El 1 por ciento de las canciones disponibles on line genera el 80 por ciento de los beneficios. Más del 70 por ciento de esas canciones no consigue ni un cliente
Por: Elbio Rodríguez Barilari
Hace diez años, Britney Spears, con más de 1 millón 300 mil ejemplares de su CD Oops!… I Did It Again vendidos en la primera semana, estableció un récord histórico.
El año pasado, la misma infumable cantante logró otro Número 1 en la primera semana con su CD Circus, pero la cifra fue de tan solo medio millón de unidades vendidas.
Y eso es más del doble de lo que cualquier CD logra vender normalmente en la primera semana.
Un estudio encargado por el New York Times ha mostrado que de los aproximadamente 13 millones de canciones disponibles para comprar por internet, 10 millones no consiguen ni un solo cliente.
Es más, el 80% de todas las ventas se concentra en unas 52 mil canciones por año.
O sea que menos del 1% de las canciones genera el 80% de las ganancias.
La tendencia es echarle toda la culpa al Mp3 y otras formas de bajar y compartir canciones de la internet.
Personalmente creo que también hay responsabilidad por parte de la industria, que equivocando el camino para mantener las ventas, ha rebajado el pop al nivel de jingle televisivo para niños, y eso tratando a los niños como si fueran bobos.
También el día que el DJ, Dee Jay, paso a ser más importante que el músico fue como otro clavo en el ataúd de esa industria.
La verdad es que salvo el puñado de músicos comerciales con contratos que aun son millonarios, el resto de los músicos no estamos derramando ni una lagrima por el naufragio de estos nuevos Titanics.
Ni los músicos, ni la música, le deben nada a las grandes compañías disqueras del mundo, que desde que se inventó el fonógrafo, se han estado llevando la parte del león.
Nombres que tienen el valor de marcas, han aprovechado su notoriedad para buscar otras alternativas. Paul McCartney firmó un contrato con Starbucks para vender sus CD en esa ubicua cadena de cafeterías.
Otros, como Prince y Radiohead apelan a sistemas de marketing directo usando el internet.
Incluso bandas de mediana fama, que antes recibían la mayor parte de su ingreso por concepto de venta de Cds, hoy ganan más con las giras en vivo.
Antes de una gira uno ve a los músicos de jazz, rock, jam bands o world music quemando Cds y pegando etiquetas en su propio sótano.
Es muy curioso como un acelerado salto tecnológico vuelve a poner las cosas en un nivel artesanal.
Estos Cds caseros se venden a 10 dólares, en los toques y al público le encanta comprarlos sabiendo que la plata va toda para el artista.
Si vendes 100, te hiciste una luca. Antes, a través de la compañía disquera, de la venta de 100 Cds te habrían tocado unos 2 dólares con 50.
A nivel de jazz, world music, música de cámara, tango, géneros en los que ya sabes que no vas a vender millones, ya ni tiene sentido trabajar con una disquera.
La venta directa on line, desde tu sitio web es más compleja de lo que parece. Y por eso se están armando alternativas, sitios que, a cambio de un porcentaje mínimo, te venden tu CD o DVD. En lugar de quedarse con el 95 o 98%, como las disqueras, estos te cobran un promedio de 3% de lo que vendas…
Por cierto, los tiburones de las disqueras no se van a extinguir sin dar su pelea. Y ahí vienen los juicios, ridículos. En 2006, Jammie Thomas-Rasset, como cualquiera de nosotros, descargó 24 canciones de un sitio web llamado Kazaa.
El sello Capitol, deseoso de dar un ejemplo drástico, la demando ante la justicia. En junio de este año llegó el tremebundo veredicto, condenándola a pagar 1 millón 920 mil dólares. O sea, la friolera de 80 mil dólares por canción. Por supuestos, abro comillas, DAÑOS, cierro comillas, a la disquera.
Se supone que la atribulada Jammie no va a poder pagar ni el Día del Arquero. Pero lo que la industria del disco quería era un efecto disuasivo, como las hogueras de la Inquisición para los posibles herejes.
Que en este caso, somos todos los cientos de millones que poseemos una computadora o un IPod.
barilarius@yahoo.com