proyecto de vida se fue dando naturalmente o fue más abrupto. ¿Él te lo propuso o surgió de vos?
—Fue todo muy planificado. Después de que nos conocimos, en Uruguay a través de un amigo en común en febrero del año pasado, fue un flechazo a primera vista. Nos ensamblamos súper bien enseguida y hubo tremenda química en todo sentido. Pero al poco tiempo Gonzalo se tenía que volver y ahí yo le dije: “¿Qué hacemos? ¿Seguimos como amigos?” Porque hay que ser realista: él se iba a 14.000 kilómetros de distancia. Entonces él me respondió: “Contigo, yo quiero todo o nada”. Probamos un tiempo la relación a distancia que no es fácil. No tiene que ver con la confianza, sino con la necesidad del otro. Para mí una pareja pasa por acompañarnos día a día, planificar cosas, estar en las buenas y en las malas. Si bien nos vimos bastante porque él o yo viajábamos, nos dimos cuenta que para avanzar, había que pasar al siguiente nivel. Así fue que dejé todo en Uruguay y me vine.
—Están comprometidos…
—Sí, en agosto del 2022 decidimos dar este paso. Fuimos a Argentina a visitar un amigo joyero que nos hizo los anillos. Ese anillo es un símbolo de amor y es una belleza: está de platino y tiene un brillante enorme.
—Tu nueva vida implicó que dejaras tu carrera en Presidencia, donde trabajabas como secretaria desde el año 2000. ¿Cómo fue tomar esa decisión?
—Fue difícil porque yo estaba en un sitio de privilegio, prestando funciones principalmente en el Edificio Artigas (Palacio Estévez). Aunque siempre sentí que no me iba a jubilar en Presidencia. No soy de esas personas conformistas que llegan a determinado lugar y dicen: “bueno, acá me quedo hasta la jubilación”. Soy inquieta y siempre estuve abierta a desafíos. De todos modos, en este tiempo crecí mucho profesionalmente y generé muchos vínculos, por lo que me pesó tomar la decisión. Me tomé un año de licencia sin goce de sueldo y finalizado ese plazo, presenté renuncia. En esta última etapa estaba trabajando en el programa Sembrando, que está dirigido por Lorena Ponce de León, a quien le agradezco infinitamente la confianza. Y por el respeto por mi carrera artística que llevaba en paralelo, como todo el mundo sabe que no es fácil. Trabajar en los medios con determinado perfil y trabajar en la Presidencia de la República puede ser visto como una rareza por mucha gente.
—En algún momento ese doble perfil público, ¿te generó problemas?
—Hubo un momento durante el gobierno de José Mujica que una revista internacional me hizo una nota ilustrada una foto muy provocativa con el título “la secretaria de Mujica”. Encima, pusieron una foto chiquita de él debajo en la tapa. Eso causó revuelo a nivel mundial y generó malestar en Presidencia. Me lo recriminaron pero yo nunca dije en la nota que era la secretaria de Mujica. En todo caso fue un error de la revista, del que no me podía hacer cargo. Me acuerdo que estaba yendo para el Carnaval de Melo y mi jefe de ese momento me llamó para decirme que me iniciarían un sumario. Mi respuesta fue: “Yo no estoy haciendo nada fuera de lugar. Voy a mi trabajo y lo cumplo en tiempo y forma”. Por suerte no prosperó el sumario, pero fue un momento desagradable.
—Empezaste a trabajar en la gestión de Jorge Batlle y desde entonces trabajaste con todos los presidentes. ¿Cuál te pareció el más accesible desde el punto de vista del trato cotidiano?
—Con todos compartí trabajo, pero con el que tuve trato más frecuente fue con Tabaré Vázquez. Su esposa María Auxiliadora tenía su oficina en el Palacio Estévez en el mismo piso que nosotros, entonces él iba mucho. Teníamos una muy linda relación con ella también; era de organizar comidas y actividades con los funcionarios. Era una mujer muy noble y dulce. Lo mismo me pasó con el presidente actual. Al trabajar directamente con Lorena, también lo veía mucho. A Mujica se lo veía menos pero también era cordial en el trato y muy bromista.
—¿Alguna vez viviste una situación incómoda con un alto funcionario?
—Hubo un personaje bastante desagradable. En el primer día, luego de la asunción presidencial, se presentó y me dio la tarjeta. “Llamame”, me dijo. Así empezamos. En el edificio Artigas hay un despacho que es del presidente, aunque rara vez lo usa. Pues esta persona que era cercana al mandatario de turno, venía y se instalaba allí. Me llamaba a mi interno para pedirme cosas todo el tiempo y que fuera a esa oficina. Yo planteé la situación a mi jefe inmediato y él me dijo: “No te preocupes, Fabianita, la próxima vez que te pida algo, vamos juntos”. Así fue y desde entonces esta persona se calmó. Era un personaje muy pesado, muy espeso y no solo conmigo.
—¿Pensaste en denunciarlo?
—En ese momento no estaba tan ponderado el valor de la mujer frente al acoso. Además él se calmó; no fue necesario denunciarlo. Lo hubiera hecho porque tengo personalidad fuerte y voy hasta las últimas consecuencias. Cuando surgió aquella amenaza de sumario, también manejé esta situación. “Ustedes hagan lo que quieran, pero yo viví situaciones súperincómodas con esta persona”. Digamos todo y aclaremos todo.
—O sea que aquello ocurrió también durante el gobierno de Mujica...
—Sí.
—¿El funcionario en cuestión era una persona muy mediática en aquel gobierno? ¿Número 2 o 3 de Presidencia?
—Dejémoslo así. No me interesa mencionarlo. Es una persona que desapareció, además. No se supo más nada de él. Y en Presidencia no fui la única con la que se metió.
—Es un lugar atravesado por los vaivenes políticos. ¿Cómo afecta a los funcionarios? ¿Te sentiste presionada en algún momento a la militancia?
—Lo malo de Presidencia es eso eso mismo. Cada cinco años cambia el gobierno y los que llegan miran a los funcionarios buscando cuál es su palo político. Pero yo tengo la camiseta de Presidencia y trabajo con el gobierno que sea, blanco, colorado o del Frente. Más allá de que tengo mi pensamiento político y doy mi voto, a la hora de trabajar, eso no afecta. Una vez que sale electo, el presidente representa al país entero y en mi caso, yo trabajaba para Presidencia de igual forma para todos los gobiernos. A veces les costaba más o menos, pero siempre terminaban entendiendo eso y nunca me presionaron.
—En otras oportunidad y en virtud de tu carrera artística, también tuviste la chance de dejar la Presidencia...
—Sí, tuve ofertas para trabajar en Argentina en 2014. También en Chile. En algún momento se hicieron sondeos para que fuera al Bailando, pero no eran propuestas firmes como para dejar mi carrera en la función pública.
—¿Cuáles son tus planes ahora?
—No hay fecha definida, pero se viene el casamiento el año que viene. Y la idea es tener un hijo. Me encantaría formar una familia con Gonzalo. No es que esté obsesionada con ser madre porque si no lo hubiera sido antes. Pero el concepto de familia siempre lo tuve muy en alto.