Las grandes ligas fue una apuesta de megaproducción de Canal 10 (en sociedad con Ska films) en el año 2006. Estrenado para el prime time, el programa iba los martes a las 21:00 y consistía en un concurso que mezclaba entretenimientos con solidaridad.
Eran tiempos de auge de los programas españoles con juegos grandilocuentes y de riesgo como El juego de la Oca y ¿Qué apostamos? De este lado del planeta televisivo, Saeta tomó nota de esta tendencia en los espectadores y proyectó un formato con juegos arriesgados. Los competidores, a su vez, serían representantes de organizaciones benéficas.
Para la conducción de Las grandes ligas, Canal 10 pensó en una figura emergente de ese momento: El Gran Gustaf. El actor venía de un recorrido explosivo en teatro y había saltado a la fama con la publicidad de El País donde interpretaba al personaje Atilio Capanga en 2004.
Perfil aguileño y humor disruptivo fue el sello de su conducción. Estaba acompañado en la coconducción por Lucía Etchegaray, quien hasta el momento había formado parte de las propuestas de Desvelados (Saeta) y Sábados fatales (VTV).
“Soy una especie de guía que va llevando el programa de la forma más amena posible. Soy el animador y enganche de todas las situaciones que hay. La prioridad de la producción era que tuviera humor y a partir de ahí fuimos cotejando propuestas, porque a mí me gusta intervenir en eso”, explicó Gustaf en la previa del estreno de Las grandes ligas en nota con Sábado Show. El comunicador aparecía lookeado con galera, bastón y trajes de colores fuertes.
Del programa participaron 24 instituciones, que competían a un ritmo de dos por programa. Los concursantes atravesaban por difíciles pruebas físicas: estaban asegurados los resbalones y las caídas. De acuerdo a los puntajes conseguidos, la competencia avanzaba hasta llegar a la final, que era por un premio mayor de 10 mil dólares a favor de la institución.
El programa se grababa en los estudios Tajam, que se había acondicionado especialmente, con una piscina y estructuras para las pruebas aéreas.
Había tribunas para cada uno de los equipos. Si bien la apuesta era grande en términos locales, en las dimensiones y el colorido se notaban las diferencias con las referencias españolas. Era una versión a la uruguaya, low cost frente a las europeas, ajustada a presupuestos orientales, lo que seguramente terminarían influyendo en sus resultados de audiencia.
Las grandes ligas pasaron por la programación sin marcar diferencia esperada en materia de rating. Para finales de 2006 había concluido su primera y única temporada.