Por: Mariángel Solomita
El mundo está difícil", opina Myriam Gleijer, "por eso hay que ver cómo hacer para tener miradas".
Este 25 de febrero se repone ¿Estás ahí?, una extraña comedia que escribió el argentino Javier Daulte y que ella aceptó dirigir.
Desde que egresó en 1965 de la Escuela de Arte Escénico de El Galpón, participó en más de setentas obras, "puedo decir que trabajé prácticamente en todos los teatros del país", dice.
Esta es la primera vez que dirige para "su" institución, y "en tu casa la responsabilidad es mayor".
Entonces, así explica cómo se hace para dirigir actores, cómo se hace para hablar con el personaje: "Primero, soy yo Myriam que está estudiando un personaje que se llama Beatriz. Soy yo Myriam hurgando sobre la vida de Beatriz, haciéndome preguntas sobre lo que dice el autor pero también sobre el momento en el que vive ese autor. Soy yo Myriam preguntándome sobre Beatriz: soy mitad Myriam y mitad Beatriz, porque lo estoy interiorizando. Cuando me acerco al final del trabajo, el estado es: ¿Cómo hubiera sido Myriam si hubiera vivido la vida de Beatriz? Esto lo hace el actor y el director, es como un baile que van descifrando los dos juntos. La mejor manera de dirigir a un actor es saber la psicología de cada uno, porque un actor es una materia muy delicada que podés romper en cualquier momento."
Gleijer asegura que es actriz por lección y elección. También por eso no quiere dejar de enseñar teatro, "para los jóvenes es una lección de una mirada del mundo sobre el mundo. El teatro trata sobre las relaciones humanas, es una manera de poder entender el mundo. Ahora doy clases en San José y si bien hay mucha apetencia mis alumnos terminan el liceo y se van a estudiar a Montevideo, entonces es complicado lograr una continuidad. No me importa, es un estímulo que se da una vez por semana."
ABSURDO. La obra comienza con un actor en medio del escenario. Es un apartamento casi vacío, con cajas de mudanza sin desarmar. Hay una silla, un sillón, un teléfono y una pizarra mágica, de esas en las que se escribe y luego se borra con un sacudón. El espectador irá comprendiendo de qué se trata el comportamiento poco habitual de este hombre que habla por teléfono con su madre, su novia y cara a cara con una presencia sin cuerpo.
A ciertos rasgos insólitos que presenta la obra, Gleijer respondió con una puesta en escena sencilla, donde el absurdo funciona bien. "No es un teatro realista ni de mensaje, tiene una estética de crisis. Plantea permanentemente cuestionamientos, por ejemplo si en el egoísmo individual de cada ser humano, puede responderse si realmente da lo que exige."
"Es una obra que parece simple pero es muy compleja, te diría que en el movimiento escénico, en la relación entre los personajes que no es la natural entre dos seres humanos, yo creo que logré una estética de la comunicación diferente pero creíble. Mi desafío era cómo lograr que fuera creíble, que fuera verdadero; llegar a la verdad de ese espectáculo. Fue muy bueno cómo lo fuimos descubriendo, probando una forma y otra y eso es una forma viva, rica, estimuladora para uno, el ir descubriendo. Para montar la obra hicimos el mismo camino que hace el espectador."
Gleijer primero es actriz. Y cree que tuvo mucha suerte en su carrera, que no le permitió vivir del teatro, pero que la puso frente a directores y dramaturgos del mundo, como Atahualpa del Cioppo, David Hammond, Jorge Curi, Omar Grasso, César Campodónico, Aderbal Freire, Alberto Rivero, Manuel González Gil, María Azambuya, Mariana Percovich, Héctor Guido y Nelly Goitiño. Nelly Goitiño la dirigió en la obra que más la marcó, y aquella que en el 2001 dio el Florencio a Mejor Actriz: El sueño y la vigilia.
"Nunca puse en duda la importancia del teatro. Realmente, nunca. He pasado distintas etapas del país y siempre atada al teatro. Me siento contenida en una institución que hace una tarea muy fuerte enseñando a expresar el teatro o a gustarlo simplemente. Creo que esto contiene todas mis aspiraciones no sólo para una realización personal, sino para una tarea social".
-Eligió dirigir a un dramaturgo que curiosamente, en una entrevista reciente en la revista argentina Ñ, dijo que el teatro debe ser inútil, inservible.
-Es una forma de decir. Es un hombre que opina muy bien socialmente, pero es de una generación que quería tener libertad creadora, sin recetas ni siquiera estéticas porque Daulte piensa que las verdades en arte y en la vida no existen, sino que son todas verdades relativas, e incluso que las verdades, para alguna gente, pueden ser por intereses personales. Que las verdades son relativas y son cambiantes. En realidad la vida es cambiante. Las verdades van cambiando de acuerdo a las necesidades que tiene el hombre y el mundo.
-¿Cómo se acercó al texto?
-Quité una parte, y luego fue mi interpretación sobre el texto. Traté de seguir el espíritu de Daulte de ser totalmente libre y de no darme pautas precisas. Tomé el texto, me despertó imágenes, muchas imágenes y preguntas que me gustaron, desafíos de cosas difíciles de responder hasta a nivel técnico y me puse a improvisar con el texto, a jugar con los actores sobre situaciones paralelas muy libremente. Sin ponerme formas, el texto me iba diciendo para dónde trabajar, jugué mucho sobre lo lúdico. Trabajé mucho sobre el tema del ritmo, con música, porque el ritmo en la actuación es un tema que a mí me importa mucho, igual que la energía en la actuación. Tuve muchos desafíos técnicos sobre los personajes, que son personajes en distintos estadios vitales, que te exigía una estética de vínculo y comunicación fuera de lo común, todo eso exigió una técnica para trabajar muy estricta.
El ensayo con los actores Claudia Trecu y Marcos Zarzaj llevó dos meses.
INMORTAL. Una vez interpretó a Marlene Dietrich en los últimos años de su vida. La obra se llamó Marleni y la dirigió Mariana Percovich. Gleijer quiere trabajar con esta generación de directores. También nombra a Gabriel Calderón, a Marianela Morena, a Mario Ferreira y a Alberto Zimberg.
-Estudió arquitectura y se decidió por el teatro, ¿cómo fue?
-Mis padres eran europeos y en un pueblito de Polonia, de forma muy experimental, mi madre actuaba en teatro y mi papá llegó a dirigir. Cuando por los años `30 vinieron a este país nos fomentaron mucho el ir a escuchar música, el salir al teatro. De ahí que salió mi hermana actriz (Adela) y yo también. Las dos. Y toda nuestra familia, porque las dos nos casamos con actores, nuestros hijos están relacionados al teatro también.
En aquella obra, El sueño y la vigilia, Gleijer interpretó a una artista a punto de morir que está internada en un residencial para ancianos. Ahí también hay un viejo actor de teatro clásico al que su personaje quiere convencer de que vuelva al escenario e interprete a El Rey Lear. "El teatro es tan fugaz que si uno se queda y se come lo que aprendió para uno se borra en la nada. Hay que transmitirlo. Cuando uno actúa está la memoria presente, porque es un hecho de hoy aunque pertenezca a tu memoria. El actor hace un personaje del pasado, del presente o del futuro y siempre trae a la memoria en un hecho artístico. Es el presente presente, de alguna manera es una forma de inmortalidad."